Hidratación en personas mayores: por qué es importante

24/02/2026
Hombre sirviéndose un vaso de agua con una jarra

En la tercera edad, el equilibrio hídrico se altera y la hidratación se convierte en una necesidad para mantener la salud.

Así, si el cuerpo no recibe agua suficiente, surgen complicaciones que pueden ser graves.

Para que puedas evitarlo, en este artículo te contamos cuánta agua necesita tu familiar mayor realmente y cómo detectar la deshidratación a tiempo.

Además, te daremos algunos consejos para fomentar el hábito de beber, y qué adaptaciones se recomiendan en el caso de patologías crónicas como diabetes o insuficiencia cardíaca.

Por qué la hidratación es clave en la tercera edad

Conforme el cuerpo envejece, la cantidad de agua corporal se reduce. En concreto, desde los 20 hasta los 80 años, las personas pierden entre cuatro y seis litros de agua corporal total.

Es así como los cambios fisiológicos y la pérdida de funcionalidad de los riñones generan un entorno perfecto para la deshidratación.

Por eso es tan importante que las personas mayores se hidraten bien, pues deben compensar esta situación, que vamos a explicar ahora.

Cambios fisiológicos del envejecimiento

En el envejecimiento, la composición corporal cambia radicalmente, y esto afecta a la hidratación: se pierde masa muscular, que retiene mucha agua, y se acumula más grasa, que la retiene mucho menos.

Los riñones también envejecen y la retención de agua se reduce, especialmente en situaciones de estrés como el calor o la enfermedad.

Junto a esto, el sistema nervioso central pierde el control del equilibrio de agua mediante la hormona antidiurética, generando una confusión en el cuerpo sobre cuándo necesita realmente hidratación.

Menor sensación de sed

Ese estado de confusión está detrás de la disminución de la sensación de sed propia de los ancianos.

El problema es que las personas confiamos en la sed como señal de que necesitamos agua, y esto es obligatorio cambiarlo en la tercera edad.

Si esa señal falla, bebemos menos, lo que aumenta el riesgo de deshidratación (mayor a partir de los 80 años).

Es por eso que los expertos en geriatría recomiendan que las personas mayores beban agua sin tener sed y como si fuera un medicamento prescrito.

Riesgos asociados a la deshidratación

La deshidratación en la tercera edad no es un problema menor, pues sus consecuencias son sistémicas (afectan a todo el organismo).

De hecho, cuando la pérdida de agua corporal alcanza entre el 15% y el 25%, hay riesgo serio de muerte debido a los daños internos que ocasiona la deshidratación, y que veremos luego.

Cuánta agua necesitan las personas mayores

La pregunta que puede que te estés haciendo es exactamente cuánta agua debe beber tu ser querido mayor. La respuesta no es única, porque depende de varios factores personales, pero existen recomendaciones basadas en evidencia científica que sirven como punto de partida.

Recomendaciones generales de ingesta diaria

Aunque se recomienda calcular la ingesta diaria que necesita cada individuo según su peso corporal, la recomendación general orientativa por género es de ≈ 2 L/día para las mujeres mayores y ≈ 2,5 L/día para los hombres mayores.

En vasos, esto son entre 4 y 6 vasos de agua diarios para una hidratación óptima, junto al 20% de la ingesta que proviene de alimentos, como frutas y verduras.

Adaptaciones según peso, actividad y clima

Ya hemos visto que el peso es fundamental para calcular las necesidades de ingesta de agua de la persona mayor. Pero esto no es lo único que influye.

Si realiza actividad física regular, cada hora de ejercicio requiere añadir aproximadamente 500 mililitros adicionales al consumo diario (aunque sea suave).

El clima donde viva también influye, pues los días calurosos incrementan las pérdidas y puede ser necesario aumentar la ingesta.

Y aunque no existe una fórmula estandarizada, suele recomendarse aumentarla en unos 300 mililitros para cada grado por encima de la temperatura normal corporal (37 grados centígrados).

Situaciones que requieren mayor hidratación

Además de los climas extremos, existen momentos específicos en que se necesita priorizar la hidratación en personas mayores: cuando hay fiebre, vómitos o diarrea, por ejemplo.

Aunque de forma general se recomienda aumentar el consumo de agua, la cantidad debe individualizarse según el perfil de cada persona, pues hay ciertas patologías y medicamentos que nos pueden modificar la cantidad a ingerir.

