Neurociencia y cuidados suelen parecer dos mundos muy distintos, pero en realidad están muy unidos cuando convives con la demencia en casa.
Desde el momento en que el cerebro empieza a cambiar, también cambian la memoria, el carácter, las emociones y la forma de relacionarse de la persona a la que cuidas, y esto te afecta directamente a ti como cuidador.
Para que puedas entender todos estos cambios, en este artículo te acercamos a la disciplina que mejor los explica: la neurociencia.
Sabrás qué es, qué estudia y en qué se diferencia de la neurología; descubrirás qué áreas del cerebro participan en la memoria, la conducta o las emociones, y por qué en las demencias esas funciones se alteran.
Con toda esta información entenderás mejor cómo funciona el cerebro de tu ser querido y el sentido de ciertas conductas que, hasta ahora, te podían desconcertar.
Qué es la neurociencia
La neurociencia es la rama de la ciencia que estudia cómo funciona el sistema nervioso, desde su estructura hasta su función. Gracias a ella tenemos respuestas a cuestiones tan básicas como:
- Cómo se generan los recuerdos.
- Por qué surgen las emociones.
- Qué cambios aparecen en el cerebro en enfermedades como el alzhéimer o el parkinson.
Debido a esta amplitud de estudio, la neurociencia no se limita a la biología, sino que integra conocimientos de psicología, medicina, química, informática, matemáticas o incluso filosofía.
Qué estudia la neurociencia
La neurociencia nos ayuda a comprender qué ocurre por dentro cuando aparecen cambios de memoria, conducta o estado de ánimo en una persona con una enfermedad neurodegenerativa.
Esto es posible gracias a que estudia el sistema nervioso en varios niveles:
- Molecular y celular: analiza genes, proteínas, conexiones entre neuronas y cómo se comunican.
- Circuitos y redes: estudia cómo se organizan grupos de neuronas para controlar funciones como el movimiento, el lenguaje o la memoria.
- Cognitivo y conductual: relaciona la actividad cerebral con procesos como la atención, el razonamiento, la toma de decisiones o las emociones.
- Desarrollo y envejecimiento: observa cómo cambia el cerebro desde el embarazo hasta la vejez, y qué pasa cuando aparecen enfermedades neurológicas o psiquiátricas.
Es así como podemos entender mejor por qué una persona recuerda unas cosas y olvida otras, por qué cambia su carácter o sus emociones, o por qué se altera poco a poco su forma de ser y de relacionarse con los demás.
Diferencias entre neurología y neurociencia
Aunque se parecen y se confunden, neurología y neurociencia no son lo mismo.
La neurología es una especialidad médica, que se encarga del diagnóstico y tratamiento de enfermedades del sistema nervioso, como epilepsia, ictus, esclerosis múltiple o demencias.
La neurociencia, por su parte, es una disciplina científica más amplia. Investiga cómo funciona el sistema nervioso en condiciones normales y en enfermedad, con estudios en personas, modelos animales o simulaciones por ordenador.
En otras palabras: la neurología cuida de las personas, mientras que la neurociencia genera el conocimiento que lo hace posible.
Principales ramas de la neurociencia
Dentro de la neurociencia existen muchas especialidades, pero estas son algunas de las más relevantes para entender el cerebro y la conducta:
Neurociencia cognitiva
La neurociencia cognitiva estudia las bases cerebrales de procesos mentales complejos como la memoria, la atención, el lenguaje, la percepción o la toma de decisiones.
Es la más relevante para conocer y entender las implicaciones de las enfermedades neurodegenerativas, porque explica qué estructuras se dañan.
Para ello, se apoya en técnicas como la resonancia magnética funcional (fMRI), la tomografía por emisión de positrones (PET) o el electroencefalograma (EEG) para observar qué zonas del cerebro se activan cuando, por ejemplo, una persona recuerda una fecha, reconoce un rostro o comprende una frase.
Neurociencia conductual
La neurociencia conductual estudia la relación entre el sistema nervioso y la conducta observable: cómo se generan las acciones, los hábitos, las respuestas emocionales y los comportamientos en general.
Así, muestra que ciertas reacciones de una persona con demencia (desconfianza, agitación, apatía) no son voluntarias, sino consecuencia directa de alteraciones cerebrales.
