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Ateroesclerosis: qué es, síntomas, riesgos y cómo prevenirla en la tercera edad

30/04/2026
Ateroesclerosis: qué es

La ateroesclerosis es una de las enfermedades cardiovasculares más frecuentes en la tercera edad.

En ella, la prevención tiene incluso más peso que en otras patologías, porque sus síntomas pueden pasar desapercibidos.

Por eso, en este artículo queremos ayudarte a conocerlos, así como sus riesgos y cómo prevenirla.

Así, podrás detectar cambios en tu ser querido a tiempo y controlar su evolución mediante buenos hábitos y seguimiento médico constante.

¿Qué es la ateroesclerosis?

La ateroesclerosis es el estrechamiento y endurecimiento de las arterias por la acumulación de placas en su pared interna.

Esas placas están formadas por colesterol, grasas, calcio, células inflamatorias y otros materiales de la sangre que reducen el paso de la sangre hacia los órganos, que reciben menor oxígeno del necesitan para funcionar correctamente.

Según la Revista Española de Cardiología, no se trata de un problema aislado del corazón, sino de una patología sistémica que puede aparecer en varias zonas del cuerpo a la vez y con distinta intensidad.

Por eso, una persona puede tener síntomas en el corazón, en el cerebro o en las piernas, según dónde se acumulen más placas.

Por qué es más frecuente en personas mayores

La edad es uno de los factores que más pesan en el desarrollo de la ateroesclerosis, porque las arterias envejecen, la pared vascular se vuelve más rígida y la capacidad para regular bien el paso de la sangre es menor.

Además, en la tercera edad suelen acumularse otros factores que aceleran el problema: hipertensión, colesterol elevado, diabetes, menos actividad física, más años de exposición al tabaco y, en muchos casos, exceso de peso abdominal. La suma de todos ellos explica por qué el riesgo de ateroesclerosis sube tanto a partir de cierta edad.

Síntomas de la ateroesclerosis

La ateroesclerosis puede avanzar durante años sin dar señales claras, así que no siempre avisa de forma temprana.

Cuando sí produce síntomas, dependen de la arteria afectada y de cuánto se ha reducido el flujo sanguíneo.

Principales síntomas de la ateroesclerosis

Los síntomas más habituales de la ateroesclerosis aparecen cuando el órgano afectado ya no recibe suficiente sangre.

En el corazón, eso suele traducirse en dolor u opresión en el pecho, cansancio con esfuerzos pequeños y sensación de falta de aire.

En otras zonas, la señal dominante es el dolor al caminar, la debilidad de un lado del cuerpo o la disminución de la sensibilidad.

También pueden aparecer mareos, visión alterada o dificultad para hablar cuando el riego al cerebro se compromete.

En algunas personas mayores, el síntoma no se describe como dolor, sino como “me noto más flojo”, “me canso enseguida” o “ya no camino igual”.

Síntomas según la zona afectada (corazón, cerebro, piernas)

Cuando la ateroesclerosis afecta a las arterias del corazón, el síntoma más típico es la angina de pecho, que se nota como presión, pesadez o ardor en el centro del tórax, sobre todo con el esfuerzo.

Ese malestar también se irradia al brazo, al cuello, a la mandíbula o a la espalda. Si una placa se rompe y tapa por completo la arteria, puede producirse un infarto, con dolor intenso, sudor frío, náuseas o sensación de desmayo.

Si afecta al cerebro, el riesgo principal es el ictus. Sus señales más claras son la dificultad para hablar, la caída de un lado de la cara, la pérdida brusca de fuerza en un brazo o una pierna y confusión súbita.

Cuando el problema está en las piernas, aparece la llamada enfermedad arterial periférica, que causa dolor al andar, sensación de pesadez, pies fríos o heridas que tardan en curar.

Señales de alerta en personas mayores

En personas mayores, la ateroesclerosis empieza con cambios pequeños: rechazo al movimiento, respiración más corta al asearse, torpeza repentina, habla arrastrada o una herida en el pie que no mejora.

