Dietas hipocalóricas

Las dietas hipocalóricas se basan en la restricción calórica, es decir, en limitar los alimentos que aportan calorías al organismo. Es el tipo de dieta más habitual para lograr la pérdida de peso. Se trata de consumir diariamente menos calorías de las que se queman con la actividad física, para lo que, tras evaluar el metabolismo y las necesidades del paciente, se establecen una serie de menús diarios que no sobrepasen una cantidad previamente determinada de calorías. El objetivo es que el organismo obtenga de la grasa corporal la cantidad de calorías restantes para cubrir sus necesidades energéticas.

El principal inconveniente de las dietas hipocalóricas es que se pierde masa muscular, que luego es muy difícil de recuperar. Para evitarlo se deberá realizar un ejercicio físico intenso que incluya todos los músculos: ejercicio aeróbico y ejercicio de fuerza. Sólo de este modo se logrará que el organismo decida obtener su energía a partir de la grasa en ves del tejido muscular.

De hecho, las dietas hipocalóricas tienen un efecto que entra en contradicción con su objetivo. Es así, que al reducir la cantidad de alimentos o de calorías que se ingieren el organismo pone en marcha un mecanismo de autodefensa ante la falta de comida, por el que se producen las llamadas enzimas lipogénicas, encargadas de almacenar grasa para crear reservas de energía; y, al mismo tiempo, se reduce la presencia de enzimas lipolíticas, que son las que se encargan de quemar la grasa.

dietas hipocalóricas

Las dietas hipocalóricas, por otra parte, no están exentas de riesgos, ya que inducen alteraciones significativas del equilibrio hormonal. Al no recibir la cantidad de alimentos (energía) que necesita, el organismo lanza una señal de estrés que induce una sobreproducción de cortisol, una hormona que regula la producción de otras. Este exceso de cortisol, entre otras cosas debilita el sistema inmunitario, abriendo la puerta a que se puedan producir enfermedades infecciosas.

Además, si se mantiene la producción elevada de cortisol, llega un momento en que las glándulas suprarrenales, encargadas de su secreción, se agotan y, como consecuencia, se produce una caída radical de esta hormona, produciendo una sensación de cansancio y agotamiento.

No en vano, este tipo de dietas tienen contraindicaciones absolutas:
• Cardiopatías: arritmias severas, angina inestable, infarto de miocardio reciente, etc.
• Accidente cerebrovascular reciente.
• Neofropatía o hepatopatía severas.
• Enfermedad psiquiátrica grave, antecedente de bulimia o anorexia nerviosa, alcoholismo.
• Enfermedades o tratamientos que causan la pérdida de proteínas (lupus eritematoso sistémico, enfermedad de Cushing, etc.)
• Cáncer.
• Diabetes tipo 2 con tendencia a la cetosis.
• Embarazo y lactancia.

Y deberían tomarse precauciones y realizar un estrecho seguimiento en pacientes con insuficiencia cardiaca congestiva, angina de pecho, con enfermedades crónicas como hipertesensión arterial o diabetes, o que siguen tratamientos farmacológicos que inducen la pérdida de potasio.

Las dietas hipocalóricas tampoco están exentas del llamado efecto yo-yo, por lo que al concluirlas se debe seguir un programa de reeducación de los hábitos alimentarios si no se quiere recuperar el peso perdido.

CONDICIONES DE USO DEL SERVICIO

La información facilitada por este medio no puede, en modo alguno, sustituir a un servicio de atención médica directa, así como tampoco debe utilizarse con el fin de establecer un diagnóstico, o elegir un tratamiento en casos particulares.

En este servicio no se hará ninguna recomendación, explícita o implícita, sobre fármacos, técnicas, productos, etc... que se citarán únicamente con finalidad informativa.

La utilización de este servicio se lleva a cabo bajo la exclusiva responsabilidad de los usuarios.