Neurociencia molecular y celular
La neurociencia molecular y celular se centra en las neuronas y los mecanismos que permiten que se comuniquen: receptores, canales iónicos, neurotransmisores, genes implicados…
Estudia cómo se forman y refuerzan las conexiones sinápticas, base de la memoria y el aprendizaje, e identifica qué proteínas se acumulan en enfermedades neurodegenerativas (como la beta amiloide y la proteína tau en el alzhéimer) y cómo dañan las neuronas.
Neurociencia computacional
La neurociencia computacional utiliza modelos matemáticos, simulaciones y técnicas de inteligencia artificial para comprender cómo procesa la información el cerebro.
Con esto, contribuye a desarrollar sistemas de apoyo al diagnóstico y al tratamiento basados en datos, por lo que es la base de muchas herramientas actuales de análisis de imágenes cerebrales.
Neurociencia social
La neurociencia social se ocupa de las bases biológicas de la cognición y la conducta sociales: las relaciones, la empatía, la cooperación, el rechazo o el apoyo emocional.
En el cuidado de personas con demencia, esta rama constata que las relaciones de confianza y el contacto afectivo son importantísimas para mantener activos los circuitos cerebrales relacionados con el bienestar, la regulación emocional y la motivación.
Objetivos y aplicaciones de la neurociencia
La neurociencia persigue objetivos claros: entender el funcionamiento del cerebro y poner este conocimiento al servicio de la salud, la educación y otros ámbitos de la vida humana. Veremos, ahora, cuáles son algunas de sus aplicaciones prácticas concretas.
Comprender cómo funciona el cerebro
El objetivo central de la neurociencia consiste en descifrar la actividad de miles de millones de neuronas da lugar a la experiencia humana: recuerdos, emociones, decisiones y personalidad.
De esta forma, la neurociencia hace posible tener un mapa de cómo funciona el cerebro en la vida diaria y utilizarlo para elaborar estrategias para mantener el cerebro activo, sobre todo en la vejez.
Aplicaciones en salud mental y neurodegeneración
Además de su contribución para la salud cerebral, la neurociencia ha transformado la forma de entender y de tratar los trastornos psiquiátricos.
Y es que sus investigaciones han permitido identificar los circuitos cerebrales implicados en síntomas concretos (apatía, alucinaciones, ansiedad) para poder dirigir mejor los tratamientos.
En neurodegeneración, ha impulsado el desarrollo de técnicas de neuroimagen avanzadas para detectar cambios cerebrales en fases iniciales del deterioro cognitivo o para seguir la evolución de la enfermedad.
Uso en educación, psicología y desarrollo personal
La neurociencia también se aplica en educación, psicología y desarrollo personal, pues dentro de su campo de estudio se encuentra el entender cómo aprende el cerebro y qué tipos de práctica favorecen la consolidación de nuevas habilidades a cualquier edad.
En educación, esto ha permitido diseñar metodologías más eficaces, como el aprendizaje activo, la repetición espaciada o el uso de varios sentidos a la vez (imágenes, movimiento, música) para fijar mejor los contenidos.
En psicología, la neurociencia ayuda a entender mejor los mecanismos cerebrales del estrés, la ansiedad, la depresión o los trastornos del sueño, y apoya terapias que enseñan al cerebro a responder de forma diferente ante las dificultades.
En el ámbito del desarrollo personal, muchas de las propuestas de entrenamiento cognitivo, mindfulness o gestión del estrés se apoyan en los hallazgos neurocientíficos que muestran cómo la práctica constante fortalece determinadas redes cerebrales relacionadas con la atención, la calma o la empatía.
Avances recientes en neurociencia
La neurociencia ha tenido y tiene un papel clave en el desarrollo de nuevas técnicas y tecnologías tanto para la investigación como para el diagnóstico de patologías cerebrales.
Muchas de ellas ya se utilizan para evaluar, tratar y hacer seguimiento de muchos tipos de demencias, como veremos ahora.
Tecnologías de neuroimagen y su impacto en la investigación
Las técnicas de neuroimagen han cambiado por completo la forma de estudiar el cerebro. Entre las más utilizadas se encuentran:
- Resonancia magnética funcional (fMRI): muestra qué zonas cerebrales se activan durante distintas tareas o en reposo.
- Tomografía por emisión de positrones (PET): permite medir el metabolismo cerebral y detectar depósitos anómalos de proteínas asociadas a enfermedades como el alzhéimer .
- Electroencefalograma (EEG): registra la actividad eléctrica cerebral en tiempo real.
