La demencia pugilística es una de las enfermedades neurodegenerativas más incomprendidas.
Vinculada a golpes repetidos y traumatismos en la cabeza, sus síntomas aparecen años después, cuando menos se espera.
Si te preguntas de qué tipo de lesiones estamos hablando y a quién afecta, en este artículo descubrirás qué es la demencia pugilística, cómo se manifiesta, cuáles son sus causas y factores de riesgo, y cómo afecta al cerebro y a la vida diaria de quien la padece.
También abordaremos las pruebas diagnósticas disponibles, las diferencias con otras demencias y las estrategias de tratamiento y prevención que pueden ayudar a mejorar la calidad de vida del afectado y de su familia.
Qué es la demencia pugilística
La demencia pugilística es una enfermedad neurodegenerativa que deteriora progresivamente el funcionamiento del cerebro.
La palabra "pugilística" deriva del latín pugil, que significa boxeador, porque esta condición se describió inicialmente en profesionales del boxeo que habían recibido numerosos golpes en la cabeza a lo largo de su carrera.
No es casualidad: esta patología afecta a personas que han practicado deportes de contacto como el fútbol americano, el rugby, el hockey o las artes marciales.
También se ha documentado en víctimas de violencia doméstica, personal militar expuesto a explosiones y personas que han sufrido traumatismos craneoencefálicos repetidos por otras causas.
La característica distintiva de esta demencia es que los síntomas no aparecen inmediatamente después de los golpes, sino que se desarrollan de forma progresiva durante un largo período, con una media de aparición de entre 12 y 16 años después del inicio de la exposición a los traumatismos.
Actualmente, la comunidad científica la considera una variante de la encefalopatía traumática crónica, aunque ambos términos se utilizan indistintamente en el ámbito médico.
Causas de la demencia pugilística en la tercera edad
Las causas de la demencia pugilística en la tercera edad se centran en el daño cerebral acumulativo producido por traumatismos craneoencefálicos repetidos a lo largo de la vida, si bien influyen otros factores de riesgo que también veremos.
Golpes repetidos en la juventud y su impacto años después
La demencia pugilística resulta de la acumulación de numerosos traumatismos craneoencefálicos a lo largo del tiempo.
No es necesario que estos golpes sean de gran intensidad o que provoquen pérdida de conciencia inmediata; incluso los impactos subconmocionantes (aquellos que están por debajo del umbral necesario para provocar una conmoción cerebral evidente) contribuyen al daño acumulativo.
Cada golpe en la cabeza genera cambios microscópicos en el tejido cerebral, como desgarros de vasos sanguíneos, microhemorragias y daño en los axones neuronales.
Cuando estos traumatismos se repiten sin dar tiempo suficiente a que el cerebro se recupere, se desencadena una cascada de eventos patológicos: inflamación cerebral, estrés oxidativo y acumulación de proteínas anormales, como la tau (característica del azhéimer).
Estos eventos también pueden provocar deterioro cognitivo y cambios de comportamiento años después, cuya manifestación va desde problemas de atención, hasta la pérdida de capacidad para desarrollar tareas intelectuales complejas.
Factores de riesgo adicionales
Aunque la exposición repetida a traumatismos craneoencefálicos es el factor causal principal, no todas las personas que sufren golpes repetidos en la cabeza desarrollan demencia pugilística.
Esto indica que existen otros factores que modulan el riesgo individual:
- Genéticos: la apolipoproteína E4 (APOE4) aumenta el riesgo de desarrollar demencia pugilística tras sufrir traumatismos craneoencefálicos repetidos.
- Tiempo de exposición: cuanto mayor es el tiempo de exposición a los traumatismos (una carrera deportiva larga), mayor es la probabilidad de manifestar síntomas.
- Género o sexo: aunque los datos todavía están en investigación, algunos estudios sugieren que las mujeres que han sufrido traumatismos craneoencefálicos con pérdida de conciencia tienen un mayor riesgo de demencia en comparación con los hombres en la misma situación.