En general, requiere valoración cualquier pérdida de autonomía o empeoramiento repentino, pues cuanto antes se detecte el problema, más opciones hay de frenar su avance.

Riesgo de ateroesclerosis: causas y factores que la favorecen

El riesgo de ateroesclerosis aumenta, sobre todo, debido a factores cardiovasculares: niveles altos de colesterol, tensión arterial elevada, diabetes o consumo de tabaco.

También influyen la genética, la edad y algunas enfermedades inflamatorias o metabólicas.

Por eso, aunque no todos los factores se puedan cambiar, sí existe margen para reducir el riesgo con hábitos y seguimiento médico.

Factores de riesgo modificables (alimentación, sedentarismo, tabaco)

Entre los factores que sí puedes trabajar destacan el tabaquismo, la hipertensión, la diabetes, el colesterol alto, el sedentarismo, el sobrepeso y una alimentación rica en ultra procesados, grasas trans, sal y azúcares añadidos.

De estos, hay algunos que tienen un impacto directo, como el tabaco, que daña el revestimiento interno de las arterias y acelera la formación de placa. El exceso de LDL también alimenta su crecimiento, y la diabetes favorece la aparición de problemas circulatorios.

Pero, sin duda, uno de los factores con mayor impacto es el sedentarismo, pues empeora el perfil metabólico y debilita la salud vascular.

Sin embargo, es modificable, siempre que se aborde de forma prioritaria según el perfil de cada persona para reducir el riesgo cardiovascular.

Factores no modificables (edad, genética)

La edad es uno de los principales factores no modificables, y el riesgo crece de forma clara a partir de los 60 años.

También cuentan los antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular precoz y ciertos cambios genéticos que favorecen niveles altos de colesterol o una mayor tendencia a formar placas.

Además, algunas enfermedades inflamatorias, como lupus o psoriasis, elevan el riesgo de enfermedad ateroesclerótica.

Cómo influye la edad en el desarrollo de la enfermedad

La ateroesclerosis se considera una enfermedad estrechamente ligada al envejecimiento vascular.

A medida que el cuerpo envejece, las arterias se hacen menos flexibles y responden la función peor a la presión constante de la sangre.

Esa rigidez facilita que la placa se deposite y que el flujo sanguíneo se reduzca más rápido, sobre todo si ya existen otros factores de riesgo y su carga se ha acumulado durante décadas.

No significa que sea inevitable, pero sí que exige más vigilancia en mayores de 60 años.

Cómo prevenir la ateroesclerosis en la tercera edad

La prevención de la ateroesclerosis en la tercera edad se centra en proteger las arterias con hábitos saludables, control de factores de riesgo y tratamiento personalizado según el perfil de cada persona.

En casa, la suma de pequeños gestos diarios (moverse más, comer mejor, no fumar, controlar la tensión…) es lo que ayuda a reducir el riesgo cardiovascular y mejora también la energía, la movilidad y la calidad de vida.

Hábitos saludables para cuidar las arterias

En la tercera edad, cuidar las arterias pasa por eliminar o minimizar lo máximo posible la exposición a los factores de riesgo que sí se pueden controlar.

Entre los más importantes están dejar de fumar, caminar todos los días, evitar el aislamiento y seguir las pautas médicas.

Junto a eso, mantener un peso adecuado, dormir bien y controlar la tensión arterial ayudan a proteger el sistema cardiovascular.

También es importante seguir la medicación pautada para el colesterol, la presión o la diabetes, tal y como aconsejan desde el Hospital de Bellvitge.

Alimentación recomendada para evitar la ateroesclerosis

La alimentación mediterránea es la que cuenta con mayor respaldo científico para proteger el sistema cardiovascular, porque reduce la presencia de productos ultra procesados, embutidos, bollería y exceso de sal.

En su lugar, prioriza verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos, aceite de oliva virgen extra y pescado.

Para que sea fácil de seguir, lo ideal es que los platos sean sencillos pero variados y, sobre todo, adaptados a la capacidad de deglución del anciano o adulto mayor.

