Cada vez es más habitual encontrar ancianos que no duermen por la noche, o que tienen un descanso fragmentado y poco reparador. Esta dificultad para conciliar y mantener el sueño es un problema frecuente en la tercera edad, que impacta directamente en su bienestar físico y mental.
Entender por qué los adultos mayores duermen menos es el primer paso para mejorar su descanso. En este artículo te explicamos las causas principales y las mejores estrategias para favorecer un sueño de calidad.
¿Por qué los adultos mayores duermen menos?
El envejecimiento afecta al organismo en múltiples niveles, y el descanso nocturno no es una excepción. Dormir menos horas o despertarse varias veces durante la noche no siempre indica un trastorno del sueño, pero sí un cambio en el patrón habitual.
Cambios naturales del sueño con la edad
A medida que las personas envejecen, se producen cambios naturales en el ciclo del sueño. Disminuye la producción de melatonina, la hormona responsable de regular el sueño, y las fases profundas del descanso se acortan. Esto significa que el sueño es más ligero y menos continuo, favoreciendo los despertares nocturnos.
Además, los ritmos circadianos, que regulan el sueño y la vigilia, tienden a adelantarse. Por ello, las personas mayores duermen menos por la noche y sienten sueño más temprano por la tarde.
Factores médicos y ambientales que afectan el descanso
Aparte de los cambios fisiológicos propios de la edad, existen múltiples factores médicos y del entorno que explican por qué los ancianos no duermen de noche o tienen un descanso fragmentado y poco reparador. El dolor crónico es una causa muy frecuente: enfermedades como la artrosis, las neuropatías o problemas musculares generan molestias que se intensifican al acostarse, dificultando conciliar el sueño o provocando despertares continuos.
Otra causa habitual es la nicturia, es decir, la necesidad de levantarse varias veces por la noche para ir al baño. En el adulto mayor, esto es frecuente debido a problemas prostáticos en hombres, incontinencia o simplemente una menor capacidad de la vejiga. Estas interrupciones cortan el ciclo del sueño y reducen la sensación de descanso.
Enfermedades respiratorias como la apnea del sueño son especialmente relevantes. En estos casos, el flujo de aire se interrumpe repetidamente durante la noche, provocando microdespertares que el paciente no siempre recuerda, pero que fragmentan gravemente el descanso.
Los factores ambientales también influyen notablemente. Dormitorios poco confortables, exceso de luz, ruido, temperatura inadecuada o rutinas previas incorrectas dificultan la conciliación del sueño. Muchas personas mayores mantienen rutinas poco recomendables, como ver televisión en la cama o consumir café a última hora de la tarde, lo que contribuye a explicar por qué los ancianos no duermen bien de noche. Por ello, la corrección del entorno y de los hábitos previos es tan importante como el tratamiento médico en los casos necesarios.
Causas comunes del insomnio en personas mayores
El insomnio en la tercera edad suele tener origen multifactorial. Identificar el motivo concreto es esencial para aplicar las soluciones adecuadas y recuperar un descanso reparador.
Problemas de salud asociados al insomnio
Entre las causas del insomnio en adultos mayores destacan las enfermedades crónicas. El dolor articular por artrosis, las molestias digestivas, la insuficiencia cardíaca o problemas respiratorios impiden un descanso continuado. Las personas con incontinencia urinaria experimentan despertares frecuentes para ir al baño.
Las alteraciones cognitivas, como el Alzheimer o la demencia, provocan desorientación y confusión nocturna, lo que explica por qué en estos casos los ancianos no duermen por la noche y permanecen más activos cuando deberían descansar.
Medicamentos y hábitos que alteran el sueño
Muchos medicamentos consumidos por adultos mayores pueden afectar negativamente al descanso. Diuréticos, antidepresivos, corticoides o ciertos antihipertensivos alteran los ciclos de sueño o provocan nerviosismo e insomnio.
Los hábitos diarios también influyen. Dormir siestas prolongadas o realizar poca actividad física durante el día favorece la dificultad para dormir por la noche. El consumo de cafeína o alcohol en las horas previas al descanso es otro factor frecuente.
Estrategias para mejorar el sueño en el adulto mayor
Aunque el hecho de que los ancianos duerman menos tiene una explicación fisiológica, existen estrategias para favorecer un descanso más reparador. Adoptar hábitos saludables y, en algunos casos, acudir a profesionales especializados permite mejorar el sueño de forma efectiva.
Higiene del sueño y rutinas recomendadas
La higiene del sueño es el conjunto de hábitos que favorecen un descanso adecuado. Algunas recomendaciones son:
- Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse.
- Evitar las siestas prolongadas.
- Cenar de forma ligera, al menos dos horas antes de dormir.
- Reducir la exposición a pantallas y luces brillantes por la noche.
- Realizar actividad física moderada cada día.
- Crear un ambiente adecuado en el dormitorio: temperatura agradable, silencio y oscuridad.
Estos pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia en los ancianos que no duermen por la noche.
Cuándo consultar al médico para un tratamiento especializado
Si el insomnio persiste y afecta a la calidad de vida del mayor, es recomendable consultar al profesional sanitario. El médico valorará si existe alguna enfermedad que lo justifique y si es necesario iniciar tratamiento. En algunos casos se puede prescribir melatonina o medicación específica, siempre de forma controlada para evitar efectos secundarios.
El tratamiento del insomnio en personas mayores debe priorizar opciones no farmacológicas. La terapia cognitivo-conductual para el insomnio es una intervención efectiva que ayuda a modificar pensamientos y rutinas que perpetúan el problema.
En Sanitas, el descanso es una prioridad dentro del cuidado integral del anciano. Nuestros profesionales valoran las causas del insomnio y proponen soluciones personalizadas, ayudando a que cada persona recupere un sueño reparador y con ello una mejor calidad de vida. Porque dormir bien también es salud, incluso en la vejez.