Si eres cuidador de una persona con demencia o deterioro cognitivo, probablemente te enfrentes a diario a dudas sobre cuánto puede mejorar su situación.
La neuroplasticidad nos demuestra que el cerebro no es una estructura rígida e inmutable, sino un órgano dinámico capaz de adaptarse a lo largo de toda la vida.
Por lo tanto, estimulándola puedes ayudar a tu ser querido a mantener sus capacidades más tiempo.
Si te preguntas cómo, tienes la respuesta en este artículo. En él te explicamos qué es la neuroplasticidad cerebral, cómo funciona y, lo más importante, con qué ejercicios y hábitos diarios puedes estimularla.
Qué es la neuroplasticidad
La neuroplasticidad (también conocida como plasticidad cerebral o neuronal) es la capacidad biológica del sistema nervioso para modificar su estructura y su funcionamiento en respuesta a nuevas experiencias, al aprendizaje o incluso tras sufrir un daño.
Durante mucho tiempo se creyó que el cerebro adulto era estático y que, una vez finalizado el desarrollo en la infancia, las neuronas no podían cambiar ni regenerarse.
Sin embargo, la evidencia científica actual confirma que el cerebro conserva la capacidad de crear nuevas conexiones (sinapsis) y reorganizar sus redes neuronales hasta el final de la vida.
Esto es precisamente lo que permite que podamos adquirir nuevas habilidades o compensar funciones perdidas.
Importancia de la neuroplasticidad cerebral en la vida diaria
Al contrario de lo que se suele pensar, la neuroplasticidad no es solo entra en juego durante una recuperación médica: es el motor de nuestra capacidad de adaptación en el día a día.
Así, cada vez que aprendemos una nueva ruta para ir al supermercado, recordamos el nombre de una persona nueva o cambiamos un hábito, nuestro cerebro está utilizando la neuroplasticidad.
En el contexto del cuidado, es fundamental porque mediante la estimulación adecuada es posible ralentizar el deterioro cognitivo y favorecer el bienestar emocional, tanto el tuyo como el de tu familiar.
Cómo funciona la neuroplasticidad cerebral
Entender cómo ocurre la neuroplasticidad cerebral pasa por entender los mecanismos y los procesos que tienen lugar cuando, por ejemplo, ocurre una lesión.
Si imaginamos el cerebro es como una red de carreteras, diríamos que este tiene la capacidad de trazar nuevos caminos o ensanchar aquellos secundarios que más se utilizan. Veamos cómo.
Mecanismos de adaptación neuronal
El cerebro cambia a través de procesos constantes de refuerzo y debilitamiento. Así, las neuronas que se ejercitan y se mantienen activas, fortalecen su conexión entre ellas.
Pero las que no reciben estímulo alguno acaban por perder toda comunicación con el resto, se debilitan y mueren.
De ahí que, en las enfermedades neurodegenerativas, la estimulación cognitiva sea una pieza clave de los tratamientos.
Sinapsis y formación de nuevas conexiones
La base de todo este sistema es la sinapsis, que es el punto de comunicación entre dos neuronas.
Cuando aprendemos algo nuevo, se produce lo que los científicos llaman "plasticidad sináptica": se crean nuevas conexiones e, incluso, las que ya existen se vuelven más eficientes.
Ya hay estudios que señalan que los hábitos saludables potencian la sinapsis, pues estimulan la producción del BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), que actúa como un "fertilizante" para estas conexiones.
Factores que favorecen o limitan la neuroplasticidad
La plasticidad cerebral no siempre funciona igual, y existen factores que pueden actuar como aceleradores o como frenos.
Entre los primeros está el ejercicio físico aeróbico, el sueño reparador (esencial para consolidar lo aprendido), una dieta equilibrada y, sobre todo, los entornos enriquecidos. Estos son aquellos llenos de estímulos sociales, cognitivos y emocionales.
Lo que la limita es, sin duda, el estrés crónico. Es uno de los mayores enemigos del cerebro, pues el exceso de cortisol (la hormona del estrés) puede llegar a dañar estructuras clave para la memoria como el hipocampo, además de reducir los niveles de BDNF.
Asimismo, el sedentarismo, la falta de sueño y el aislamiento social reducen la capacidad del cerebro para adaptarse.
Beneficios de la neuroplasticidad
Potenciar la capacidad plástica del cerebro tiene repercusiones directas y muy positivas en la salud y calidad de vida:
Recuperación tras lesiones cerebrales
Este es quizás el campo donde la neuroplasticidad muestra su cara más impresionante.
Tras un accidente cerebrovascular (ictus) o un traumatismo, la rehabilitación intensiva logra que el cerebro se reconfigure.
A través de la repetición de ejercicios, el cerebro puede aprender a mover un brazo paralizado usando vías neuronales alternativas.
