Si cuidas a una persona mayor con gonalgia en la rodilla, sabes lo frustrante que resulta ver cómo el dolor limita su día a día.
Entenderla te da el poder de actuar y, por eso, en este artículo hemos reunido toda la información que necesitas.
Descubrirás qué es exactamente la gonalgia, por qué surge con tanta frecuencia en la tercera edad, sus causas principales y cómo se diagnostica.
Además, aprenderás qué tratamientos existen para aliviar el dolor y algunas estrategias prácticas de prevención que puedes aplicar hoy mismo.
Qué es la gonalgia
El término gonalgia describe el dolor localizado en la articulación de la rodilla que, a menudo, varía en intensidad.
Así, en ocasiones se manifiesta con una molestia leve, pero otras con un dolor intenso que impide gestos tan cotidianos como bajar las escaleras, levantarse de la cama o permanecer de pie.
Este dolor puede afectar una sola rodilla (gonalgia derecha o izquierda) o ambas simultáneamente.
No se trata de una enfermedad específica, sino de un síntoma que puede tener múltiples orígenes, como veremos más adelante.
Síntomas más frecuentes en personas mayores
La gonalgia en personas mayores tiene una sintomatología muy concreta que, además, va más allá de un dolor puntual:
- Rigidez matutina: al despertar, la rodilla apenas puede doblarse, pero va adquiriendo mayor movilidad durante el día.
- Inflamación e hinchazón: común al final del día o tras una actividad intensa.
- Dolor al realizar movimientos concretos: subir escaleras, flexionar completamente la rodilla para levantarse de una silla, o simplemente caminar en terrenos irregulares puede generar muchas molestias.
- Chasquidos o crujidos: ocurren al doblar o estirar la articulación.
- Debilidad o inestabilidad: como si la rodilla fuera a ceder en cualquier momento.
Todos estos síntomas afectan a la confianza de la persona mayor al moverse, que puede empezar a limitar sus actividades diarias.
Por qué la gonalgia es tan común en la tercera edad
La gonalgia en la rodilla afecta a más del 40% de las personas mayores de 65 años en España, convirtiéndose en una de las quejas más frecuentes en la consulta del médico de familia.
Este dolor responde a un conjunto de cambios inevitables del envejecimiento que debilitan la articulación y la hacen más vulnerable, entre los que destacan:
Desgaste articular y artrosis
A medida que envejecemos, el cartílago que protege los huesos de la rodilla se desgasta, causando dolor, inflamación y rigidez.
La artrosis de rodilla es la forma más común de este desgaste, que afecta al 50% de las personas mayores de 65 años en España.
Sarcopenia y pérdida de masa muscular
Los músculos que rodean la rodilla son importantísimos porque protegen la articulación a diario. Sin embargo, a partir de los 30 años, comenzamos a perder masa muscular.
Este proceso, que recibe el nombre de sarcopenia, se acelera a partir de los 60 años. Esta pérdida provoca que la rodilla deba hacer un esfuerzo adicional y que el cartílago se desgaste antes, provocando la aparición de síntomas como la gonalgia.
Sedentarismo y hábitos de vida
Aunque parezca contradictorio, la falta de movimiento también daña las articulaciones. Y es que la inactividad genera un círculo vicioso perjudicial: sin movimiento, los músculos se debilitan; sin músculo fuerte, soportar peso se vuelve más difícil; con menor movilidad, se tiende a ser aún más sedentario.
Este patrón acelera el deterioro articular y la aparición de dolor, síntomas de gonalgia y artrosis. Por eso es tan importante que los adultos mayores también se muevan.
Lesiones acumuladas o antiguas
Las lesiones a lo largo de la vida condicionan la salud articular futura. En el caso concreto de la rodilla, las lesiones degenerativas del menisco son las más frecuentes en personas mayores de 45 años, pues con la edad envejecen y se debilitan.
Cada lesión previa acarrea alteraciones biomecánicas que van generando un desgaste desigual del cartílago, algo que explica por qué algunas personas experimentan un dolor mucho más severo que otras.
Principales causas de dolor de rodilla en personas mayores
El dolor de rodilla en la tercera edad surge de múltiples causas que, a menudo, se combinan y agravan entre sí. Aunque la artrosis lidera la lista, no es la única afección que puede desencadenarlo:
Artrosis de rodilla
La artrosis es la causa más común de gonalgia de rodilla en personas mayores, y que se caracteriza por el desgaste progresivo del cartílago articular.
A medida que el cartílago desaparece, los huesos subyacentes comienzan a friccionarse, y el cuerpo intenta reparar este daño formando nuevo hueso.
