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Cómo levantar a una persona mayor de la cama de forma segura

29/04/2026
Cómo levantar a una persona mayor de la cama de forma segura

Saber cómo levantar a una persona mayor de la cama marca una gran diferencia en vuestro día a día: reduce el riesgo de caídas, protege tu espalda y aporta calma a tu familiar.

Por eso, en este contenido te explicamos el paso a paso para hacerlo con la técnica de movilización adecuada y te damos algunos consejos para cuidarte tú físicamente.

Así mismo, te sugeriremos las ayudas que más facilitan las movilizaciones y aclararemos la duda de en qué momentos resulta mejor pedir apoyo profesional.

De esta forma podrás afrontar este gesto tan habitual con más seguridad, menos miedo a hacer daño y más confianza en tus cuidados.

Por qué es importante levantar correctamente a una persona mayor de la cama

Tumbarse o levantarse es un gesto muy repetido al llegar a la tercera edad y, por eso, cualquier gesto es decisivo para que la persona anciana pueda lograrlo sin caerse o lesionarse.

Cuando lo hace desde la cama, el riesgo no solo aumenta para el adulto mayor, sino para el cuidador que le ayuda.

Por eso, aplicar la técnica correcta al mover a personas mayores ayuda a minimizar problemas asociados a una movilización inadecuada, como molestias musculoesqueléticas, mareos al incorporarse o las úlceras por presión.

Estas últimas son muy habituales y los cambios posturales programados, junto a control de humedad, nutrición y superficies de alivio de presión, evitan su aparición.

Además, el movimiento seguro es imprescindible para el bienestar de las personas con movilidad reducida o demencia, ya que los movimientos bruscos o inesperados pueden aumentar la incomodidad o la resistencia a la movilización.

Por eso conviene avisar, explicar el paso a paso y mantener un ritmo predecible.

Riesgos de hacerlo de forma incorrecta

Levantar a un anciano de su cama de forma inapropiada no solo puede tener consecuencias para su salud, sino también para la tuya.

Si lo levantas “a pulso” y sin preparación, te expones a sufrir sobrecarga lumbar, contracturas y lesiones en la espalda, el cuello o las rodillas.

A su vez, la persona levantada se expone a mareos, porque no le das tiempo a adaptarse, aumentando el riesgo de hipotensión ortostática (bajada de tensión al pasar de tumbado a sentado o de sentado a de pie).

En adultos mayores con fragilidad marcada, un giro brusco o un tirón a destiempo favorece lesiones en hombros, caderas o columna, y provoca dolores que luego dificultan aún más el movimiento.

Por último, si no aplicas las técnicas de movilización necesarias aumentas el riesgo de caídas desde la cama o durante los primeros pasos.

Beneficios de usar una técnica adecuada

Levantar a un adulto mayor de la cama usando las técnicas apropiadas evita riesgos y puede mejorar la sensación de seguridad y confort durante la movilización.

Y es que cuando sigues un paso a paso seguro, la persona se siente más tranquila, participa mejor en la movilización y percibe que respetas su cuerpo y su ritmo.

Además, levantar bien favorece que la persona que la persona participe (si es posible) y que el cambio postural/puesta en pie se haga con mejor control, lo que, junto con actividad física/ejercicio pautado, contribuye a mantener fuerza y movilidad articular durante más tiempo.

En tu caso, la técnica correcta disminuye el esfuerzo físico que realizas, protege tu espalda y reduce el cansancio al final del día.

Cómo levantar a una persona mayor de la cama paso a paso

Como hemos visto, levantar a una persona mayor de la cama exige técnica, calma y planificación.

Sigue el siguiente paso a paso para que tú y la persona a la que cuidas os mantengáis seguros en cada movimiento:

1. Preparar el entorno antes de ayudar a levantarse

Antes de tocar a la persona, prepara el espacio: retira alfombras sueltas, cables u objetos cerca de la cama que puedan provocar tropiezos, asegúrate de que el suelo esté seco y que la persona tenga calzado antideslizante o calcetines con suela de agarre al alcanzar la posición de sentado o de pie.

Luego, ajusta la cama a una altura que te permita trabajar sin inclinar el tronco, con codos cerca del cuerpo; en general, una altura cercana a la de tus caderas reduce la flexión lumbar.

Cierra la puerta, baja la persiana o corre la cortina si lo necesita, y explícale con calma qué vas a hacer en cada momento, porque esa comunicación aporta seguridad.

2. Colocar correctamente a la persona en la cama

Empieza con la persona tumbada boca arriba, con la cabeza apoyada y la espalda alineada.

Si está muy pegada al cabecero o a un lado, recolócala antes de incorporarla usando técnicas de movilización con sábanas o deslizamiento, que reducen el esfuerzo y la fricción sobre la piel.

