Cáncer de mama gestacional


Las mamas de la mujer aumentan de tamaño, están más sensibles y tienen más bultos durante el embarazo. No es frecuente que se produzca un cáncer de mama en esta etapa, solo ocurre en 1 de cada 3.000 mujeres embarazadas, pero el retraso del inicio de la maternidad en la mujer occidental, entorno a los 35-40 años, favorece el riesgo de padecer tumores mamarios.  

Los factores de riesgo que predisponen a la mujer a padecer este tipo de cáncer son los mismo que si no estuviera embarazada. Es decir, haber tenido una menarquia (primera regla) precoz, tener el primer embarazo después de los 30 años o no haber tenido hijos, la utilización prolongada de anticonceptivos orales, tener antecedentes familiares sobre todo si es un familiar de primer grado, la densidad mamaria y estar expuesto de forma continua a radiaciones ionizantes.

Dificultades para el diagnóstico del cáncer de mama gestacional

El embarazo dificulta el diagnóstico del cáncer de mama gestacional debido esencialmente a que los pechos aumentan de tamaño, presentan protuberancias y se hacen más sensibles. La localización de nódulos con la autoexploración es complicada, a no ser que sea excesivamente grande, incluso utilizando pruebas diagnósticas como la mamografía en fases iniciales. De hecho, la mayoría de los casos de cáncer de mama que se detectan durante el embarazo, se encuentran en fases más avanzadas que cuando no hay embarazo, y generalmente con afectación ganglionar. 

cáncer de mama gestacional

Generalmente, el miedo a perjudicar el feto por la radiación emitida en la mamografía provoca que se retrase el diagnóstico del cáncer. Sin embargo, la cantidad de radiación es pequeña y se enfoca directamente al pecho protegiendo la zona del abdomen con una capa de plomo, por lo que es una prueba que no reviste mucho peligro para el feto. Igualmente, la extracción de una muestra del tejido, biopsia, mediante el uso de anestesia local o general, apenas representa un riesgo para el bebé.

Otras pruebas complementarias para confirmar el diagnóstico o determinar el alcance de la enfermedad como las radiografías, ecografías o resonancias magnéticas (siempre y cuando se realicen sin contraste) se pueden realizar sin que ello suponga peligro alguno para el feto. Pero, el PET, el TAC o las gammagrafías óseas expondrían al feto a una gran cantidad de radiación, por lo que no son recomendables, a no ser que sean estrictamente necesarias.

Tratamiento del cáncer de mama gestacional

Los estudios realizados en mujeres que han sufrido un cáncer de mama gestacional revelan que la supervivencia es muy similar a la del resto de mujeres, aun cuando el tratamiento durante el embarazo reviste ciertas complicaciones, ya que depende del tamaño y localización del tumor, el mes de embarazo en el que se encuentra la mujer y si se ha producido metástasis.

La cirugía, como primera opción de tratamiento puede llevarse a cabo sin grandes riesgos para el feto en cualquier fase del embarazo. Aun así, habrá que determinar cuál es el mejor momento para realizar la intervención, qué tipo de anestesia utilizar y qué técnicas quirúrgicas aplicar. Si el embarazo está avanzado, deberá contarse con la presencia del obstetra en el quirófano por si surgen complicaciones y hay que provocar el parto mediante una cesárea.

Con respecto a la quimioterapia y la radioterapia las cosas son diferentes. Si el cáncer se ha detectado al inicio del embarazo, el problema es que retrasar el tratamiento, especialmente si el cáncer es agresivo, iría en perjuicio de la mujer y la aplicación de quimioterapia, radioterapia y tratamientos hormonales suponen un claro riesgo para el feto. Ante esta disyuntiva los médicos pueden recomendar la interrupción del embarazo, aunque la decisión final recaerá sobre la paciente. Si, por el contrario, se detecta en el tercer trimestre la espera para iniciar el tratamiento (quimioterapia y radioterapia) no perjudicaría seriamente a la mujer e incluso, en caso necesario, cabría la posibilidad de anticipar el parto.

La quimioterapia no puede utilizarse en el primer trimestre del embarazo. En primer lugar, porque no hay estudios que hayan determinado los posibles efectos sobre el feto. Pero también porque es el periodo en el que se forman todos los órganos internos y el riesgo de aborto es mayor. No obstante, se han realizado algunos estudios en los que se ha constatado que si se utilizan determinados fármacos entre el cuarto y noveno mes de embarazo no se incrementa el riesgo de malformaciones, muerte fetal o problemas de salud para el bebé tras el parto, si bien no se han evaluado los posibles riesgos a largo plazo.

Sin embargo, la quimioterapia debe administrarse inmediatamente después de la cirugía, por lo que habrá que posponer el inicio del tratamiento al menos hasta el segundo trimestre. Pero hay que tener también en cuenta que no debería aplicarse a partir de la semana 35 de gestación, ya que podría incrementar las posibilidades de complicaciones durante el parto. De ahí que en este momento se deba imponer un descanso en el tratamiento. El cualquier caso, no se deben utilizar durante el embarazo ni medicamentos hormonales, como el tamoxifeno, ni anticuerpos monoclonales dirigidos a dianas moleculares específicas, ya que ponen en riesgo al feto.

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