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Cómo mejorar la circulación en la tercera edad: consejos prácticos y efectivos

27/05/2026
Mejorar la circulación de un mayor

Con los años, muchas familias empiezan a preguntarse cómo mejorar la circulación de su mayor para, así, prevenir problemas cardiovasculares derivados del envejecimiento.

Para que tú también puedas hacerlo, en este artículo vas a encontrar una guía clara para entender por qué la circulación sanguínea resulta tan importante en la tercera edad y qué hábitos ayudan de verdad a cuidarla en el día a día.

Así, a lo largo del contenido verás cómo identificar las señales de alerta de una mala circulación y qué medidas prácticas puedes aplicar en casa, desde la alimentación y el movimiento hasta pequeños cambios en la rutina diaria.

Todo ello te servirá para ayudar a tu familiar a ganar bienestar, mantener su autonomía durante más tiempo y prevenir complicaciones que afectan tanto a su salud física como a su calidad de vida.

¿Por qué es importante la circulación en personas mayores?

Con el paso de los años el cuerpo experimenta cambios naturales, y el sistema circulatorio no es una excepción.

Con el envejecimiento pueden aumentar la rigidez arterial y la prevalencia de factores de riesgo vascular, pero no siempre "baja" el flujo sanguíneo de forma general ni el corazón tiene que esforzarse más por sí mismo. El riesgo de enfermedad vascular aumenta con la edad y con factores como tabaquismo, diabetes, hipertensión, colesterol elevado, enfermedad renal crónica y sedentarismo.

En algunas personas ancianas el retorno venoso se vuelve menos eficiente y es cuando aparecen molestias que afectan a la vida diaria: pesadez, dolor, debilidad al andar, hinchazón o necesidad de parar con frecuencia.

Por eso es tan importante tratar de mantener una buena circulación, porque al favorecer que la sangre llegue mejor a piernas, pies, manos y órganos, caminar resulta más llevadero, el tejido cicatriza mejor y el cuerpo tolera mejor el esfuerzo cotidiano.

Además, el National Institute on Aging señala que algunos factores de riesgo cardiaco también se relacionan con la salud cognitiva, por lo que la mala circulación no solo influye de forma directa en la movilidad y en la energía diaria, sino también en la autonomía del adulto mayor.

Función de la circulación sanguínea

La circulación sanguínea tiene la función de transportar, mediante la sangre, todo lo esencial para la vida (oxígeno, nutrientes y hormonas) y eliminar todo lo que no se necesita (productos de desecho).

Además, participa en la regulación de la temperatura y ayuda a mantener el equilibrio general del organismo.

Cuando este sistema funciona con fluidez, los músculos responden mejor al movimiento, la piel y los tejidos reciben el aporte que necesitan y el cuerpo conserva mejor su capacidad de recuperación.

Para una persona mayor, mejorar la circulación también significa aumentar la protección contra infecciones y enfermedades, pues a través del torrente sanguíneo viajan las células del sistema inmunitario.

Consecuencias de la mala circulación

Cuando este sistema de transporte se vuelve lento o ineficaz, las consecuencias se hacen notar en todo el organismo:

  • Mayor riesgo de problemas cardiovasculares: una circulación deficiente obliga al corazón a trabajar más, lo que aumenta el riesgo de hipertensión, infartos o insuficiencia cardíaca.
  • La presencia de factores de riesgo vascular y de enfermedad cardiovascular se asocia con peor salud cerebral a largo plazo; por eso, controlar la presión arterial, la diabetes, el colesterol y el tabaquismo también ayuda a proteger la función cognitiva.
  • Problemas en las extremidades: la falta de flujo sanguíneo adecuado puede provocar la aparición de varices, úlceras en las piernas que tardan en cicatrizar (especialmente en personas diabéticas) y un mayor riesgo de trombosis venosa profunda.
  • Debilidad y pérdida de autonomía: la fatiga y el dolor al caminar (claudicación intermitente) limitan la movilidad, fomentando un círculo vicioso de sedentarismo que, a su vez, empeora la circulación.

Todos estos problemas pueden desgastar mucho física y emocionalmente tanto a la persona mayor como a quien la cuida, por lo que mejorar la circulación debería ser una prioridad al llegar a la vejez.

Señales y síntomas de mala circulación

Reconocer a tiempo los síntomas de la mala circulación ayuda a actuar antes de que el problema avance, sobre todo cuando aparecen varios a la vez o se repiten, momento en que conviene consultar con un profesional sanitario.