Esto crea osteofitos (pequeños espolones óseos) alrededor de la articulación que no hacen más que empeorar la situación, pues reducen el espacio articular, limitan el movimiento y generan dolor.
Bursitis y tendinitis
Alrededor de la rodilla existen pequeños sacos llenos de líquido (bursa) que reducen la fricción entre los tendones y los huesos. Cuando estos sacos se inflaman, normalmente al sufrir un golpe brusco, aparece la bursitis de rodilla.
La tendinitis, por su parte, es la inflamación de los tendones que conectan los músculos con los huesos. Se origina de manera gradual debido a movimientos repetitivos.
Ambas condiciones comparten síntomas como dolor, gonalgia e inflamación, y son muy frecuentes en personas mayores porque los tendones y las bursas se vuelven menos flexibles con la edad.
Problemas de alineación o dificultad para caminar
La forma en que caminamos puede provocar problemas de rodilla futuros. Un caso muy claro es cuando esta no está bien alineada, produciéndose el fenómeno de genu varo (rodillas hacia afuera) o genu valgo (rodillas hacia adentro).
Esta desalineación hace que la presión no se distribuya uniformemente y que ciertos puntos del cartílago hagan un sobreesfuerzo y se gasten antes.
La consecuencia es la aparición de dolores como la gonalgia al llegar a la vejez.
Sobrepeso u obesidad
La obesidad o el sobrepeso multiplica el riesgo de sufrir artrosis y/o gonalgia en la rodilla, pues cada kilogramo de peso corporal de más aumenta la carga sobre la articulación.
Pero la obesidad afecta más allá de la carga mecánica: el tejido graso produce sustancias inflamatorias que se diseminan por todo el cuerpo, incluidas las articulaciones.
Esta inflamación sistémica acelera el desgaste del cartílago y dificulta la circulación sanguínea hacia la rodilla, limitando el aporte de nutrientes necesarios para mantenerla saludable y funcional.
Cómo se diagnostica la gonalgia
El diagnóstico de la gonalgia combina historia clínica, exploración detallada y pruebas específicas:
- Entrevista: antes de explorar la articulación, el médico o especialista pedirá al paciente que describa cómo comenzó el dolor, qué lo agrava o lo mejora, cómo ha evolucionado con el tiempo…
- Exploración física: a continuación, el médico pedirá al paciente que flexione y estire la rodilla mientras observa su rango de movimiento. Luego, palpará la articulación buscando puntos sensibles, inflamación y calor. Además, evaluará la estabilidad de la rodilla, comprobando si los ligamentos están íntegros.
- Pruebas complementarias: si la exploración física sugiere una posible artrosis o lesión articular, el médico o especialista solicitará pruebas de imagen. En general, se empieza por una radiografía, suficiente para confirmar la artrosis en personas mayores.
Si la radiografía no proporciona suficiente información o se sospecha daño en estructuras blandas (ligamentos, tendones, meniscos), el especialista prescribirá una resonancia magnética.
Tratamientos para aliviar la gonalgia
Los tratamientos conservadores alivian la gonalgia en la mayoría de los casos, priorizando siempre la no invasividad. Combinan enfoques farmacológicos, rehabilitadores y de hábitos para reducir el dolor y recuperar movilidad. Veámoslos:
Fisioterapia y ejercicios de fortalecimiento
La fisioterapia es el pilar central del tratamiento para la gonalgia de rodilla. El fisioterapeuta diseña un programa específico de ejercicios para el paciente, teniendo en cuenta su edad, nivel de movilidad y las causas particulares de su dolor.
Estos ejercicios tienen como fin fortalecer los músculos que rodean la rodilla para proporcionar estabilidad a la articulación y que se reduzca la carga sobre el cartílago.
Suelen realizarse varias veces a la semana y su dificultad se va ajustando a medida que el paciente gana fuerza.
Tratamientos antiinflamatorios
Cuando el dolor es muy agudo, es necesario tomar antiinflamatorios no esteroideos (AINES) como el ibuprofeno o el naproxeno para reducir la inflamación.
Se toman siempre bajo recomendación médica debido a posibles efectos secundarios en el estómago o el riñón, y bajo previa comprobación de la salud de la persona mayor.
Técnicas de rehabilitación
Más allá de los ejercicios de fortalecimiento, existen técnicas especializadas de rehabilitación que benefician a las personas mayores con gonalgia en la rodilla:
- Movilización articular controlada: trabajo de flexibilidad y estiramientos que mantiene el rango de movimiento y previene ayuda a mejorar cómo se deslizan las superficies óseas dentro de la articulación.