Pide a la persona que, si puede, flexione las rodillas y apoye los pies sobre el colchón para ayudarte en el movimiento.

Si no colabora o su movilidad es muy limitada, flexiona tú suavemente una pierna y luego la otra, siempre sujetando por debajo de la rodilla y el tobillo, sin tirones.

3. Pasar de tumbado a sentado en el borde de la cama

El objetivo es pasar de tumbado a sentado en el borde de la cama de forma gradual:

Pídele que gire primero hacia un lado, de modo que quede de lado respecto al borde por el que va a incorporarse. Coloca una mano en su hombro y otra en su cadera para ayudarle a girar en bloque, sin forzar la espalda.

Cuando esté de lado, ayuda a sacar las piernas hacia fuera de la cama mientras, al mismo tiempo, acompañas el tronco hacia arriba hasta sentarse.

Este movimiento combinado de “piernas hacia abajo, tronco hacia arriba” resulta más suave y disminuye el esfuerzo para ambos.

Una vez sentada, asegúrate de que los pies apoyan firmes en el suelo, mantén unos segundos de espera y pregunta si siente mareo antes de continuar.

4. Cómo ayudar a ponerse de pie con seguridad

Colócate frente a la persona o ligeramente de lado, con una pierna adelantada y los pies separados a la anchura de tus hombros. Mantén la espalda recta, flexiona ligeramente las rodillas y acerca tu cuerpo al suyo para tener más control del movimiento.

Anímale a inclinar el tronco un poco hacia delante, como si fuera a levantarse de una silla, y a empujar con las piernas desde el suelo o desde la cama.

Puedes rodear suavemente su cintura o usar un cinturón de sujeción (cinturón de movilización) si lo tienes, evitando que se agarre a tu cuello o a tus hombros para no lesionarte.

Ayúdale a elevarse con un movimiento firme y controlado (en uno o dos tiempos según tolerancia), y detenerse si hay mareo, visión borrosa o inestabilidad.

Consejos para levantar a una persona mayor sin hacerse daño

Además de seguir un paso a paso concreto para mover a la persona, conviene que tengas en cuenta algunos consejos acerca de la posición de tu cuerpo para proteger tu espalda.

Cómo proteger la espalda del cuidador

Tu espalda necesita el mismo cuidado que la de la persona a la que atiendes. Cuando la movilices, intenta tener en mente estos sencillos gestos para protegerte:

  • Acércate siempre lo máximo posible a la cama y a la persona para no tener que estirar los brazos ni inclinarte en exceso.
  • Mantén el peso repartido en ambos pies y dobla las rodillas en lugar de flexionar la cintura.
  • Evita giros bruscos del tronco; si tienes que cambiar de dirección, mueve todo el cuerpo girando con los pies, sin retorcer la columna.

Cuando notes que el esfuerzo supera lo razonable, detente, reorganiza la ayuda o pide apoyo a otra persona, tal y como recomiendan los protocolos de movilización segura, como el del Hospital Universitario Vírgen de las Nieves.

Posturas adecuadas al levantar peso

Para levantar a una persona mayor de forma segura, adopta una posición de “base amplia”: pies separados, uno un poco por delante del otro, rodillas flexionadas y espalda recta.

Esta postura te da equilibrio y fuerza para acompañar el movimiento sin cargar toda la tensión en la zona lumbar.

Cuando la lleves a cabo, utiliza la fuerza de las piernas y de los glúteos al incorporarte, no la de la espalda.

Mantén los codos cerca del cuerpo y evita estirar los brazos para tirar de la persona, ya que así incrementas el riesgo de lesiones musculares y sobrecarga en hombros y espalda.

Ayudas técnicas para levantar a una persona

Ya sea porque la persona mayor está convaleciente tras una enfermedad o porque tiene poca movilidad y/o fuerza, puede resultar difícil levantarla con seguridad; en esos casos, conviene usar ayudas técnicas de ayuda. A continuación, te hablamos de las más comunes.

Barandillas y asideros para la cama

Las barandillas laterales y los asideros de cama ofrecen un punto de apoyo estable para que la persona pueda agarrarse al incorporarse, siempre que aún conserva algo de fuerza en brazos y tronco.

Estas ayudas facilitan que participe en el movimiento y reducen la carga que soportas tú durante el levantamiento.

Además, las barandillas bien reguladas ayudan a prevenir caídas desde la cama, algo que preocupa de forma especial cuando la persona tiene desorientación o demencia.

Su uso debe valorarse caso a caso y colocarse siguiendo indicaciones del fabricante y de un profesional; a veces son preferibles alternativas (cama baja, colchón en el suelo, supervisión, alarmas).