Hormigueo y adormecimiento en extremidades

El hormigueo o adormecimiento en manos y pies (conocido como parestesia) no siempre se debe a un problema circulatorio; también puede relacionarse con compresiones nerviosas, neuropatía (por ejemplo, diabética), déficit de vitamina B12 u otras causas. Si se acompaña de dolor al caminar que mejora al parar, cambios de color, heridas que no cicatrizan, frialdad marcada o ausencia de pulso, la valoración médica es prioritaria.

Manos y pies fríos

Si notas que las extremidades de tu familiar mayor están frías al tacto incluso en ambientes cálidos o cuando el resto de su cuerpo tiene una temperatura normal, esto un síntoma clásico de mala circulación.

Significa que la sangre caliente no está llegando con la fuerza necesaria a las partes más alejadas del corazón, que son los dedos de las manos y los pies.

El enfriamiento no siempre ocurre en ambos lados: en la enfermedad arterial periférica, por ejemplo, un pie puede sentirse más frío que el otro y la piel puede verse más pálida o azulada.

Si el frío en los pies se acompaña de dolor, un color extraño o uñas muy frágiles, busca valoración médica lo antes posible.

Hinchazón y varices

La hinchazón (edema) en tobillos y piernas y la aparición de varices suelen relacionarse con un retorno venoso deficiente.

La sangre se queda estancada en las venas de las piernas, parte del líquido se filtra a los tejidos circundantes y eso provoca que aumente la presión en la zona. El resultado es pesadez, calambres, picor o cambios en la piel.

Este síntoma merece especial atención si surge de forma brusca, si una pierna se hincha mucho más que la otra o si aparece con dolor intenso.

Fatiga y cansancio al caminar

Uno de los síntomas más característicos de la mala circulación arterial en las piernas es el cansancio al caminar, que se manifiesta con molestias concretas: dolor, pesadez, quemazón, fatiga o calambres en pantorrillas, muslos o pies que aparecen al andar o subir escaleras y mejoran al parar.

Según el NHLBI, es el patrón clásico de la enfermedad arterial periférica, una condición donde las arterias que irrigan las piernas se han estrechado y que provoca que los músculos no reciban el oxígeno que necesitan para funcionar.

Si la persona mayor deja de salir, reduce sus paseos o tarda cada vez más en recorrer la misma distancia, puede que haya un problema circulatorio detrás y conviene valorarlo con su médico.

Cómo mejorar la circulación: hábitos saludables

La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, es posible mejorar la circulación con cambios en el estilo de vida.

Pueden ayudar a reforzar el tratamiento cuando existe enfermedad vascular y, en paralelo, a reducir el deterioro que acompaña a la vejez.

Alimentación que favorece el flujo sanguíneo

La dieta equilibrada es la base de la salud cardiovascular, que la evidencia científica ha asociado a la alimentación típicamente mediterránea: alimentos poco procesados, sin azúcares y grasas trans, y bajo aporte de sal.

Estos componentes, presentes en alimentos procesados, embutidos y bollería industrial, favorecen la retención de líquidos, el aumento del colesterol y el endurecimiento de las arterias.

Así, los alimentos que favorecen el buen funcionamiento del sistema circulatorio son:

  • Alimentos ricos en Omega-3: ácidos grasos como los presentes en el pescado azul (salmón, sardinas, caballa), las nueces y las semillas de chía ayudan a reducir la inflamación y previenen la formación de coágulos.
  • Frutas y verduras coloridas: son ricas en antioxidantes y flavonoides, compuestos que protegen la elasticidad de las arterias. Prioriza los frutos rojos (fresas, arándanos), los cítricos (naranjas, limones) por su vitamina C, y las verduras de hoja verde (espinacas) por su contenido en nitratos, que ayudan a dilatar los vasos sanguíneos.
  • Ajo y cebolla: contienen compuestos azufrados que mejoran la circulación y ayudan a regular la presión arterial.

La hidratación debe individualizarse según la función renal, la insuficiencia cardiaca, la medicación (por ejemplo, diuréticos) y la sensación de sed. Si existen restricciones de líquidos o enfermedades crónicas, hay que seguir la pauta del profesional sanitario. En condiciones normales suele ser en torno a 1,5-2 litros diarios.

Actividad física adaptada

El movimiento es una de las herramientas más eficaces para mejorar el flujo sanguíneo. No solo porque alivia los síntomas de la mala circulación, sino porque fortalece el corazón, mejora el retorno venoso y estimula la creación de nuevos vasos sanguíneos.

Basta con paseos cortos varias veces al día, ejercicios sentados, levantarse de la silla con apoyo, mover tobillos y rodillas o practicar equilibrio junto a una pared.