- Hidroterapia o ejercicio en agua: fortalecimiento de la articulación y mantenimiento de la movilidad sin el impacto del suelo firme. El agua reduce la carga sobre la rodilla a la vez que permite el libre movimiento.
- Trabajo propioceptivo: son ejercicios que mejoran la consciencia corporal y el equilibrio para reducir el riesgo de caídas, un riesgo real en personas mayores. Entrenan al cuerpo para reaccionar ante cambios en el terreno o movimientos bruscos.
La gonalgia se opera en casos en los que, a pesar de haber seguido durante un tiempo razonable estos tratamientos, el dolor sigue siendo intenso, limita mucho la movilidad y afecta al descanso nocturno o a las actividades básicas del día a día.
Ayudas técnicas
El uso de dispositivos de apoyo, sobre todo cuando hablamos de un adulto mayor, pueden facilitar enormemente la vida diaria y acelerar la recuperación. Por ejemplo, pueden utilizarse:
- Bastones o muletas: ofrecen soporte y distribuyen el peso. Ambos deben estar correctamente ajustados a la altura de la persona para reducir la presión sobre la rodilla entre un 15-20%.
- Ortesis de rodilla: estos dispositivos de soporte están diseñados para limitar los movimientos que provocan dolor, a la vez que proporcionan estabilidad a la articulación.
- Calzado adecuado: para reducir el impacto de los pasos, deben usarse zapatos con buen soporte del arco y amortiguación suficiente en el talón. Además, lo recomendable es que un especialista en ortopedia evalúe la pisada para determinar si se necesitan plantillas que corrijan problemas de alineación en la pisada.
Cómo prevenir la gonalgia en personas mayores
La prevención de la gonalgia pasa por adoptar hábitos que protejan la articulación. Y es que, aunque algunos factores de riesgo como la edad o la genética son inevitables, las decisiones diarias pueden retrasar su aparición.
Los cambios que pueden tener un mayor impacto son:
- Peso saludable: es imprescindible llevar un peso que el cuerpo pueda soportar cómodamente. Si se padece sobrepeso, lo mejor es que un nutricionista paute un plan alimentario adaptado a la situación de la persona.
- Alimentación equilibrada: no solo ayuda con el peso, también reduce la inflamacion sistémica. Para ello, deben abundar en la dieta los alimentos ricos en omega-3 (pescados grasos, frutos secos) y las frutas y verduras de colores variados. Los alimentos ultraprocesados, el exceso de azúcar y las grasas saturadas, en cambio, promueven la inflamación. Además, es importante asegurar una buena ingesta de agua, pues el cartílago articular la necesita para mantener su elasticidad.
- Ejercicio adaptado: el movimiento moderado y consistente es suficiente para mantener las articulaciones activas. En adultos mayores, es suficiente con caminar unos 30-45 minutos varios días por semana, por terreno plano y sin cambios de elevación que añadan carga adicional a la rodilla.
- Prevención de caídas: una caída que causa lesión en la rodilla puede acelerar el desarrollo de artrosis, por lo que es imprescindible evitarlas. En el hogar, algunos cambios como mejorar la iluminación, eliminar obstáculos e instalar barras de apoyo en el baño, aumentan la seguridad de las personas mayores al desplazarse.
¿Cuándo acudir a un especialista?
No todo dolor de rodilla requiere intervención quirúrgica o tratamiento especializado inmediato, pero hay algunos signos de alerta que indican que tu ser querido podría necesitar atención médica:
- Incapacidad para soportar peso en la rodilla o sensación de que cede completamente.
- Inflamación repentina y severa, sin causa aparente, junto con calor al tacto.
- Fiebre u otros síntomas de enfermedad acompañando el dolor articular (podría indicar infección).
- Sonido audible de "crack" o "pop" en el momento de la lesión, seguido de dolor intenso.
- Cambio en el color de la piel alrededor de la rodilla (enrojecimiento, decoloración importante).
- Dolor que despierta durante la noche o dolor que empeora a pesar de la toma de antiinflamatorios y que persiste durante varios días.
Además, si la persona sufre un golpe que genera dolor intenso inmediato o si su rodilla está doblada o deformada, podría haber sufrido una lesión aguda grave. En estos casos, hay que acudir a urgencias.
Recuerda que, aunque la gonalgia afecta a millones de personas mayores, no es algo que debas aceptar como consecuencia inevitable del envejecimiento.
Con hábitos saludables y movimiento diario consistente, la persona la que cuidas puede vivir una vida activa, cómoda y sin dolores.