Grúas de traslado para personas mayores

Las grúas de traslado o grúas ortopédicas resultan muy útiles cuando la persona no se sostiene de pie o tiene una movilidad muy limitada, ya que permiten levantarla de la cama y trasladarla a una silla o sillón con el mínimo esfuerzo físico del cuidador.

Para evitar lesiones, el arnés que llevan debe colocarse de manera correcta, rodeando el tronco y pasando por debajo de las piernas para ofrecer un soporte completo y cómodo.

Antes de iniciar la elevación, revisa los frenos, la estabilidad de la grúa y la posición de la persona, y realiza la maniobra de forma lenta, manteniendo el contacto visual y explicándole cada paso.

Camas articuladas y otros dispositivos de apoyo

Las camas articuladas permiten elevar el cabecero y las piernas, lo que facilita mucho el paso de tumbado a sentado sin necesidad de grandes esfuerzos por tu parte.

Si elevas el tercio superior, la persona ya queda semi incorporada y sólo necesitas un pequeño impulso para ayudarla a sentarse en el borde.

Errores frecuentes al levantar a una persona mayor de la cama

Al levantar a una persona mayor de la cama se cometen dos errores principales, ambos fruto de la mala posición y técnica.

Tirar de los brazos o las manos

Uno de los errores más habituales consiste en tirar de los brazos o de las manos de la persona para incorporarla.

Este gesto aumenta el riesgo de lesiones en hombros, codos y muñecas, y resulta especialmente peligroso en personas con huesos frágiles o artrosis.

En lugar de eso, sujeta por la cintura, utiliza un cinturón de movilización si lo tienes o acompaña el movimiento desde el tronco y la cadera.

También ayuda que la persona se agarre a un asidero o barandilla, de manera que el empuje salga de sus piernas y no de su brazo.

Levantar sin preparar la postura

Levantar con prisas, sin ajustar la posición de la persona o del entorno, multiplica el riesgo de caídas y sobreesfuerzo.

Si la persona se encuentra demasiado al borde, si los pies no llegan al suelo o si la cama está demasiado baja o alta, el movimiento se vuelve inseguro.

También es muy frecuente olvidar comprobar si la persona se marea al sentarse; en estas situaciones, conviene dar unos segundos para que el anciano se estabilice en la posición de sentado antes de levantarle.

Cuándo pedir ayuda profesional

Al movilizar a una persona mayor la prioridad debe ser la seguridad, por lo que cuando esta se ve comprometida, es momento de pedir ayuda profesional.

Situaciones en las que no es recomendable hacerlo solo

No conviene que levantes solo a la persona si necesitas hacer fuerza significativa, si no puedes mantener postura neutra, si la persona no colabora, si la transferencia requiere claramente dos personas o una ayuda mecánica, o si tú tienes dolor o tirones.

Las caídas repetidas, los dolores intensos al movilizar, los cambios en la fuerza o en el equilibrio, o si tú mismo sufres dolor de espalda recurrente al levantarla, son el indicativo definitivo de que debes pedir ayuda profesional.

Ante la duda, pide valoración a fisioterapeuta o a enfermería para ajustar la técnica e incorporar ayudas en función del grado de independencia de la persona.

También puedes contar con la ayuda de un cuidador profesional a domicilio.

La persona que se desplaza a tu domicilio, un gerocultor formado y con experiencia, se encarga de todas las movilizaciones necesarias de tu familiar y de su cuidado personal completo.

Este tipo de atención, como la ofrecida por Sanitas Blua Senior, es muy flexible en horarios y frecuencia, adaptándose a vuestras necesidades como familia.

Además, complementan los cuidados con otros servicios a domicilio especializados, como los de fisioterapia.

Nuestro consejo es que no esperes a sentirte completamente desbordado/a para pedir ayuda. Actuar pronto previene situaciones de crisis y garantiza que tanto tú como tu familiar mantengáis calidad de vida y bienestar emocional.

Si además quieres seguir aprendiendo sobre demencias y cómo cuidar mejor, encontrarás muchos más contenidos como este en la biblioteca de Sanitas Tercera Edad.

Sanitas - Bupa

SANITAS

Este contenido ha sido escrito por médicos especializados de los centros y hospitales de Sanitas.

Nuestro propósito es promover vidas más largas, sanas y felices y un mundo mejor.

La información facilitada por este medio no puede, en modo alguno, sustituir a un servicio de atención médica directa, así como tampoco debe utilizarse con el fin de establecer un diagnóstico, o elegir un tratamiento en casos particulares. En este servicio no se hará ninguna recomendación, explícita o implícita, sobre fármacos, técnicas, productos, etc... que se citarán únicamente con finalidad informativa. La utilización de este servicio se lleva a cabo bajo la exclusiva responsabilidad de los usuarios.

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