El tratamiento de la obesidad infantil

Si no se actúa a tiempo un niño obeso no sólo mantendrá y aumentará esta condición cuando sea adulto, sino que desarrollará precozmente hipertensión arterial, diabetes mellitus e hipercolesterolemia y, como consecuencia, un riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares que una persona normal sólo adquiere a partir de los 60 años. Por eso, cuanto antes se detecte el problema de sobrepeso en un niño y éste sea tratado adecuadamente, tanto mejores serán los resultados. 

Hay dos aspectos importantes a tener en cuenta en relación al tratamiento de la obesidad infantil. Los medicamentos quemagrasas que se utilizan en adultos para adelgazar no son aptos para niños y la cirugía bariátrica, además de los riesgos que conlleva, sólo es posible cuando haya finalizado el desarrollo del niño y, aún así, debe ser el último recurso. Por tanto, el tratamiento de la obesidad infantil únicamente puede basarse en la modificación de los hábitos de vida.

Sin embargo, modificar los hábitos de vida en lo que se refiere a la alimentación y la actividad física en un niño no una tarea sencilla. De ahí que la primera recomendación necesaria para el tratamiento de la obesidad infantil sea consultar con un especialista y no tomar la iniciativa por cuenta propia, entre otras razones porque es necesario evaluar el entorno familiar.

Éste se basa fundamentalmente en la combinación de una dieta con el aumento de la actividad física, la educación nutricional y el cambio de conductas. Y ello sólo será posible si se cuenta con el apoyo y la participación activa de la familia. Si los padres son obesos, por ejemplo, la actuación debe incluir a toda la familia.

Y si no lo son hay que analizar qué falla en la rutina familiar para promover el sedentarismo y los malos hábitos alimenticios que seguramente se hayan instaurado en el niño: qué, cómo, cuánto y cuándo come; cuánto tiempo pasa ante el televisor, el ordenador o la videoconsola; cuál es su actividad física; qué actividad social y de ocio desarrolla tanto el niño como el conjunto de la familia, etc.

tratamiento de la obesidad infantil

En general, salvo que existan factores genéticos que condicionen la obesidad o el sobrepeso de un niño, los malos hábitos suelen ser consecuencia de actitudes erróneas de los padres, muchas veces debido a que los dos trabajan y que las prisas condicionan la vida familiar de muchas maneras. Por ejemplo, un 8% de los niños van al colegio sin haber desayunado y un altísimo porcentaje lo hacen de forma inadecuada, con tan sólo un vaso de leche y unas galletas o un bollo. También es frecuente la ausencia de una dieta equilibrada y el predominio de alimentos precocinados, comida rápida, refrescos azucarados, etc.

Todo ello hace que una de las primeras medidas a adoptar en el tratamiento de la obesidad sea la educación de los padres en relación a la adopción de una dieta equilibrada, cómo cocinar los alimentos de una forma saludable y cómo evitar el sedentarismo de su hijo. Hay que tener en cuenta, además, la edad del niño. Si es menor de 5 años, los padres deben asumir completamente la responsabilidad del tratamiento; hasta los 9 años, ésta será compartida con él; y a partir de esta edad el niño deberá asumir responsabilidades más importantes.

Actividad física

La actividad física es, sin olvidar la dieta, una parte esencial del tratamiento de la obesidad infantil. Debe buscarse una actividad que le resulte atractiva, de acuerdo con sus intereses y posibilidades. Debe iniciarse con un ejercicio de intensidad suave pero continuo, que vaya ganando en intensidad de forma gradual. También es importante que no la realice sólo y que se vigile que lo haga. La mejor manera de lograrlo es hacerlo con él y procurando que le resulte divertido.

Recomendaciones generales

La familia debe implicarse activamente en el tratamiento de la obesidad infantil, cambiando actitudes y hábitos que puedan resultar perjudiciales para el adecuado cumplimiento del tratamiento. He aquí algunas recomendaciones útiles que sin duda ayudarán:
  

  • Llenar la nevera o la despensa de alimentos frescos y saludables. La mejor manera de evitar que el niño como alimentos poco adecuados (dulces, bollería industrial, bebidas azucaradas, precocinados, etc.) es no tenerlos en casa.
  • Planificar los menús de las comidas, teniendo en cuenta la presencia y la proporción adecuada de los diferentes grupos de alimentos.
  • Procurar que el niño realice cinco comidas al día, siendo el desayuno una de las más importantes desde el punto de vista energético.
  • Utilizar técnicas de cocción saludables: al vapor, plancha, horno, wok, etc.
  • Evitar los refrescos gaseosos y azucarados, así como las bebidas isotónicas. El mejor refresco es un vaso de leche o un zumo de frutas (sin azúcar).
  • Limitar el tiempo que el niño pasa ante el televisor o la videoconsola.
  • Motivar al niño para que practique algún deporte o actividad física.
  • Llevarlo al parque para que juegue con otros niños. La actividad física es mucho mayor y más intensa que en casa.
  • Planificar el ocio familiar de fin de semana incluyendo la realización de alguna actividad física en la que participen todos.

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