Síntomas de bronconeumonía: cómo diferenciarlos de un resfriado o gripe

13/03/2026
Imagen de una radiografía en una tablet

La bronconeumonía es la infección pulmonar más temida en mayores, porque avanza rápido y pone en riesgo su vida. 

La buena noticia es que la detección temprana y el tratamiento ambulatorio adecuado consiguen que resuelva.

Para ello es necesario reconocer sus síntomas y diferencias con los de la gripe o el resfriado, además de identificar las principales señales de urgencia que te permitirán actuar rápido. 

Te lo explicamos todo en este artículo, donde además conocerás qué medidas preventivas puedes aplicar.

Qué es la bronconeumonía

La bronconeumonía es un tipo de neumonía caracterizada por la inflamación de los bronquios, los conductos por los que circula el aire en los pulmones, y los alvéolos, que son los pequeños sacos donde se realiza el intercambio gaseoso. 

Esta inflamación aparece como resultado de una infección bacteriana o viral que afecta a diferentes áreas del pulmón y que compromete el tejido pulmonar profundo.

Esta es precisamente su principal diferencia con la bronquitis, que afecta únicamente a los bronquios, junto al proceso de desarrollo de la infección. 

Cómo se desarrolla la infección

El proceso de desarrollo de la infección pulmonar comienza cuando los microorganismos (normalmente, las bacterias Streptococcus pneumoniae o Haemophilus influenzae) penetran en los pulmones a través de las vías respiratorias.

Una vez allí, estos agentes patógenos encuentran un entorno donde pueden multiplicarse rápidamente.

Cuando el sistema inmunitario detecta la presencia de estos microorganismos, responde generando una inflamación: el cuerpo envía glóbulos blancos al sitio de la infección para combatir los invasores y esto ocasiona que los alvéolos se inflamen y se llenen de líquido o pus.

Esta situación impide que el oxígeno se transfiera correctamente a la sangre y que, en consecuencia, la persona empiece a tener dificultad para respirar.

Por qué es más frecuente y peligrosa en mayores

Las personas mayores de 65 años tienen un riesgo más elevado de desarrollar bronconeumonía debido a un sistema inmunitario más debilitado.

Esto quiere decir que su capacidad para combatir infecciones es menos rápida y efectiva, sobre todo cuando existen enfermedades crónicas de base.

La combinación de bronconeumonía con condiciones como la diabetes mellitus y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) multiplica el riesgo de complicaciones graves y de fallecimiento.

Diferencias entre bronconeumonía, gripe y resfriado

Aunque el resfriado, la gripe y la bronconeumonía afectan al sistema respiratorio, tienen características muy diferentes:

Inicio y evolución de los síntomas

El resfriado común suele empezar de forma gradual, con síntomas como una leve congestión nasal, seguida de tos moderada y otros síntomas que van apareciendo a lo largo de varios días. 

La mayoría de las personas se sienten bastante bien a pesar de los síntomas, con energía suficiente para realizar actividades diarias.

La gripe presenta un comienzo completamente distinto: es súbita e intensa. Una persona que tiene gripe se siente mal de repente, con síntomas que aparecen de manera abrupta y se intensifican en muy pocos días. Puede durar una o dos semanas completas.

La bronconeumonía, como la gripe, también es súbita y le sigue a infección respiratoria previa como un resfriado o gripe que aparentemente mejoraba. 

Por lo tanto, si tras varios días de síntomas gripales o de resfriado adviertes un empeoramiento repentino con más fiebre, mayor dificultad para respirar o cambios en la tos, es una señal de alarma.

Fiebre y malestar general

La fiebre en el resfriado es rara en adultos y, cuando aparece, es muy leve y apenas supera los 38 °C. 

En la gripe es moderada o alta, oscila entre 38 °C y 40 °C, y se mantiene durante los primeros días de la enfermedad. Acompaña a un malestar general intenso: agotamiento, dolores musculares, debilidad… 

En la bronconeumonía, la fiebre es más elevada que la del resfriado, aunque en algunos casos en personas mayores puede ser sorprendentemente baja o incluso ausente. 

Tos: seca, productiva o con cambios

En el resfriado, la tos es moderada y seca al principio; conforme pasan los días, aparece algo de mucosidad. En la gripe, la tos es frecuente y característica, pues es seca y bastante molesta. 

En la bronconeumonía, la tos es persistente y evoluciona hacia la expectoración. En este caso sí puede haber mucosidad que va cambiando de color: algunos pacientes expulsan flema verdosa, amarillenta, o en casos más graves, con indicios de sangre. 

Este cambio en la naturaleza de la tos es un aviso para consultar cuanto antes con el médico. 

Dolor torácico vs. molestias leves

El resfriado causa molestias leves en la garganta y, ocasionalmente, una ligera presión en el pecho relacionada con la tos.

La gripe puede provocar sensación de presión en el pecho, pero el dolor torácico agudo no es típico.

En la bronconeumonía, el dolor en el pecho es más característico, como una sensación de puntada que empeora al respirar profundamente o al toser. 

Este dolor ocurre porque la inflamación pulmonar afecta también a la pleura, que es la membrana que rodea los pulmones. 