- Síndrome del segundo impacto: o recibir un nuevo golpe antes de recuperarse del anterior. El daño acumulativo se potencia y el riesgo de demencia es aún más grave.
Otras condiciones médicas preexistentes, como hipertensión arterial, diabetes o enfermedades cardiovasculares, pueden interactuar con los traumatismos craneoencefálicos y aumentar el riesgo de deterioro cognitivo.
Síntomas de la demencia pugilística en la tercera edad
Los síntomas de la demencia pugilística en la tercera edad incluyen tanto alteraciones cognitivas como de conducta y personalidad, como signos motores:
Cambios cognitivos y de memoria
Los déficits cognitivos y de memoria representan el primer grupo de síntomas característicos de este tipo de demencia:
- Problemas de atención y concentración: son frecuentes y precoces. Tu familiar puede tener dificultades para mantener la atención centrada durante períodos prolongados, distraerse fácilmente o necesitar más tiempo para completar tareas que antes realizaba sin problema.
- Deterioro en las funciones ejecutivas: afecta la capacidad de planificar, organizar y tomar decisiones. Esto se manifiesta cuando la persona tiene dificultades para resolver problemas cotidianos, manejar el dinero, seguir instrucciones complejas o alternar entre diferentes tareas.
- Disminución de la velocidad de procesamiento mental: tu ser querido puede necesitar más tiempo para comprender lo que le dices, responder preguntas o reaccionar ante situaciones nuevas. Esta lentitud no refleja falta de inteligencia, sino un funcionamiento ralentizado de las conexiones cerebrales.
- Problemas de lenguaje: pueden incluir dificultades para encontrar las palabras adecuadas, articular correctamente o comprender conversaciones complejas. La disartria (dificultad para articular las palabras) es particularmente característica de esta condición.
A diferencia del envejecimiento normal, interfieren con las actividades diarias y dificultan el recuerdo y el aprendizaje.
Alteraciones de conducta y personalidad
Los cambios en la personalidad y el comportamiento suelen ser los síntomas que más preocupan a las familias, ya que el enfermo parece una persona diferente a la que era.
El tipo de actitudes que se manifiestan son:
- Apatía: la persona pierde interés en actividades que antes disfrutaba, muestra poca motivación para iniciar acciones y parece indiferente a su entorno.
- Agresividad e irritabilidad: tu ser querido puede reaccionar de forma desproporcionada ante situaciones menores, mostrar enfado con facilidad o incluso exhibir conductas agresivas, tanto verbales como físicas.
- Impulsividad: la demencia pugilística afecta la capacidad de controlar los impulsos y pensar antes de actuar. Esto puede llevar a decisiones precipitadas, comentarios inapropiados o conductas socialmente inadecuadas.
- Depresión: tu familiar puede experimentar tristeza persistente, pérdida de interés en la vida, cambios en el apetito y el sueño, y sentimientos de desesperanza. En casos graves, pueden aparecer ideas suicidas, que requieren atención inmediata.
- Delirios y tendencias paranoides: se observan en algunos casos, en los que la persona puede desarrollar creencias falsas o sospechar injustificadamente de quienes le rodean.
- Labilidad emocional: cambios bruscos de estado de ánimo en los que tu ser querido puede pasar rápidamente de la alegría al llanto sin un motivo aparente.
A este cuatro sintomático se unen los síntomas motores, que dependiendo de la persona pueden ser: parkinsonismo, rigidez muscular, lentitud de movimientos y dificultades para mantener el equilibrio al caminar. Todos ellos empeoran con el paso del tiempo.
Diagnóstico de la demencia pugilística
El diagnóstico de la demencia pugilística es complejo y no puede confirmarse de manera definitiva en vida.
Sin embargo, con las pruebas adecuadas y un buen historial clínico, los especialistas pueden realizar una aproximación que permita iniciar cuidados y tratamientos adecuados para mejorar la calidad de vida de la persona afectada.