Señales de deshidratación en personas mayores

En las personas mayores, los síntomas de deshidratación pueden ser sutiles o confundirse con otras condiciones, pero hay algunos signos tempranos y avanzados inequívocos. Apunta:

Signos tempranos (sequedad, mareo, fatiga)

Los primeros síntomas de deshidratación aparecen cuando el cuerpo ha perdido el 2% de su agua, y son:

  • Boca seca y lengua pegajosa.
  • Menos ganas de orinar.
  • Fatiga anormal.
  • Orina oscura.
  • Mareo.

Este último se siente como una sensación leve de vértigo, sobre todo al levantarse después de estar sentado.

Signos avanzados (confusión, somnolencia, taquicardia)

Si ignoras los primeros síntomas y la deshidratación avanza, los signos se vuelven más graves y peligrosos, entre ellos:

Otros signos avanzados son la falta de sudoración incluso en ambientes calurosos, ojos hundidos y piel seca que pierde elasticidad.

Factores que dificultan la detección en mayores

La detección de deshidratación en personas mayores es más compleja que en gente joven, por varias razones.

Como ya sabemos, la sensación de sed es mucho menor, así que muchas personas mayores no buscan agua ni refieren tener sed incluso estando ya deshidratadas.​

Además, algunos de los síntomas clásicos de deshidratación se pueden confundir con otras condiciones comunes en la vejez.

La confusión mental, por ejemplo, se puede atribuir a demencia cuando en realidad es deshidratación. La fatiga, por su parte, se achaca a la edad o la depresión. El mareo puede considerarse un efecto secundario de medicamentos.

Por eso, como cuidador, necesitar estar atento/a y evaluar la deshidratación como una posible causa de cualquier cambio en el comportamiento o bienestar de la persona mayor.

Consecuencias de la deshidratación en la tercera edad

Las complicaciones de la deshidratación en personas mayores pueden ser graves, variadas y a veces irreversibles si no se tratan rápidamente. A continuación, te explicamos algunas de las más habituales.

Riesgo de caídas y lipotimias

El mareo y la debilidad muscular causados por la deshidratación crean el escenario perfecto para las caídas y las lipotimias, dos de las causas principales de lesiones graves en la tercera edad.

Con menos agua en el cuerpo, la presión arterial baja, el flujo de sangre al cerebro disminuye y se pierde el equilibrio.​

En personas mayores, estos desmayos son preocupantes, porque suelen derivar en hospitalización prolongada, con la pérdida de independencia que eso conlleva.

Infecciones urinarias y estreñimiento

La deshidratación favorece las infecciones del tracto urinario porque la orina se vuelve más concentrada, creando un ambiente donde las bacterias se multiplican fácilmente.

En la tercera edad, las infecciones no presentan los síntomas clásicos, sino cambios conductuales que se confunden con deterioro cognitivo cuando en realidad son una complicación de la deshidratación.

Otra consecuencia de la deshidratación en ancianos es el estreñimiento. Sin suficiente agua, las heces se endurecen y el movimiento intestinal se ralentiza.

Problemas cognitivos y delirium

La relación entre deshidratación y deterioro cognitivo es de lo más estrecha: cuando falta agua, el cerebro tiene dificultad para mantener su función óptima.

En casos más graves, la deshidratación provoca delirium, un síndrome muy peligroso que también se suele confundir con demencia.

Impacto en la tensión arterial y la circulación

La deshidratación disminuye peligrosamente la presión arterial, ocasionando que el flujo sanguíneo no llegue a los órganos vitales, como el cerebro y el corazón.​

Con el tiempo, una hidratación inadecuada puede contribuir al desarrollo de insuficiencia cardíaca, causar fatiga extrema y limitar la capacidad del cuerpo para realizar actividades diarias básicas.

Hidratación en mayores con patologías crónicas

Cuando existe una enfermedad crónica, la hidratación se complica porque algunas requieren consideraciones especiales, a veces contradictorias.

Aquí, resumimos las principales recomendaciones para las patologías más comunes:

Insuficiencia cardíaca

Con insuficiencia cardíaca, históricamente se ha recomendado restringir el consumo de líquidos bajo la teoría de que esto previene la acumulación de fluidos en el cuerpo.

Sin embargo, las investigaciones recientes demuestran que las restricciones estrictas no aportan beneficios y que la ingesta debe individualizarse según síntomas y estado clínico.

Enfermedad renal

Una buena hidratación preserva la función renal y evita que progrese en personas con enfermedad crónica asociada.