Gracias a estas herramientas, los investigadores pueden identificar nuevos patrones de actividad cerebral característicos de distintas enfermedades, a fin de hacer mucho más exacto el diagnóstico y las predicciones de evolución.
Inteligencia artificial y neurociencia
La inteligencia artificial (IA) está introduciendo innovaciones tecnológicas importantes al servicio de la neurociencia y de la salud:
- Algoritmos de IA que analizan de forma automática imágenes de resonancia magnética o tomografías computarizadas y detectan alteraciones sutiles en estadios tempranos de demencias y accidentes cerebrovasculares.
- Modelos de aprendizaje automático que integran datos genéticos, clínicos y de imagen para predecir riesgo de deterioro, clasificar subtipos de enfermedad y apoyar decisiones terapéuticas.
Además, gracias a su capacidad para analizar grandes bases de datos, la IA puede acelerar la búsqueda de fármacos para enfermedades neurodegenerativas.
Neurociencia y comportamiento humano
La neurociencia revela cómo el cerebro moldea no solo los pensamientos, sino también las decisiones diarias y las reacciones emocionales. Vamos a verlo:
Cómo el cerebro influye en la toma de decisiones
La neurociencia ha demostrado que la toma de decisiones no depende de una sola zona del cerebro, sino de diversas redes que integran la emoción, la memoria, la recompensa y el control cognitivo.
Así, en el proceso, el cerebro no solo valora beneficios y riesgos, sino también normas sociales, expectativas de los demás y recuerdos de experiencias previas.
En el cuidado, esto nos ayuda a entender por qué, a veces, una persona con demencia toma decisiones que parecen ilógicas.
Emociones y procesos cognitivos
Los estudios de neurociencia afectiva han revelado que la calidad de las relaciones sociales y el apoyo emocional influyen en la estructura y el funcionamiento del cerebro a lo largo de la vida, pues las emociones que generan facilitan el recuerdo.
Lo mismo sucede con los entornos: cuanto más calmados, previsibles y afectuosos sean, mayor bienestar generan, porque ayudan a regular los sistemas cerebrales del estrés.
Relación entre neurociencia y aprendizaje
La neurociencia del aprendizaje muestra que el cerebro adulto conserva capacidad de cambio (neuroplasticidad) a lo largo de la vida, sobre todo cuando el aprendizaje es activo, repetido y emocionalmente relevante.
Es así como, incluso en etapas de envejecimiento, es posible preservar las funciones cerebrales y ralentizar su deterioro.
De ahí la importancia de los programas de estimulación cognitiva para adultos mayores, en especial para los que padecen demencia.
Importancia de la neurociencia en la actualidad
Ante el aumento de la prevalencia de las enfermedades neurológicas, la neurociencia está cobrando especial relevancia, si bien su papel no está exento de cuestionamientos, tal y como explicamos en los siguientes apartados.
Su papel en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades
Hoy, la neurociencia se ha convertido en una pieza central del diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades neurológicas y psiquiátricas.
No solo por sus herramientas, sino por el conocimiento que aporta acerca de los mecanismos moleculares necesarios para el desarrollo de nuevos fármacos y terapias avanzadas (génicas o celulares).
Su papel, pues, no queda relegado al diagnóstico y también es esencial en el tratamiento.
Desafíos éticos y sociales de su desarrollo
El rápido avance de la neurociencia y de las neurotecnologías plantea retos éticos y sociales que organismos internacionales como la UNESCO exigen abordar:
- Privacidad mental: los datos cerebrales revelan aspectos muy íntimos (emociones, preferencias, estados de salud) que es necesario proteger para garantizar su confidencialidad.
- Autonomía y dignidad: las técnicas que modifican la actividad cerebral deben legislarse para evitar usos que vulneren la capacidad de decisión de la persona o manipulen su conducta sin consentimiento.
- Equidad en el acceso: muchas herramientas avanzadas tienen un alto coste económico y se concentran en unos pocos países o centros, por lo que la accesibilidad a nuevos tratamientos es desigual.
- Uso responsable de la IA: los algoritmos necesitan datos de calidad y supervisión humana. La ausencia de transparencia o de control puede introducir sesgos y decisiones injustas.
Ante estos riesgos, los comités de bioética y las instituciones científicas reclaman marcos legales específicos, formación ética para los equipos y participación activa de pacientes y familias en el diseño y la evaluación de estas tecnologías.