Pruebas neurológicas y neuroimagen
Actualmente, el único diagnóstico definitivo de encefalopatía traumática crónica se realiza mediante análisis histopatológicos después del fallecimiento de la persona.
Sin embargo, los médicos utilizan diversas herramientas para aproximarse al diagnóstico clínico durante la vida del paciente:
- Historia clínica detallada: el neurólogo indaga sobre los antecedentes de traumatismos craneoencefálicos. Cuándo ocurrieron, cuántos golpes recibió, si hubo pérdida de conciencia, si practicó deportes de contacto y durante cuánto tiempo… También preguntará sobre la progresión de los síntomas cognitivos, conductuales y motrices.
- Examen neurológico: evalúa las funciones cerebrales superiores, los reflejos, la fuerza muscular, la coordinación, el equilibrio y la marcha. El médico buscará signos de parkinsonismo, ataxia (falta de coordinación) y otros síntomas motores característicos.
- Pruebas neuropsicológicas formales: constituyen el estándar clínico para evaluar la función cognitiva. Estos tests evalúan memoria, atención, lenguaje, funciones ejecutivas, velocidad de procesamiento y otras capacidades mentales. Idealmente, los resultados se comparan con evaluaciones previas del paciente, aunque si no existen, se utilizan datos normativos de la población.
- Tomografía computarizada (TAC): es la técnica de elección en la fase aguda tras un traumatismo craneoencefálico. Permite detectar rápidamente hemorragias, fracturas óseas y signos de hipertensión intracraneal. En el contexto del seguimiento a largo plazo, puede mostrar atrofia cerebral.
- Resonancia magnética (RM): más sensible que el TAC para detectar lesiones cerebrales sutiles. Ayuda a visualizar la atrofia de estructuras específicas como el hipocampo, los cambios en la sustancia blanca y las microhemorragias antiguas.
Además, los investigadores están trabajando en el desarrollo de biomarcadores que permitan diagnosticar la encefalopatía traumática crónica en vida.
Los más prometedores son los del líquido cefalorraquídeo (niveles de proteína tau y tau fosforilada) y los de sangre, así como técnicas de neuroimagen avanzadas como el PET (tomografía por emisión de positrones) que visualizan los depósitos de proteína tau en el cerebro.
Diferencias con alzhéimer y otras demencias
La demencia pugilística se distingue de otras formas de demencia por sus causas, por los procesos neuropatológicos que presentan y por el tipo de evolución temporal:
- Causas: el historial de traumatismos craneoencefálicos es el elemento diferenciador más importante de la demencia pugilística, mientras que la enfermedad de alzhéimer no tiene una causa traumática identificable.
- Procesos neuropatológicos: ambas pueden mostrar acumulación de proteína tau hiperfosforilada. Sin embargo, en la demencia pugilística, estos ovillos tienen una distribución específica, concentrándose en las profundidades de los surcos corticales alrededor de los vasos sanguíneos, mientras que en el alzhéimer se distribuyen más ampliamente por la corteza cerebral. En algunos casos de demencia pugilística también se encuentran placas de beta-amiloide (típicas del alzhéimer), pero estas son menos prominentes y aparecen en menor proporción de pacientes.
- Evolución temporal: la demencia pugilística se desarrolla típicamente años o décadas después de la exposición a los traumatismos, con un período de latencia característico. El alzhéimer, en cambio, progresa de forma más insidiosa sin un evento desencadenante claro.
La demencia con cuerpos de Lewy merece aquí una mención especial, pues comparte con la demencia pugilística la presencia de síntomas parkinsonianos y fluctuaciones cognitivas.
Sin embargo, se diferencia por las alucinaciones visuales prominentes (presentes en alrededor del 80% de los casos) y disfunción autonómica marcada, aspectos menos frecuentes en la demencia pugilística.