Mejora de la memoria y el aprendizaje
Aquí, la edad no importa, porque neuroplasticidad y aprendizaje siempre van de la mano. Si desafiamos a la mente con nuevos conocimientos, la corteza cerebral se engrosa y la densidad de las conexiones mejora.
Esto se traduce en una mayor agilidad mental y más capacidad para retener información nueva.
Adaptación frente al envejecimiento y enfermedades neurodegenerativas
Para las personas mayores, y especialmente en casos de alzhéimer u otras demencias, la neuroplasticidad ayuda a construir lo que se conoce como reserva cognitiva.
Esta consiste en mantener lo más fuertes posibles las conexiones sinápticas previas a la enfermedad. Así, el cerebro podrás compensar el daño causado por la aquella y mantener la funcionalidad durante más tiempo.
Neuroplasticidad y ejercicios cerebrales
Favorecer la neuroplasticidad cerebral es cuestión de práctica y, para ello, nada mejor que hacer ejercicios que supongan un pequeño desafío para el cerebro.
A continuación, veremos algunos que puedes aplicar contigo mismo o adaptar para la persona a la que cuidas.
Ejercicios cognitivos para estimular el cerebro
Las actividades cognitivas, como los juegos, tienen el objetivo de interrumpir ese piloto automático en el que en ocasiones está sumido el cerebro. Entre las recomendadas están:
- Juegos de palabras y memoria: los crucigramas, las sopas de letras o los juegos de emparejar cartas sirven para mantener activa la memoria y la atención.
- Aprender algo nuevo: no es necesario estudiar, basta con intentar hacer una nueva receta, tararear o cantar una canción o utilizar un dispositivo nuevo.
- Lectura activa: leer estimula múltiples áreas cerebrales, desde el procesamiento visual hasta la comprensión emocional y el lenguaje.
- Cambiar las rutinas: algo tan sencillo como cepillarse los dientes con la mano no dominante o cambiar la ruta del paseo obliga al cerebro a prestar atención y crear nuevas conexiones.
En el caso específico de personas mayores con alzhéimer o demencias, funcionan muy bien los ejercicios de reminiscencia: utilizar fotografías antiguas o música de su juventud para evocar recuerdos y emociones, por ejemplo.
También son muy útiles los ejercicios sensoriales basados en el método Montessori, como clasificar objetos cotidianos (por ejemplo, separar calcetines por colores o frutas por tamaño), ya que trabajan la atención y la motricidad fina sin generar frustración.
Actividad física y su impacto en la neuroplasticidad
Se ha demostrado que el ejercicio aeróbico (como caminar a buen paso, bailar o nadar) aumenta el flujo sanguíneo al cerebro y estimula la liberación de BDNF.
Por lo tanto, moviéndonos estamos favoreciendo la creación de nuevas neuronas (neurogénesis), especialmente en el hipocampo, el área encargada de la memoria.
Para una persona mayor, son ideales las actividades suaves como estiramientos, yoga adaptado o paseos cortos diarios.
Neuroplasticidad en la salud mental
La capacidad de cambio del cerebro no solo afecta a la memoria o al movimiento, sino también en la salud mental. Y, en los adultos mayores, las emociones cobran especial relevancia.
Veamos qué relación tienen con la neuroplasticidad cerebral.
Cómo influye la ansiedad en la neuroplasticidad
La ansiedad es la desencadenante de circuitos neuronales de "miedo" y "alerta". Cuando este estado se vuelve crónico en adultos mayores, y especialmente en aquellos con demencia, el cuerpo libera un exceso de cortisol.
Esta hormona, si se mantiene elevada, puede llegar a ser tóxica para el cerebro: provoca la atrofia del hipocampo (el centro de la memoria) e impide el nacimiento de nuevas neuronas, acelerando así el deterioro cognitivo.
La buena noticia es que, gracias a la plasticidad, estos circuitos pueden modificarse. Y es que al igual que se aprende a tener miedo, el cerebro puede aprender a calmarse.
Practicar técnicas de relajación o mindfulness, por ejemplo, puede ayudar a debilitar las conexiones que disparan la ansiedad y a fortalecer las que promueven la calma.
Papel en la resiliencia y el bienestar emocional
La resiliencia, que es la capacidad para superar la adversidad, tiene una base neurobiológica.
No es solo una actitud, sino el resultado de una comunicación eficiente entre la corteza prefrontal (encargada de tomar decisiones y regular emociones), la amígdala (que procesa el miedo) y el hipocampo.
Un cerebro resiliente es aquel que ha fortalecido sus carreteras neuronales para que la parte racional pueda calmar a la emocional.
Así, un cerebro plástico es un cerebro más flexible, capaz de reinterpretar situaciones difíciles y buscar nuevas soluciones en lugar de quedarse estancado en el problema.
Fomentar la neuroplasticidad te ayuda a ti, como cuidador, a adaptarte mejor a los retos emocionales del cuidado diario. Y, a la persona que cuidas, le ayuda a reducir la agitación y el malestar ante situaciones difíciles, inesperadas o que escapan a su control.
