Cuidar de una persona mayor significa afrontar situaciones difíciles, como una hospitalización.
Esta, a menudo conlleva que tu ser querido permanezca horas, días e incluso semanas en la misma posición: el decúbito supino.
Aunque facilita el trabajo de los profesionales sanitarios, lo cierto es que tiene consecuencias en el bienestar y la calidad de vida.
Por eso, en este artículo te hablamos en detalle de esta postura y te guiamos para que puedas prevenir sus posibles riesgos.
Conocerás sus características y cuándo la recomiendan los especialistas, descubrirás por qué afecta tanto a personas mayores y, finalmente, aprenderás las medidas preventivas que puedes aplicar.
Qué es el decúbito supino y cuándo se utiliza
El decúbito supino, también conocido como posición de boca arriba o decúbito dorsal, es aquella en la que la persona permanece completamente horizontal, con la espalda y la parte posterior de brazos y piernas apoyadas sobre la cama o superficie de apoyo.
A diferencia del decúbito prono, que se trata de la posición boca abajo con la cabeza girada a un lado, el supino distribuye el peso de manera más uniforme por la espalda mientras la persona mira hacia arriba.
Posición del cuerpo y características
La posición decúbito supino genera un patrón de apoyo muy específico en el cuerpo: los talones, la parte posterior de las pantorrillas, los glúteos, el sacro, la espalda media, los omóplatos, los codos y la parte posterior de la cabeza son las zonas que soportan todo el peso corporal.
La cabeza mantiene una posición neutra con la vista dirigida hacia el techo, los brazos descansan a los lados del cuerpo con las palmas hacia abajo, y las extremidades inferiores permanecen extendidas.
Al ser una postura muy estática, es muy beneficiosa en determinados contextos, si bien no está exenta de peligro.
Situaciones en las que se recomienda
El decúbito supino es la posición estándar en medicina porque es la que permite una mejor exploración y manipulación del paciente tanto en procesos diagnósticos como quirúrgicos.
En el contexto del cuidado de personas mayores, también es la más adecuada cuando se necesita administrar medicamentos, durante la higiene personal en determinadas zonas del cuerpo, o al realizar ciertos procedimientos sanitarios.
Por qué el decúbito supino prolongado afecta especialmente a las personas mayores
Utilizada durante periodos prolongados, esta pose puede ser problemática en personas mayores debido a ciertas condiciones propias del paso de la edad:
Fragilidad de la piel y menor irrigación
La piel de las personas mayores es especialmente vulnerable, porque los vasos sanguíneos de la dermis se vuelven más frágiles a medida que avanza el proceso de envejecimiento.
Esto significa que la sangre llega con dificultad a la superficie cutánea, dejando la piel carente de oxígeno y de nutrientes. Esto se traduce en pérdida de elasticidad.
A su vez, las glándulas sebáceas producen menos aceite protector, por lo que la piel se reseca más fácilmente.
Esta combinación de fragilidad vascular más sequedad hace a las personas mayores susceptibles de problemas dermatológicos.
El decúbito supino, que ejerce una presión sostenida que bloquea todavía más el flujo sanguíneo, puede agravarlos y ocasionar lesiones en la piel que pueden ser irreversibles.
Reducción de movilidad y sarcopenia
La inmovilidad prolongada desencadena un proceso progresivo de pérdida de masa muscularque los especialistas denominan sarcopenia.
Este no es un simple debilitamiento: es una atrofia acelerada que puede hacer que una persona pierda entre 10 y 15 por ciento de su fuerza muscular cada semana de inmovilidad.
Después de cinco semanas completamente encamado, tu ser querido habrá perdido la mitad de su fuerza muscular previa.
Aunque puede revertirse con movimiento, cuanto más tiempo pasa acostado, más difícil resulta recuperación posterior.
Problemas osteoarticulares previos
Las personas mayores que se enfrentan a un periodo de encamamiento suelen hacerlo con problemas articulares preexistentes: artrosis, artritis reumatoide, lesiones previas o degeneración discal.
El decúbito supino los agrava, puesto que las articulaciones requieren movimiento para mantener su funcionalidad; sin él, se desarrollan contracturas que limitan y empeoran el rango de movimiento.
El resultado es una rigidez articular que, si no se interviene, puede volverse permanente.
Principales riesgos del decúbito supino prolongado
La inmovilidad que conlleva el decúbito supino prolongado genera complicaciones en cadena que afectan piel, músculos, respiración y circulación:
Úlceras por presión
Las úlceras por presión, también llamadas escaras o lesiones por decúbito, son quizás la complicación más característica de la inmovilidad prolongada.