Si la persona que cuidas se queja de dolor torácico persistente y si este aumenta con la respiración, es fundamental que se someta a una evaluación médica.

Dificultad respiratoria y saturación de oxígeno

Ni el resfriado ni la gripe causan dificultad respiratoria en personas sanas, sino una ligera sensación de congestión.

En cambio, es el síntoma central de la bronconeumonía, hasta el punto de que la persona puede sentir falta de aire incluso en reposo. 

Cuando sucede es imprescindible medir la saturación de oxígeno: en personas sanas, los niveles normales oscilan entre el 95% y el 100%, que se reducen al 90% cuando existe bronconeumonía. 

En una persona mayor es muy posible que estos valores caigan por debajo del 90% (un motivo grave para acudir de urgencias).

Síntomas de bronconeumonía en la tercera edad

Los síntomas de bronconeumonía en personas mayores pueden ser algo diferentes de los que aparecen en adultos más jóvenes. 

Esta variabilidad hace que la enfermedad se diagnostique tarde en este grupo poblacional, por lo que es importante que los conozcas:

Fiebre o, a veces, ausencia de fiebre

Algunos mayores presentan febrícula (décimas de temperatura) cuando clínicamente tiene una bronconeumonía avanzada. 

Por el contrario, otros pueden mostrar hipotermia, es decir, una temperatura más baja de lo normal.

No te dejes engañar por la ausencia de fiebre: si la persona que cuidas presenta otros síntomas de bronconeumonía sin fiebre elevada, el riesgo sigue siendo igual de serio. 

De hecho, la ausencia de fiebre en presencia de síntomas respiratorios puede indicar que el sistema inmunitario está tan debilitado que no puede generar esta respuesta.

Otras veces esto no se cumple y también es común en ancianos por respuesta inflamatoria atenuada, incluso sin inmunosupresión severa.

Tos persistente (con o sin mucosidad)

La tos en personas mayores con bronconeumonía tiende a ser persistente. Algunos mayores experimentan tos seca que se prolonga durante días, mientras que otros desarrollan directamente tos productiva con mucosidad.

Si tu familiar tiene una tos que no mejora después de una semana, o si la tos cambia, es momento de consultar con el médico.

Respiración acelerada o ruidosa

La taquipnea, o respiración acelerada, es una respuesta del cuerpo a la falta de oxígeno. En la bronconeumonía, la respiración se acelera porque el cuerpo intenta compensar la dificultad del intercambio gaseoso en los pulmones infectados. 

Además, al respirar profundamente, algunas personas mayores pueden emitir sonidos sibilantes o crepitantes, como un borboteo leve. 

Esto es señal de líquido o inflamación en las vías respiratorias y es un síntoma grave.

Fatiga extrema y debilidad

La fatiga que acompaña a la bronconeumonía en mayores es intensa y desproporcionada a la actividad realizada. 

Por ejemplo, la persona puede sentirse demasiado débil para algo tan sencillo como levantarse de la cama. 

Es una sensación de agotamiento muy fuerte que va más allá del cansancio típico de otras infecciones respiratorias.

Dolor en el pecho

En personas mayores, este dolor puede atribuirse erróneamente a otros problemas cardíacos, sobre todo si tienen antecedentes de enfermedad cardíaca. 

Por eso, lo mejor es acudir al médico para que pueda descartar cualquier otra patología. 

Fíjate en si el dolor aumenta con la respiración profunda o si está localizado en un área específica, pues son detalles que ayudan a distinguir el dolor pleural del dolor cardíaco.

Confusión o desorientación (síntoma típico en mayores)

La confusión repentina es uno de los signos más característicos de bronconeumonía grave en personas mayores. 

Puede manifestarse de múltiples formas: dificultad para concentrarse, desorientación en tiempo o lugar, cambios en el comportamiento, apatía o agitación inusual.

Los médicos lo consideran una señal de alarma cuando acompaña a los síntomas respiratorios de la bronconeumonía. 

Empeoramiento de enfermedades crónicas

En los ancianos con bronconeumonía, el control de enfermedades crónicas se vuelve más difícil: en diabéticos, la glucosa en sangre en diabéticos puede volverse más inestable, o la persona con EPOC puede experimentar más dificultad respiratoria.

Además, cuando ya hay otras enfermedades presentes, al cuerpo le cuesta mucho más movilizar recursos inmunitarios para combatir la infección pulmonar.

Esto puede derivar en un empeoramiento de las patologías existentes y en una rápida evolución de la bronconeumonía. 

Señales de alarma que requieren atención médica urgente

Aunque en la tercera edad cualquier síntoma de bronconeumonía puede ser grave, hay algunos ante los que es necesario buscar atención médico urgente porque indican gravedad. Son:

Dificultad para respirar

La dificultad respiratoria que aparece también en reposo o que empeora rápidamente es señal de que los pulmones no están intercambiando oxígeno de manera adecuada. 

Esto puede indicar que la infección ha avanzado o que está desarrollándose una complicación grave.

