Capacidad intelectual

En contra de lo que muchos piensan, la capacidad intelectual de una persona no es medible. El cociente intelectual (CI) mide el pensamiento abstracto, basándose exclusivamente en la lógica y las matemáticas, pero no la capacidad intelectual, que engloba memoria, comprensión de los fenómenos que ocurren en el entorno, creatividad, desarrollo cognitivo, toma de decisiones, respuesta al estrés, control de las emociones, etc. Las nuevas concepciones de inteligencia está condicionada por la capacidad del individuo a adaptarse al entorno de forma eficaz, es decir, a desenvolverse con éxito en la sociedad en la que le ha tocado vivir.

No siempre las personas más inteligentes desde la perspectiva del CI son las que mejor se adaptan a la variabilidad y las exigencias, por ejemplo, de un entorno de trabajo. A veces es todo lo contrario y fracasan estrepitosamente cuando se les saca del ambiente en el que se sienten seguros por sus capacidades. Y esto hace que desde hace décadas se hayan realizado diferentes intentos para definir la capacidad intelectual o inteligencia.

Una de ellas es la que propugna el denominado factor G al que arroga el control de todas las habilidades cognitivas en su papel de factor de inteligencia dominante. Otras teorías diferencian entre la inteligencia fluida y la cristalizada. La primera se refiere a la flexibilidad del pensamiento y la capacidad de razonamiento abstracto. La otra, a la acumulación de conocimientos y habilidades a lo largo de la vida. También hay que sumar lo quese denomina inteligencia emocional y en cuya definición se trata de establecer la influencia de las emociones en la capacidad intelectual.

Capacidad intelectual

Sea como fuere, lo cierto es que en la actualidad no hay una definición clara de inteligencia que determine las cualidades que una persona ha de reunir para ser  superdotada, un término que se utiliza habitualmente para definir a aquéllos que destacan por alguna capacidad extraordinaria. Sin embargo, hay diferentes definiciones posibles, aunque las denominaciones varían casi constantemente:

  • Superdotado. Es aquélla persona que destaca de forma excepcional en diferentes áreas del conocimiento.
  • Dotado o de inteligencia superior. Es aquél que tiene un CI superior a 135.
  • Precoz. En este epígrafe se integran los niños que evidencian un desarrollo intelectual inusual para su edad, lo que no implica que sean o lleguen a ser superdotados.
  • Prodigio. Aquél que demuestra una capacidad fuera de lo común en un área concreta del conocimiento: música, pintura, memoria, etc.
  • Brillante. Define a quienes destacan en un contexto determinado por su capacidad.
  • Talento. Es una persona que tiene un rendimiento superior en un campo concreto, sea intelectual, creativo, deportivo, etc.
  • Excepcional. Se salen de la norma general, en uno u otro extremo.

Todos estos términos definen diversas situaciones de capacidad intelectual por elevación sobre la media o lo que se considera normal. Pero lo cierto es que debe entenderse como un concepto de potencialidad, ya que la educación, tanto familiar como académica, es determinante para mantenerla y desarrollarla, especialmente si se implementa de forma temprana. No en vano, el fracaso escolar es un problema que afecta a muchos superdotados, por su incapacidad de adaptarse a una norma educativa general que no estimula ni estimula el desarrollo de sus aptitudes.

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