Estas úlceras se forman cuando la presión sostenida compromete el flujo sanguíneo hacia los tejidos.
El proceso es progresivo: primero aparece enrojecimiento que desaparece cuando se alivia la presión (estadio I); luego se daña la epidermis dejando una herida superficial (estadio II); posteriormente la lesión penetra capas más profundas del tejido (estadio III); finalmente, en los casos más graves, la ulceración alcanza el músculo y el hueso (estadio IV).
En posición supina, las zonas de máximo riesgo son los talones, el sacro (base de la columna), los glúteos y la parte posterior de la cabeza.
Se estima que el 95% de estas úlceras se pueden prevenir mediante cambios posturales frecuentes, cuidado meticulosos de la piel e implementación de superficies de apoyo adecuadas.
Dolor lumbar y cervical
Cuando una persona permanece completamente inmóvil durante más de cuatro días, comienza a experimentar sensación de gravedad, debilitamiento y desestabilización de la columna vertebral.
Los músculos profundos que mantienen estable la columna se atrofian, mientras que otros grupos musculares se acortan por la falta de movimiento.
Pronto aparece el dolor, que puede convertirse en persistente e incrementarse con la inmovilidad.
Las zonas que más sufren son la lumbar y la cervical, en las que se acumula una gran tensión debido a que los discos intervertebrales (que requieren movimiento para mantenerse hidratados y amortiguados), se deshidratan y se vuelven más rígidos.
La zona cervical (cuello) es más delicada si cabe, la rigidez postural puede mermar la capacidad de deglución.
Dificultades respiratorias
La posición supina altera la distribución del aire dentro de los pulmones, pues aquellas zonas hacia las que cae la gravedad reciben más aire, mientras que otras zonas tienen menor ventilación.
Esta alteración reduce la cantidad de oxígeno que entra en el torrente sanguíneo, a lo que se suma que el tórax y el diafragma no logran expandirse totalmente en posición tumbada.
Todo, hace que se reduzca la capacidad vital respiratoria, una situación que puede ser crítica en adultos mayores con afecciones pulmonares.
Riesgo de broncoaspiración
La broncoaspiración es la inhalación accidental de alimentos o líquidos hacia las vías respiratorias en lugar de hacia el esófago.
La posición supina aumenta la probabilidad de que se produzca, porque es mucho más fácil que los líquidos y alimentos retenidos en la boca desciendan hacia las vías respiratorias.
El resultado puede ser neumonía por aspiración, que es más peligrosa y más lenta de tratar que una neumonía infecciosa ordinaria, porque involucra material sólido, además de patógenos.
Rigidez muscular y pérdida de movilidad
La inmovilidad genera contracciones involuntarias y sostenidas de los músculos que generan rigidez y pérdida progresiva del rango de movimiento.
En personas mayores, esto es especialmente peligroso, porque llega un punto en que se pierde por completo la capacidad funcional.
En tan solo unos días de encamamiento, los músculos se acortan; si no hay movimiento regular, las articulaciones pierden su movilidad completa, y lo que inicialmente era una limitación funcional temporal puede convertirse en una deformidad estructural permanente.
Problemas circulatorios
La inmovilidad ralentiza la circulación sanguínea y, con ella, aumenta el riesgo de formación de coágulos.
Esto, conocido como trombosis venosa profunda, es una complicación que bien puede ser silenciosa o, al contrario, manifestarse con hinchazón, enrojecimiento y dolor en la extremidad afectada.
El riesgo es aún más alto en personas mayores, porque si un coágulo se desprende y viaja hacia los pulmones (embolia pulmonar) puede ser mortal.
Cómo prevenir las complicaciones del decúbito supino en mayores
Para mantener el bienestar de la persona mayor encamada y prevenir complicaciones propias del decúbito supino, hay algunas medidas preventivas que puedes implementar:
Cambios posturales y frecuencia recomendada
La estrategia más efectiva para prevenir complicaciones es cambiar la posición con regularidad.
La frecuencia estándar es cada 4 horas; cada 2 a 3 horas en personas con riesgo alto (aquellas con piel frágil, bajo peso o problemas nutricionales).
Lo ideal es alternar entre decúbito supino, decúbito lateral derecho (sobre el lado derecho), decúbito lateral izquierdo, y si la situación lo permite, posición semi incorporada.