En una persona mayor con demencia, funciona mejor integrar el ejercicio en rutinas simples: pasear después de comer, regar plantas de pie, poner música y moverse unos minutos, o caminar por casa con seguridad.

La recomendación actual para personas mayores es priorizar ejercicio regular y adaptado, idealmente multicomponente: actividad aeróbica, fortalecimiento muscular al menos 2 días por semana y actividades funcionales de equilibrio y fuerza 3 o más días por semana si hay riesgo de caídas. Cuando no se alcanza el objetivo semanal, cualquier aumento de movimiento respecto al sedentarismo ya aporta beneficios.

Evitar el sedentarismo y mantener movilidad

El mayor enemigo de la circulación es permanecer inmóvil durante largos periodos. En este sentido, además de hacer una rutina de ejercicios, lo ideal es fomentar el movimiento a lo largo del día para que el retorno de la sangre al corazón no se ralentice.

Las horas sentado pueden romperse con gestos sencillos: levantarse y dar unos pasos a cada hora, cambiar de postura, doblar y estirar tobillos, elevar ligeramente las piernas con un cojín al descansar…

Es importante evitar cruzar las piernas; esta postura comprime los vasos sanguíneos y dificulta la circulación.

Otros consejos para una buena circulación

Además de la alimentación y el movimiento, hay medidas concretas que ayudan a mantener una buena circulación y a aliviar molestias frecuentes.

Masajes y técnicas de relajación

Los masajes suaves pueden aportar confort y aliviar la sensación de pesadez, pero no deben presentarse como una medida con eficacia demostrada para tratar la enfermedad vascular. Si existe edema persistente, varices sintomáticas o sospecha de trombosis, la valoración clínica es más importante que el masaje, y las medias de compresión solo deben usarse si han sido recomendadas tras descartar compromiso arterial.

Evitar ropa ajustada

La ropa muy ajustada en cintura, ingles o piernas entorpece el retorno venoso, sobre todo si la persona pasa muchas horas sentada.

La recomendación es usar prendas holgadas, calcetines que no aprieten (aquellos con elásticos muy apretados que dejen marcas en la piel deben evitarse) y calzado que no comprima el pie.

Cuando existen varices o edema, el profesional puede recomendar medias de compresión, que sí ejercen una presión útil y controlada para ayudar a que la sangre suba hacia el corazón.

Mantener un peso saludable

El sobrepeso y la obesidad son factores de riesgo directos para los problemas circulatorios, ya que el exceso de peso ejerce una presión adicional sobre las venas de las piernas y obliga al corazón a trabajar más.

Por eso, ayudarle a tu ser querido a mantener un peso saludable a través de la dieta y el ejercicio no solo mejorará su circulación, sino también su salud articular y su bienestar general.

Conviene individualizar los objetivos nutricionales y funcionales para preservar masa muscular, fuerza y autonomía, evitando dietas restrictivas sin supervisión profesional.

Controlar la presión arterial y el colesterol

Con la edad, la presión sistólica tiende a subir por la rigidez de las arterias, haciendo de la hipertensión y del colesterol alto verdaderos enemigos silenciosos del sistema vascular.

De ahí que la Fundación Española del Corazón insista en la importancia de mantenerlos controlados, principalmente a través de:

  1. Seguimiento médico: acude a las revisiones periódicas y asegúrate de que toma la medicación pautada de forma correcta.
  2. Medición en casa: si el médico lo recomienda, medir la presión arterial en casa puede ayudar a llevar un mejor control.
  3. Estilo de vida: recuerda que los hábitos mencionados (dieta, ejercicio, control de peso) son la base para mejorar la circulación y evitar otros problemas de salud.

Y, sobre todo, no dejéis las revisiones para cuando haya un problema. Controlar cifras, seguir el tratamiento indicado y comentar cualquier cambio en la capacidad para caminar o en el aspecto de piernas y pies ayuda a prevenir complicaciones y a actuar antes.

Si quieres seguir aprendiendo sobre demencias y cómo cuidar mejor, en la biblioteca de Sanitas Tercera Edad encontrarás muchos otros contenidos como este, escritos para ti por nuestros profesionales sanitarios.

Miryam Piqueras Bravo

Miryam Piqueras Bravo

Directora de Gobierno Clínico de Sanitas Mayores.

Doctora en Medicina Familiar y Comunitaria, con más de 13 años de experiencia en atención primaria, medicina socio-sanitaria, supervisión y dirección médica.
Nº de Colegiada: 282858641.

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