Importancia del ejercicio físico en mayores

La actividad física es una de las herramientas más potentes para prevenir la enfermedad cardiovascular, ya que mejora la circulación y con ello protege las arterias.

La OMS recomienda que las personas de 65 años o más realicen al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, además de ejercicios de fuerza y, si existe riesgo de caídas, trabajo de equilibrio varios días por semana.

En el caso específico de las personas con enfermedad arterial periférica, las actividades más beneficiosa son caminar, levantarse de la silla varias veces al día y usar escaleras cuando sea seguro.

Tratamiento de la ateroesclerosis

El tratamiento de la ateroesclerosis tiene tres objetivos: frenar el avance de la placa, reducir el riesgo de trombosis y mejorar el riego de la zona afectada.

Para lograrlo, se combinan cambios en el estilo de vida, control intensivo de factores de riesgo y, cuando hace falta, fármacos o procedimientos para médicos para abrir las arterias.

La decisión depende de la localización de las placas, de la edad, de otras enfermedades y del nivel de riesgo cardiovascular de cada individuo.

Opciones médicas y farmacológicas

Las opción médicas y farmacológicas más comunes para la ateroesclerosis son las estatinas para bajar el colesterol LDL, antihipertensivos para controlar la tensión, fármacos para la diabetes y, en determinados pacientes, antiagregantes como parte de la prevención de eventos cardiovasculares.

Si la enfermedad está muy avanzada y los síntomas son graves, el equipo médico puede valorar otras técnicas quirúrgicas para abrir la arteria o restaurar el flujo sanguíneo.

En cualquier escenario, la medicación funciona mejor cuando se acompaña de hábitos saludables y seguimiento regular.

Cambios en el estilo de vida

El estilo de vida forma parte del tratamiento, no solo de la prevención, porque ciertos cambios en el estilo de vida pueden reducir la progresión de la enfermedad.

A los consejos habituales de alimentación, control de la tensión arterial, el colesterol y la glucosa, conviene sumar algunos otros:

  • Cuida el descanso nocturno: procura que duerma entre 7 y 8 horas y evita siestas largas durante el día que puedan alterar el sueño.
  • Favorece la exposición a la luz natural: salir a la calle o sentarse cerca de una ventana durante el día ayuda a regular el ritmo sueño-vigilia y mejora el estado de ánimo.
  • Evita el sedentarismo prolongado: invita a levantarse al menos cada hora, aunque sea para dar unos pasos o cambiar de postura.
  • Adapta el entorno del hogar: elimina obstáculos, mejora la iluminación y utiliza apoyos (barandillas, sillas estables) para reducir el riesgo de caídas.
  • Controla los hábitos perjudiciales: evita el consumo de alcohol y el tabaco. Ambos empeoran la masa muscular, el equilibrio y la salud general.

También conviene añadir hábitos muy concretos que a veces se olvidan, como son revisar la circulación en las piernas y el estado de los pies. También es muy importante usar calzado cómodo y no normalizar el dolor al caminar.

Seguimiento médico en personas mayores

El seguimiento médico en personas mayores con ateroesclerosis permite ajustar el tratamiento a su nivel de movilidad, sus otras enfermedades y la medicación que ya toma.

  • Revisión de la tensión arterial para detectar cifras elevadas o mal controladas.
  • Análisis de colesterol (especialmente LDL) y glucosa para valorar el riesgo cardiovascular.
  • Valoración del peso y, si procede, de la circunferencia abdominal.
  • Revisión de síntomas como dolor en el pecho, falta de aire, cansancio fuera de lo habitual o dolor en las piernas al caminar.
  • Control de la tolerancia a la medicación (estatinas, antihipertensivos o antiagregantes).
  • Comprobación de la adherencia al tratamiento, es decir, si la persona toma correctamente la medicación pautada.

En personas mayores se presta especial atención a si se cansan más al hacer tareas cotidianas, si han aparecido mareos, dolores musculares nuevos, hematomas, heridas en los pies o señales de deterioro funcional.