La recomendación general para personas con enfermedad renal es consumir entre 2.5 y 3.5 litros diarios, buscando lograr una diuresis (cantidad de orina) entre 2 y 3 litros al día.

Con estas cantidades los riñones eliminan de manera más eficiente los productos de desecho y las sustancias perjudiciales.

Diabetes

La diabetes aumenta las necesidades de hidratación debido a que, cuando el nivel de glucosa en sangre es elevado, los riñones intentan eliminar el exceso a través de la orina (que arrastra agua consigo).

Por ello, se recomienda que los mayores con diabetes ingieran al menos dos litros de agua diarios, aunque muchos expertos sugieren cantidades cercanas a tres litros.

Cómo mejorar la hidratación en personas mayores

Lograr que tu la persona que cuidas se hidrate puede no ser tarea fácil, pues ante la ausencia de sed, es posible que se niegue a ingerir líquido.

Pero hay algunas estrategias prácticas y hábitos que puedes incorporar para que beber agua sea parte natural de la rutina diaria:

Consejos prácticos para fomentar la ingesta

Aunque parezca obvio, el primer consejo que podemos dar es que el agua permanezca siempre al alcance allí donde estéis tú y tu ser querido, no en la cocina.

Mantén un vaso o una botella junto a donde pasas más tiempo: junto a la cama, junto al sillón, en la mesa de comedor.​..

Una vez se cumpla esto, intenta:

  • Establecer momentos específicos para beber: un vaso de agua con el desayuno, otro con el almuerzo, otro con la merienda, otro con la cena… Las horas de tomar medicamentos son especialmente buenas para esto.
  • No esperar a que tenga sed: anticípate. Si sabes que es un día caluroso o que va a realizar más actividad de la habitual, aumenta su ingesta de agua sin que lo pida.
  • Introducir los líquidos de forma gradual: si la persona es reacia a beber, no intentes obligarla a beber dos litros de repente. Comienza con cantidades pequeñas, ofrece la bebida que le gusta (si es saludable), y poco a poco ve aumentando. El objetivo es crear un hábito sostenible, no una batalla diaria.​

Y, aunque ya lo hemos mencionado, aumenta el consumo de agua en días con temperaturas elevadas.

Alimentos ricos en agua

Recuerda que gran parte de la ingesta de agua diaria proviene de los alimentos, así que es buena idea fomentar el consumo de los que más hidratación proveen. Son:

  • Sandía: contiene el 92% de agua y aporta vitamina C, betacarotenos y licopeno, un antioxidante que protege las células.
  • Melón: con un 90% de agua y rico en potasio, vitaminas A y C.​
  • Pepino: con un 96% de contenido hídrico y muy bajo en calorías.
  • Lechuga: tiene un 95-96% de agua y es rica en fibra.
  • Apio y calabacín: ambos con un 95% de contenido hídrico.

Otras buenas opciones son los tomates (93.6% agua), las fresas (91% agua), el brócoli (90% agua) y las acelgas (97% agua).

Bebidas que ayudan (y cuáles evitar)

Aunque el agua es la mejor opción, para hidratar a una persona mayor, no es la única. Para añadir variedad, también puedes darle:

  • Caldos no salados: hidratan y aportan minerales.
  • Infusiones frías sin azúcar: como el té verde, el té blanco o la manzanilla, que además aportar antioxidantes.​
  • Gazpacho o sopas frías: combinan agua con nutrientes y son refrescantes, especialmente en verano.
  • Leche y productos lácteos: son buenos contribuyentes a la hidratación, aunque conviene que sean desnatados para evitar exceso de grasa.​
  • Bebidas con electrolitos: contienen sodio, potasio y magnesio. Deben elegirse sin azúcar añadido.​

En cuanto a lo que es mejor evitar, están las bebidas con mucha cafeína, el alcohol y los refrescos azucarados, así como los zumos industriales y las bebidas deportivas.

Además, recuerda adaptar la vivienda para favorecer el bienestar y la cooperación de tu ser querido.

Refuerza también las visitas al médico para que este pueda descartar cualquier patología o enfermedad subyacente.

Miryam Piqueras Bravo

Miryam Piqueras Bravo

Directora de Gobierno Clínico de Sanitas Mayores.

Doctora en Medicina Familiar y Comunitaria, con más de 13 años de experiencia en atención primaria, medicina socio-sanitaria, supervisión y dirección médica.
Nº de Colegiada: 282858641.

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mujer mayor sentada en un jardín
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