Ambos procesos son diferentes y muchas personas lo desconocen. Una fractura implica recuperar la función después de una lesión ósea, mientras que tras una prótesis la rehabilitación se desarrolla después de una intervención en la que se sustituye la articulación o parte de ella. En ambos casos se trabaja la movilidad y la marcha, pero los ejercicios, precauciones y ritmo de progresión deben adaptarse a cada situación.
Los tiempos varían según el estado físico previo, el tipo de lesión o intervención y la evolución de cada persona. Como referencia, una fractura ósea comienza a consolidarse generalmente a partir de los 40 días y la recuperación puede situarse en torno a uno o dos meses, aunque no existe un plazo igual para todos los casos.
Si la evolución es favorable y el equipo médico lo indica, a las 24 horas se puede comenzar a apoyar el pie en el suelo con ayuda de muletas o andador. A partir de ahí, la marcha se incrementa de forma progresiva y supervisada en función de la estabilidad, el dolor y la capacidad de cada persona.
Durante las primeras fases es importante seguir las indicaciones del equipo sanitario y evitar movimientos que puedan comprometer la articulación. Entre las precauciones habituales están no flexionar la cadera más de 90 grados, no cruzar las piernas, evitar giros bruscos o rotaciones de la cadera, dormir boca arriba y utilizar correctamente las ayudas para caminar.
Al sentarse, conviene que la rodilla quede por debajo de la altura de la cadera. Estas recomendaciones deben adaptarse siempre al tipo de intervención y a las indicaciones médicas de cada caso.
En las primeras fases se pueden trabajar movimientos de flexión de tobillo, rodilla y cadera en descarga. Posteriormente, según la evolución, el programa puede incorporar gimnasia activa o pasiva, fisioterapia y ejercicios en piscina una vez cicatrizada la herida y siempre que estén indicados.
Depende de las necesidades de cada persona. La rehabilitación en casa puede ser adecuada cuando existe suficiente autonomía, un entorno seguro y apoyo para seguir el tratamiento. Sanitas Mayores dispone de programas de rehabilitación domiciliaria adaptados a diferentes situaciones.
Un centro especializado aporta mayor valor cuando se necesita supervisión continuada, atención durante las 24 horas, un entorno adaptado o la coordinación de un equipo multidisciplinar. Esto puede ser especialmente relevante después de una intervención cuando la persona todavía necesita ayuda para caminar o realizar actividades cotidianas.
Una residencia ofrece alojamiento y atención durante las 24 horas, por lo que puede ser adecuada cuando la persona necesita apoyo continuado durante la recuperación. Un centro de día ofrece atención y rehabilitación durante parte de la jornada, manteniendo el domicilio como lugar de residencia.
El Sistema Nacional de Salud incluye la rehabilitación de pacientes con déficit funcional recuperable cuando existe indicación clínica, incluida la rehabilitación musculoesquelética mediante fisioterapia o terapia ocupacional. La financiación pública de una rehabilitación no implica, sin embargo, la cobertura de una estancia en un centro residencial privado. El acceso y la prestación concreta dependen del servicio de salud correspondiente.
La falta de rehabilitación puede favorecer la atrofia muscular, la pérdida de movilidad y de fuerza y una mayor dificultad para recuperar una marcha segura. La pérdida de capacidad funcional puede incrementar a su vez la dependencia y el riesgo de sufrir nuevas caídas.
Por eso, iniciar un programa de rehabilitación profesional y adaptado a cada persona es importante para recuperar movilidad y autonomía y reducir las consecuencias de la inmovilidad. Sanitas Mayores señala precisamente el inicio temprano de la rehabilitación como una medida para prevenir la atrofia muscular y reducir la inflamación.
La recuperación requiere un enfoque coordinado. Según las necesidades de cada persona, pueden intervenir fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, profesionales médicos y personal de enfermería.
El fisioterapeuta trabaja la movilidad, la fuerza y la marcha; terapia ocupacional se centra en recuperar autonomía en las actividades cotidianas; mientras que el equipo médico y de enfermería realiza el seguimiento clínico y asistencial durante el proceso. Este abordaje multidisciplinar es especialmente útil cuando la recuperación requiere atención en diferentes ámbitos.
No existe una edad concreta. La necesidad de rehabilitación depende de haber sufrido una fractura, una intervención o una pérdida de funcionalidad. Estos procesos son habituales en edades avanzadas, pero el tratamiento se determina por la situación clínica y funcional de cada persona, no únicamente por su edad.
Sí, puede formar parte del programa una vez que la herida haya cicatrizado y el equipo profesional considere que es adecuada. El trabajo en piscina se incorpora según el momento de recuperación y las características de cada persona.