Relación con la terapia cognitivo-conductual
Terapias como la cognitivo-conductual (TCC) se basan precisamente en la neuroplasticidad.
Al identificar pensamientos negativos y cambiarlos conscientemente por otros más realistas y funcionales, se reeduca al cerebro para que responda de forma más saludable ante el estrés o la tristeza.
Por ejemplo, muchos cuidadores o personas mayores suelen tener pensamientos automáticos como "no sirvo para nada" o "esta situación es insoportable".
La terapia te enseña a detener ese circuito neuronal y crear uno alternativo: "es una situación difícil, pero estoy haciendo lo mejor que puedo".
Al repetir este nuevo patrón de pensamiento, el cerebro debilita la vieja conexión negativa y refuerza la nueva, reduciendo también físicamente la respuesta de estrés y ansiedad.
Investigaciones y avances recientes en neuroplasticidad
Los conocimientos sobre la neuroplasticidad siguen avanzando gracias a la aparición de nuevas tecnologías que, a su vez, también están haciendo surgir nuevas aplicaciones terapéuticas.
Los estudios en neurociencia son los que están abriendo estas nuevas ventanas de esperanza para el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas, trastornos cognitivos y problemas motores causados por daños cerebrales:
Estudios en neurociencia sobre plasticidad cerebral
La plasticidad cerebral es un fenómeno cada vez más estudiado. Las últimas investigaciones se centran, sobre todo, en cómo el rejuvenecimiento celular podría restaurar la plasticidad en cerebros envejecidos.
Así, se estudia cómo ciertas proteínas pueden ayudar a las neuronas a recuperar su funcionalidad inicial, algo que en el futuro podría ser clave para tratar enfermedades como el alzhéimer.
En este sentido, destaca el trabajo realizado por el Harvard Stem Cell Institute, que está investigando cómo programar células madre para eliminar las placas de amiloide, causantes del alzhéimer.
Otros estudios recientes publicados, como el de la revista Nature en 2024, han mostrado que al intervenir sobre moléculas del sistema inmunológico, es posible restaurar la memoria perdida.
Todo esto abre una vía de esperanza a la reversión de síntomas que se creían irreversibles.
Tecnologías para medir la neuroplasticidad
Otra línea de avance interesante es la que aplica la tecnología al análisis de la neuroplasticidad cerebral.
Hoy en día, gracias a tecnologías como la Estimulación Magnética Transcraneal (TMS) combinada con encefalogramas (EEG), los investigadores pueden observar en tiempo real cómo se comunican las redes cerebrales y medir su capacidad de respuesta.
Además de estas técnicas de imagen, se están desarrollando biomarcadores en sangre que permiten detectar cambios en la plasticidad cerebral mucho antes de que aparezcan los síntomas clínicos.
Esto significa que, en el futuro, podríamos medir la salud plástica del cerebro con un simple análisis y prescribir ejercicios cognitivos específicos para reforzar las áreas que empiezan a debilitarse.
El futuro de la neuroplasticidad
El futuro de la neuroplasticidad es prometedor y muy, muy tecnológico. De hecho, ya se empieza a utilizar la Realidad Virtual (RV) en centros de día para la neurorrehabilitación.
¿Cómo? Las gafas de TV pueden transportar a una persona con movilidad reducida a una playa tranquila o a su barrio de la infancia para, así, activar recuerdos y emociones que estimulen su plasticidad cerebral.
La neurotecnología, que busca crear interfaces cerebro-máquina para recuperar funciones perdidas, también avanza.
Estas registran la actividad eléctrica del cerebro y la traducen en órdenes que un dispositivo externo entiende: así, un ordenador, una silla de ruedas o una prótesis pueden moverse solo con la intención de la persona.
En el ámbito de la rehabilitación neurológica, ya se prueban sistemas en los que una persona con parálisis practica mentalmente un movimiento mientras el exoesqueleto o la prótesis ejecutan ese gesto.
Esto refuerza las conexiones neuronales implicadas y aprovecha la neuroplasticidad para recuperar, poco a poco, parte de la función perdida.
También están en desarrollo nuevos enfoques farmacológicos, con medicamentos de última generación. Un buen ejemplo son los anticuerpos monoclonales, que no solo buscan limpiar el cerebro de proteínas dañinas, sino crear el entorno químico propicio para que la neuroplasticidad pueda volver a florecer.
El objetivo final de todas estas innovaciones es aprovechar al máximo la capacidad innata de nuestro cerebro para sanar y aprender.
Esto, sin duda, ofrece esperanza tanto a pacientes como a quienes, como tú, dedican su vida a cuidarlos.
Si quieres mantenerte al día de avances como estos, encontrarás muchos más contenidos, escritos por nuestros profesionales sanitarios, en la biblioteca de Sanitas Cuidar Bien.