Uso de almohadas, cuñas y soportes
Los llamados dispositivos de posicionamiento trabajan en conjunto con los cambios posturales. Por ejemplo:
- Una almohada adecuadamente colocada bajo la cabeza y cuello mantiene estas estructuras alineadas con la columna y alivia la tensión cervical. Asimismo, colocado
- Una cuña bajo los talones evita que estos puntos óseos de alto riesgo toquen directamente el colchón y así se descargue completamente la presión en esa zona.
- Otro tipo de soportes, como los colchones anti-escaras (cambian de presión automáticamente), son útiles para períodos de encamamiento muy prolongados.
Por el contrario, deben evitarse dispositivos tipo flotador o anillo en la zona del sacro, porque sus bordes ejercen mucha presión y siempre en los mismos puntos.
Higiene e hidratación de la piel
La piel debe revisarse diariamente en busca de signos de alarma: enrojecimiento que no desaparece tras aliviar la presión, grietas, sequedad excesiva o, por el contrario, zonas constantemente húmedas (pliegues inguinales, axilas, regiones bajo el pecho en mujeres…).
Si existe incontinencia, cambia inmediatamente los dispositivos absorbentes y protege la piel con productos barrera específicos.
Después del aseo (hecho con agua tibia y jabón neutro), es imprescindible hidratar la piel con una crema específicamente formulada para piel madura.
La falta de agua en todo el cuerpo acelera los problemas dermatológicos, por lo que debes asegurarte de que tu ser querido ingiera al menos 2 litros de líquidos diarios, salvo que existan contraindicaciones médicas específicas.
Ejercicios suaves en cama
Aunque la persona esté limitada a la cama, el ejercicio sigue siendo posible y necesario para mantener la circulación, evitar contracturas y preservar la movilidad articular.
Deben basarse en movimientos suaves que puedan repetirse varias veces al día, como:
- Flexionar y extender los dedos de manos y pies.
- Doblar las rodillas y estirar las piernas.
- Subir y bajar las punteras de los pies.
- Levantar ligeramente los glúteos de la cama.
- Mover los brazos hacia delante, hacia atrás, hacia los lados.
Tú, como cuidador, puedes ayudarle a profundizar un poco más si su movilidad se lo permite.
Tan solo tienes que mover suavemente las extremidades de la persona a través de su rango completo de movimiento, unas 2-3 veces diarias. Le ayudarás a estirar mucho más que si lo hace solo/a.
Supervisión y cuidados por parte del cuidador
Tus cuidados también son muy importantes durante el tiempo que tu familiar esté en cama.
¿Tu mejor herramienta? La observación atenta. A diario, tendrás que inspeccionar la piel en busca de lesiones, observar si hay algún cambio en la movilidad, reconocer signos de complicaciones respiratorias o circulatorias…
Tu objetivo debe ser detectar cualquier problema que pueda surgir cuando todavía es reversible.
Además, tendrás un rol muy activo en la movilización de tu ser querido, por lo que trata de aprender técnicas que protejan tu columna vertebral. Si es necesario, pide ayuda a otro cuidador.
¿Cuándo consultar con un especialista?
Como cuidador, tu observación también es importante para detectar aquellas situaciones que requieren atención médica urgente, y que no debes pasar por alto. Son:
- Signos de úlceras por presión en estadio avanzado: enrojecimiento que no desaparece tras aliviar la presión durante 30 minutos, ampollas, heridas abiertas, o cualquier úlcera que muestre signos de infección (aumento de tamaño, enrojecimiento alrededor, exudación con olor desagradable, o temperatura local elevada).
- Dificultades respiratorias nuevas o que empeoran: respiración ruidosa, sensación de ahogo, tos persistente o cambios en el color de los labios o piel (palidez o color azulado).
- Signos de coágulos sanguíneos: hinchazón unilateral en una pierna (una más hinchada que la otra), enrojecimiento, calor local o dolor intenso en la pantorrilla. Dolor en el pecho o sensación de opresión. Tos repentina o falta de aire severa.
- Deterioro funcional rápido: pérdida acelerada de capacidad de movimiento, rigidez nueva o que empeora rápidamente, o cambios en la capacidad de responder o comunicarse.
- Dolor persistente o que empeora: dolor lumbar o cervical que limita la movilidad o impide cambios posturales, así como dolor muscular generalizado.
- Fiebre: temperatura superior a 38º C y escalofríos.
Recuerda: los síntomas leves no tratados se vuelven problemas graves. Practica la vigilancia atenta y busca ayuda de los especialistas cuando sea necesario.
Además, desde Sanitas recomendamos participar en grupos de ayuda mutua, pues son espacios donde compartir y aprender estrategias con otras familias y cuidadores en situaciones similares a la tuya.