Si cuidas a una persona mayor con lumbalgia crónica, sabes lo frustrante que resulta ver cómo el dolor de espalda limita su vida.
La buena noticia es que se puede mejorar, no solo con intervención médica, sino con ejercicio y buenos hábitos.
Por eso, en este contenido te explicamos las estrategias de prevención que se ha demostrado que funcionan y cómo implementarlas.
También conocerás las señales de alarma que pueden indicar un empeoramiento, y cuál es el proceso diagnóstico en consulta.
Si además quieres ahondar en las causas del temido lumbago en la tercera edad, los tipos de lumbalgia que existen y sus síntomas, estás en el lugar correcto.
Qué es la lumbalgia crónica
La lumbalgia crónica es el dolor localizado en la parte baja de la espalda que dura 12 semanas o más.
En la mayoría de casos se trata de dolor lumbar crónico inespecífico (sin una causa estructural única identificable) y hoy muchas guías lo engloban dentro de los cuadros de dolor lumbar crónico primario, donde influyen factores biológicos, psicológicos y sociales.
Esto ayuda a entender por qué el abordaje suele ser multimodal y centrado en función, no solo en “la lesión”.
En España, la lumbalgia crónica afecta a cerca del 60% de las personas con dolor persistente y la Organización Mundial de la Salud la considera una de las principales causas de limitación funcional en adultos y personas mayores.
Cómo afecta la calidad de vida
Cuando la persona mayor convive con lumbalgia crónica, actividades tan simples como levantarse de la cama, asearse o caminar por casa exigen un esfuerzo extra y generan rechazo al movimiento.
Así, empieza un círculo en el que la persona sale menos a la calle, evita visitas o renuncia a actividades que antes le gustaban por miedo a que el dolor empeore.
Esto impacta en su salud mental, exponiéndola a más episodios de ansiedad, tristeza, irritabilidad y alteraciones del sueño.
En definitiva, su calidad de vida disminuye de forma general, porque se mueve menos, pierde fuerza muscular y se siente más dependiente de los demás.
Causas de la lumbalgia crónica
Detrás de la lumbalgia persistente no siempre existe una lesión grave que origine el dolor, sino que suele tener un origen multifactorial.
En las causas de la lumbalgia crónica en mayores se mezclan cambios propios de la edad en la columna, hábitos de movimiento, enfermedades previas y factores psicológicos.
Factores musculoesqueléticos y posturales
Con los años, los músculos de la zona lumbar y abdominal pierden la estabilidad necesaria para que la espalda quede protegida de malas posturas.
Además, hay algunos hábitos posturales que influyen en la aparición del dolor de lumbago:
- Estar sentado muchas horas en sillones bajos o muy blandos, sin buen apoyo lumbar.
- Pasar mucho tiempo encorvado hacia delante, por ejemplo al comer, coser, leer, ver la televisión o usar un bastón o un andador mal regulado.
- Levantar pesos (bolsas, cubos, personas) doblando la espalda en lugar de flexionar las rodillas.
Para corregirlos, observa cómo se sienta, cómo se levanta y cómo camina la persona; si detectas alguna mala costumbre, acudid a un especialista en higiene de la postura.
Hernias, degeneración de discos y problemas articulares
Una causa importante de lumbago en la vejez son las hernias discales, así como la degeneración los discos intervertebrales, que pierden altura y flexibilidad.
La artrosis de las articulaciones facetarias o posteriores de la columna y las fracturas vertebrales por osteoporosis también pueden estar detrás del dolor lumbar.
Factores genéticos y de estilo de vida
Algunas personas muestran una mayor predisposición genética a desarrollar dolor lumbar crónico, pero hay muchos factores del estilo de vida que se asocian con mayor riesgo de padecerlo:
- Sedentarismo prolongado.
- Sobrepeso u obesidad, que aumentan la carga sobre la columna lumbar.
- Tabaquismo, que empeora la nutrición de los discos intervertebrales.
- Trabajos previos o tareas domésticas con esfuerzos repetidos.
En ancianos, las enfermedades crónicas acompañantes (diabetes, artrosis generalizada, depresión) aumentan la probabilidad de que el lumbago se mantenga en el tiempo.
Estrés y factores psicológicos asociados
Aunque a menudo olvidado, el estrés es un agravante de la lumbalgia porque aumenta la tensión muscular y la percepción de dolor.
Este puede llegar a ser tan intenso que el individuo tiende a no moverse y a evitar actividades por miedo a hacerse más daño en la espalda, entrando en un círculo dolor–inactividad–más dolor.
Tipos de lumbalgia crónica
En la práctica clínica se diferencian varios tipos de lumbalgia crónica según el origen predominante del dolor, aunque a menudo se solapan. Esta clasificación orienta las pruebas y el tratamiento.
Lumbalgia mecánica crónica
La lumbalgia mecánica crónica se relaciona sobre todo con movimientos y cargas. Suele tener estas características:
- El dolor empeora al estar mucho tiempo de pie, al andar largas distancias, al inclinarse o al levantar pesos.