Somnolencia anormal o confusión súbita

Si la persona que cuidas se vuelve inusualmente somnolienta, difícil de despertar, o si la confusión empeora, es una emergencia. Estos síntomas indican que el cerebro no está recibiendo suficiente oxígeno.

Oxigenación baja

Ten un pulsioxímetro en casa para ir comprobando la saturación de oxígeno. Si cae por debajo del 92%, o bien del 94% si existen factores de riesgo, busca atención médica. Por debajo del 88%, es una emergencia.

Fiebre persistente o escalofríos

Si la fiebre continúa sin mejorar después de varios días de tratamiento, o reaparece tras haber mejora, es que la infección no está controlada. Los escalofríos intensos también pueden ser señal de que está avanzando hacia una sepsis o shock séptico (fallo multiorgánico).

Cómo se diagnostica la bronconeumonía

El diagnóstico médico de la bronconeumonía combina evaluación clínica y pruebas complementarias. Veámoslo:

Exploración física

El primer paso es la exploración física. El médico escuchará los pulmones con un estetoscopio para detectar sonidos anormales, evaluará la frecuencia respiratoria, la saturación de oxígeno, la presencia de fiebre y otros signos vitales que indiquen gravedad.

Además, hará preguntas sobre el historial clínico, síntomas recientes y enfermedades crónicas, ya que esto influye en el tratamiento.

Radiografía de tórax

La radiografía de pecho es la prueba de imagen estándar para diagnosticar neumonía y bronconeumonía. 

En esta imagen, la infección pulmonar aparece como áreas de consolidación, parcheadas blancas o grises que reflejan la inflamación y el líquido acumulado. 

La radiografía también ayuda a determinar si la infección afecta a uno o varios lóbulos pulmonares.

Analítica y pruebas respiratorias

El médico solicitará un hemograma completo para evaluar el nivel de glóbulos blancos, ya que un número elevado indica que la infección está activa. 

Además, pedirá una prueba de proteína C reactiva (PCR), un marcador de inflamación que se eleva en la bronconeumonía bacteriana. 

En casos graves, el médico solicita hemocultivos para identificar la bacteria específica que causa la infección y así elegir el antibiótico más efectivo.

Después de la infección aguda se realiza una espirometría, una prueba respiratoria que muestra cómo están funcionando los pulmones, para evaluar si hay daño pulmonar residual.

Cómo prevenir la bronconeumonía en personas mayores

Con algunas medidas, la bronconeumonía es perfectamente prevenible en ancianos, sobre todo porque ya existen vacunas que reducen en un porcentaje bastante alto la probabilidad de enfermar:

Vacunación (gripe y neumococo)

La vacunación anual contra la gripe y el neumococo es la medida preventiva más efectiva a partir de los 60 años. 

Y es que las vacunas antineumocócicas, reducen las hospitalizaciones por neumonía hasta en un 60-70%, porcentaje que varía según el tipo de vacuna. 

Control de enfermedades crónicas respiratorias

Si hay enfermedades crónicas respiratorias previas, el adulto mayor es más vulnerable ante las bronconeumonías.

Por eso, es esencial controlarlas llevando al día la medicación, realizando ejercicios respiratorios y acudiendo a los controles médicos periódicos.

También será importante evitar que la persona se exponga a agravantes como humo, contaminación o cambios de temperatura extrema.

Hábitos de vida saludables

Cuánto más fortalecido esté su sistema inmunitario, menor propensión tendrá tu ser querido a las infecciones como la bronconeumonía. 

Hábitos saludables como estos ayudan a reforzar las defensas: 

  • Incluir en la alimentación suficientes proteínas, vitaminas y minerales. 
  • Consumir agua de manera regular para evitar la deshidratación.
  • Realizar ejercicio físico adaptado a sus capacidades.
  • Evitar el tabaquismo y el consumo de alcohol.
  • Asegurar un descanso de calidad y suficiente.

Incorpora estos hábitos poco a poco en su rutina diaria; verás cómo gana energía y resistencia frente a las infecciones respiratorias. 

Evitar contagios y ambientes fríos o húmedos

Especialmente en temporadas de alta circulación viral, es importante prevenir el contagio directo. Estas medidas básicas son suficientes si se aplican a cabo a diario:

  • Lavado frecuente de manos con agua y jabón.
  • Mantener las superficies limpias y desinfectadas.
  • Ventilar los espacios para reducir la concentración de gérmenes en el aire.
  • Evitar ambientes muy fríos o excesivamente húmedos, ya que pueden favorecer la proliferación de bacterias.
  • Distanciarse de personas enfermas o que presenten síntomas respiratorios para prevenir el contagio.

Por último, la higiene bucal diaria reduce hasta un 50% el riesgo de neumonía por aspiración en mayores. Procura que tu ser querido dedique tiempo a cepillarse los dientes o limpiar la dentadura de manera frecuente para evitar la entrada de bacterias hacia los pulmones.

Miryam Piqueras Bravo

Miryam Piqueras Bravo

Directora de Gobierno Clínico de Sanitas Mayores.

Doctora en Medicina Familiar y Comunitaria, con más de 13 años de experiencia en atención primaria, medicina socio-sanitaria, supervisión y dirección médica.
Nº de Colegiada: 282858641.

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