Cuándo acudir al médico

En un adulto mayor, los síntomas nuevos relacionados con esfuerzo, caminar o cambios neurológicos puede ser un indicativo de inicio o progresión de una enfermedad cardiovascular como la ateroesclerosis:

  • Dolor u opresión en el pecho, especialmente si aparece con el esfuerzo o dura varios minutos.
  • Falta de aire repentina o sensación de ahogo.
  • Debilidad brusca en un lado del cuerpo o dificultad para hablar.
  • Pérdida repentina de visión o alteraciones del equilibrio.
  • Dolor en las piernas al caminar que obliga a detenerse.
  • Heridas en los pies que no cicatrizan o cambios en el color o la temperatura de la piel.
  • Cansancio repentino que limita actividades habituales.

Cualquiera de estas señales requiere consulta médica inmediata.

Síntomas que requieren atención inmediata

Existen señales claras que indican una posible complicación grave de la ateroesclerosis y que requieren actuar sin demora:

  • Dolor intenso u opresión en el pecho que dura varios minutos o aparece con el esfuerzo.
  • Falta de aire repentina o dificultad para respirar sin causa aparente.
  • Sudor frío, náuseas o malestar general acompañado de dolor en el pecho.
  • Dolor que se irradia hacia el brazo, la espalda, el cuello o la mandíbula.
  • Caída de un lado de la cara o asimetría facial repentina.
  • Pérdida brusca de fuerza en un brazo o una pierna.
  • Dificultad súbita para hablar o para entender lo que le dicen.
  • Alteraciones repentinas de la visión o pérdida de equilibrio.
  • Dolor intenso en una pierna acompañado de frialdad, palidez o pérdida de sensibilidad.
  • Ausencia de pulso o cambios llamativos en el color de la piel de una extremidad.

Ante cualquiera de estos síntomas, no esperes a que desaparezcan: busca atención médica urgente, porque una intervención rápida protege los órganos vitales y mejora el pronóstico.

Revisiones recomendadas en mayores de 60 años

A partir de los 60 años, los Estándares de la Sociedad Española de Arteriosclerosis 2024 para el control global del riesgo vascular recomiendan las realizar revisiones periódicas para detectar a tiempo la ateroesclerosis:

  • Evaluación del riesgo cardiovascular global (teniendo en cuenta edad, antecedentes y factores de riesgo).
  • Analíticas periódicas para controlar colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos.
  • Control de glucosa en sangre para detectar o vigilar la diabetes.
  • Medición regular de la tensión arterial.
  • Valoración de la función renal, especialmente si hay hipertensión o diabetes.
  • Exploración física cardiovascular (auscultación, pulso arterial, circulación periférica).
  • Pruebas específicas si hay sospecha de enfermedad arterial, como el índice tobillo-brazo.
  • Ecografías o pruebas de imagen en casos indicados para valorar el estado de las arterias.
  • Revisión de antecedentes personales y familiares de enfermedad cardiovascular.

Estas revisiones no solo buscan detectar la enfermedad, sino adelantarse a ella, por lo que un seguimiento periódico bien planteado es imprescindible para proteger la salud cardiovascular en la tercera edad.

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Miryam Piqueras Bravo

Miryam Piqueras Bravo

Directora de Gobierno Clínico de Sanitas Mayores.

Doctora en Medicina Familiar y Comunitaria, con más de 13 años de experiencia en atención primaria, medicina socio-sanitaria, supervisión y dirección médica.
Nº de Colegiada: 282858641.

La información facilitada por este medio no puede, en modo alguno, sustituir a un servicio de atención médica directa, así como tampoco debe utilizarse con el fin de establecer un diagnóstico, o elegir un tratamiento en casos particulares. En este servicio no se hará ninguna recomendación, explícita o implícita, sobre fármacos, técnicas, productos, etc... que se citarán únicamente con finalidad informativa. La utilización de este servicio se lleva a cabo bajo la exclusiva responsabilidad de los usuarios.

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