- Mejora con reposo relativo, al cambiar de postura o al tumbarse en una postura cómoda.
- Aumenta al final del día, tras acumular esfuerzos, y se nota menos al empezar la jornada.
Es el tipo más frecuente y responde bien a programas de ejercicio pautados (fuerza, estiramientos, equilibrio) y fisioterapia centrada en la reeducación postural.
Lumbalgia inflamatoria crónica
La lumbalgia inflamatoria tiene un patrón distinto, en el que el dolor mejora con el movimiento y empeora en reposo.
Despierta por la noche o muy temprano, con rigidez matutina intensa de más de 30 minutos, y está asociada a enfermedades reumáticas inflamatorias (por ejemplo, espondiloartritis).
Es menos frecuente en mayores y más común antes de los 40–45 años, aunque puede persistir en la vejez.
Otras formas menos comunes
Existen otras causas menos frecuentes de lumbalgia crónica, como:
- Infecciones vertebrales.
- Tumores óseos o metastásicos.
- Fracturas vertebrales no diagnosticadas.
- Enfermedades neurológicas específicas.
Suelen sospecharse cuando el dolor es muy intenso, progresivo y no se alivia con las medidas habituales.
Síntomas de la lumbalgia crónica
El síntoma principal es de la lumbalgia permanente es el dolor en la zona lumbar, pero también es habitual la presencia de rigidez, la limitación de movimientos y otras molestias asociadas, como hormigueo.
Dolor constante vs dolor intermitente
En la lumbalgia crónica el dolor suele ser descrito como un pinchazo en la zona baja de la espalda, pero cambia de una persona a otra según como se presenta:
- Dolor constante: una molestia de fondo que nunca desaparece del todo y se intensifica en determinados momentos.
- Dolor intermitente: brotes o crisis que aparecen con cambios de actividad, esfuerzos concretos o malas posturas.
Para ayudar al médico a ajustar mejor el tratamiento, ayuda llevar un pequeño registro de las horas del día con más dolor y las actividades que empeoran o alivian la molestia.
Rigidez y limitación de movimiento
La rigidez lumbar al levantarse por la mañana o tras estar mucho rato sentado es muy común en la lumbalgia crónica, sobre todo cuando existe artrosis y debilidad muscular.
Se presenta con una sensación de espalda agarrotada, y se traduce en dificultad para agacharse a coger objetos del suelo, atarse los zapatos o ponerse calcetines y vestirse.
Síntomas asociados (hormigueo, debilidad)
El dolor de lumbago se puede acompañar de otros síntomas:
- Hormigueo o adormecimiento en una o ambas piernas.
- Debilidad para levantar el pie o la pierna.
- Sensación de inestabilidad al caminar, tropiezos frecuentes.
- Dolor que baja desde la espalda hacia el glúteo y la parte posterior de la pierna (tipo ciática).
Suelen ser signo de algún tipo de irritación o compresión de las raíces nerviosas y requieren valoración médica.
Diagnóstico de la lumbalgia crónica
El diagnóstico se basa principalmente en la historia clínica y la exploración física.
Las pruebas de imagen (radiografía/RMN) se reservan para casos con señales de alarma o cuando el resultado vaya a cambiar el tratamiento (por ejemplo, sospecha de fractura, infección, tumor o compresión neurológica significativa)
Evaluación médica y exploración física
En consulta, el médico suele preguntar cuándo empezó el dolor, cómo ha cambiado con el tiempo y en qué momentos del día y actividad se nota más para detectar un patrón y asociarlo a un tipo de lumbalgia u otra.
Toda esta parte de historia clínica se completará con una exploración física para comprobar la alineación de la columna, el rango de movilidad de la espalda y el nivel de fuerza y sensibilidad de las piernas.
Pruebas de imagen recomendadas (RMN, radiografía)
Las radiografías o resonancias magnéticas no se realizan de forma rutinaria, puesto que el diagnóstico de lumbalgia suele ser bastante claro.
Se utilizan cuando existen signos de alarma (fiebre, antecedentes de cáncer, traumatismo, pérdida de fuerza, alteración de esfínteres...) o se sospecha de fractura vertebral o hernia discal.
En ancianos, para confirmar una deformidad importante o la artrosis avanzada.
Cuándo derivar a un especialista
El médico de familia o el geriatra derivan a traumatología, reumatología, neurología o unidades especializadas de dolor cuando se sospechan enfermedades inflamatorias, tumorales, infecciosas o fracturas complejas.
También cuando el dolor no responde a las medidas de primera línea y limita de forma importante la autonomía.
Tratamiento de la lumbalgia crónica
El tratamiento más eficaz para la lumbalgia suele combinar varias estrategias adaptadas a la persona mayor y a su grado de dependencia.
Fisioterapia y ejercicios recomendados
Los programas que combinan fisioterapia con ejercicio específico consiguen reducir el dolor y mejorar la función en la lumbalgia crónica, siempre que incluyan:
- Ejercicios de fortalecimiento de musculatura lumbar, abdominal y glútea.