La demencia frontotemporal también entraría en el diagnóstico diferencial por presentar cambios conductuales prominentes, pero generalmente afecta a personas más jóvenes (entre 45 y 65 años) y tiene una distribución neuropatológica diferente.
Tratamiento y prevención de la demencia pugilística
Aunque no existe cura para la demencia pugilística, las estrategias de tratamiento y prevención permiten mejorar la calidad de vida de la persona afectada y reducir el riesgo en futuras generaciones.
Estrategias de manejo y cuidado
El tratamiento de la demencia pugilística se centra en manejar los síntomas, prevenir complicaciones y proporcionar apoyo integral a través de estrategias de manejo y cuidado como:
- Adaptación de rutinas y entorno: las rutinas diarias (horarios fijos para las comidas, el baño y el sueño) ayudan al enfermo a mantenerse orientado, mientras que un entorno organizado y libre de obstáculos favorece la orientación y aporta sensación de seguridad.
- Actividades físicas y mentales programadas: las terapias no farmacológicas, como la musicoterapia, la estimulación cognitiva, los paseos guiados, o el ejercicio suave supervisado (por ejemplo, taichí o estiramientos), despiertan emociones positivas, ayudan a conservar la movilidad y refuerzan la autoestima. Estas actividades deben adaptarse siempre al nivel de capacidad actual de la persona.
- Tratamiento farmacológico: se dirige a aliviar síntomas específicos. Para la depresión, la ansiedad y los síntomas motores, los médicos pueden prescribir antidepresivos y fármacos antiparkinsonianos. La irritabilidad y la agresividad se manejan con estabilizadores del ánimo o, en casos graves, con antipsicóticos a dosis bajas (aunque estos deben usarse con cautela por sus efectos secundarios).
- Apoyo psicológico: beneficia tanto a la persona afectada como a su familia. El asesoramiento individual y mediante grupos de apoyo ayuda a afrontar los cambios emocionales, conductuales y cognitivos.
El cuidado del cuidador no debe olvidarse. Cuidar a una persona con demencia es física y emocionalmente agotador. Busca apoyo, tómate descansos y no dudes en pedir ayuda profesional cuando la necesites.
Prevención en deportes de contacto
La prevención de los traumatismos craneoencefálicos repetidos es la estrategia más efectiva para evitar la demencia pugilística, sobre todo si se practican deportes de contacto. Para su práctica se aconseja:
- Utilizar protecciones adecuadas: cascos que reduzcan el riesgo de lesiones graves en la cabeza, aunque no eliminan completamente la probabilidad de sufrir conmociones cerebrales porque no previenen que el cerebro se golpee contra el interior del cráneo. También deben usarse protectores bucales para proteger los dientes.
- Protocolos de detección y manejo de conmociones: cuando un deportista sufre un golpe en la cabeza, debe ser evaluado inmediatamente por personal médico capacitado, de acuerdo al concepto "sospechar y proteger" promovido por la FIFA y la Organización Mundial de la Salud. Si se sospecha una conmoción cerebral, el atleta debe ser retirado del juego y no permitírsele volver hasta que un médico confirme su recuperación completa.
- Reconocimiento temprano de síntomas: permite intervenir antes de que se produzcan más daños. Los síntomas de conmoción cerebral incluyen dolor de cabeza, mareos, confusión, náuseas, visión borrosa, sensibilidad a la luz o sonidos, problemas de memoria y concentración.
Parte importante de esta prevención también es la educación de atletas, entrenadores, padres y árbitros sobre los riesgos de los traumatismos craneoencefálicos.
Deben comprender que los golpes aparentemente menores pueden tener consecuencias a largo plazo y que es fundamental respetar los tiempos de recuperación, dejando atrás la mentalidad de "aguantar el dolor" y continuar jugando a pesar de las lesiones.
Esto debe cambiar: proteger el cerebro no es signo de debilidad, sino de inteligencia y responsabilidad hacia la salud futura.
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