- Estiramientos suaves de la musculatura de la espalda, caderas e isquiotibiales.
- Trabajo de equilibrio y coordinación para prevenir caídas.
- Ejercicios de control postural y educación sobre la espalda neutra.
En función de la movilidad del mayor, también incluyen entrenamiento específico para realizar las actividades del día a día.
Medicación y analgésicos
Los analgésicos son un alivio temporal del dolor y facilitan el movimiento, pero no sustituyen al tratamiento activo.
En personas mayores pueden tener efectos adversos (somnolencia, mareo, caídas, interacciones) por lo que se utilizan a la menor dosis eficaz y el menor tiempo posible bajo supervisión médica.
Cambios en hábitos posturales y estilo de vida
La educación postural y los cambios en el estilo de vida también forma parte del tratamiento, ya que el objetivo es facilitar la vida diaria del adulto mayor.
Este recibe educación sobre cómo levantarse de la cama, cómo coger objetos del suelo, cómo sentarse correctamente para no doblar la espalda y qué posturas es mejor no mantener mucho tiempo.
Además, a cuidadores y familiares se les recomienda algunas adaptaciones en el hogar, como veremos luego.
Prevención de la lumbalgia crónica
Para prevenir que la lumbalgia se vuelva crónica, lo importante es mantenerse activo y evitar el reposo prolongado.
Cuando el dolor ya limita la vida diaria se recomienda un enfoque multicomponente de educación postural, ejercicio progresivo, y apoyo psicológico mediante terapias cognitivo-conductuales si hay miedo al movimiento, ansiedad o bajo ánimo.
H3: Ejercicios de fortalecimiento y estiramiento
Los programas de ejercicio terapéutico disminuyen la intensidad del dolor lumbar. Para mayores, suelen recomendarse:
- Paseos diarios adaptados a su capacidad, con pausas frecuentes.
- Ejercicios de fuerza con bandas elásticas o peso ligero, supervisados por profesionales.
- Ejercicios en el agua (aquagym, natación suave) cuando sea posible, por la menor carga sobre las articulaciones.
- Estiramientos simples al levantarse y antes de acostarse.
Puedes pedir a un fisioterapeuta geriátrico una tabla de ejercicios sencilla para que tu familiar los haga en casa.
Ergonomía en el trabajo y el hogar
La ergonomía consiste en adaptar el entorno y la forma de hacer las tareas al cuerpo. En el caso de una persona mayor que está en casa, las principales medidas serían:
- Regular la altura de la cama.
- Usar sillas con respaldo y apoyabrazos para facilitar sentarse y levantarse.
- Colocar barandillas y asideros en puntos clave (baño, pasillos, entrada).
- Organizar la casa para que los objetos de uso diario estén a una altura cómoda, sin necesidad de agacharse ni subir a taburetes.
Trata de que tu mayor utilice las ayudas técnicas (andadores, sillas de ruedas, tablas de transferencia) que el profesional de la salud le haya indicado.
Hábitos saludables que reducen el riesgo
Estos hábitos saludables protegen la espalda y, a la vez, mejoran la salud global:
- Actividad física regular, adaptada a la edad y la condición.
- Alimentación equilibrada, rica en proteínas y calcio, para cuidar la masa muscular y ósea.
- Hidratación adecuada, sin esperar a tener sed.
- Sueño de calidad, con rutinas regulares de descanso.
- Evitar el tabaco y el alcohol.
Además, cuidar la salud emocional, mantener vínculos sociales y favorecer espacios para hablar del dolor y de las preocupaciones reduce el impacto del estrés sobre la lumbalgia crónica.
Cuándo acudir al médico
La lumbalgia crónica requiere seguimiento médico para establecer un plan de manejo del dolor. Pero sobre, todo, sirve para evitar complicaciones.
Signos de alarma que requieren atención urgente
Debes acudir de forma urgente al médico o a un servicio de urgencias si el dolor lumbar de la persona mayor que cuidas se acompaña de:
- Pérdida brusca de fuerza en una o ambas piernas.
- Dificultad para controlar esfínteres (incontinencia repentina de orina o heces).
- Pérdida de sensibilidad en la zona genital o la cara interna de los muslos.
- Fiebre, escalofríos o malestar general intenso.
- Dolor nocturno muy intenso que no se alivia con nada.
- Pérdida de peso no explicada.
En personas mayores con antecedentes de cáncer, traumatismos u osteoporosis conocida, un nuevo dolor lumbar intenso tras una caída se considera siempre una urgencia médica.
Dolor que no mejora con reposo o tratamiento
También conviene revalorar el caso con el médico de familia o el especialista cuando el dolor persiste más de 12 semanas, no mejora con las recomendaciones iniciales y dificulta dormir o realizar las actividades cotidianas.
Actualizar el plan terapéutico suele mejorar los resultados y permite convivir con la lumbalgia crónica manteniendo la calidad de vida de la persona mayor y la tuya como cuidador.
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