Tratamiento del glaucoma congénito

El tratamiento del glaucoma congénito, sea éste primario o secundario, pasa en todos los casos por la cirugía, si bien en ocasiones es necesario el uso previo de fármacos con el fin de reducir o controlar la presión intraocular. Es por esta razón que cuanto antes se diagnostique la enfermedad y antes se proceda al tratamiento, mayores serán las posibilidades de recuperación. De hecho, si el diagnóstico se produce en el momento del nacimiento, el tratamiento debe ser inmediato ya que es el de peor pronóstico.

La elección de la técnica quirúrgica dependerá de las condiciones de opacidad o transparencia de la córnea. Y siempre se realiza en un solo ojo, aunque estén los dos afectados. El otro se intervendrá posteriormente.

Fundamentalmente, existen dos opciones para corregir la alteración del ángulo formado por la unión de la córnea y el iris y en el que inserta el sistema de drenaje del humor acuoso:
  

  • Goniotomía: sólo se puede utilizar esta técnica si la córnea mantiene su transparencia, de modo que el cirujano pueda ver el interior del ojo durante la intervención. Su objetivo es liberar el ángulo del tejido embrionario que provoca la obstrucción, lo que se consigue practicando una pequeña incisión una zona periférica de la córnea para acceder a la cámara anterior y así poder liberar la red trabecular, por la que se elimina el humor acuoso.
      
  • Trabeculectomía: se realiza siempre que la córnea ha perdido su transparencia, lo que en el glaucoma congénito es un hecho bastante frecuente, pero también por elección del cirujano en el resto de los casos. Básicamente consisten en abrir una nueva vía de drenaje accediendo al ángulo a través de la esclerótica.
glaucoma secundario

La intervención es exitosa en el 60-80% de los casos, pero cabe la posibilidad de que sea necesario realizar sucesivas cirugías hasta conseguir bajar la presión intraocular del ojo. Incluso puede ser necesario proceder a practicar un implante valvular, colocando un pequeño tubo para facilitar la eliminación del humor acuoso.

Pese a todo, hay que tener en cuenta que el tratamiento quirúrgico del glaucoma congénito puede tener importantes complicaciones, como es el caso de la inflamación o la infección intraocular, la formación de catarata, desprendimiento de retina o alteraciones de la córnea.

Estos niños, por otra parte, suelen presentar posteriormente miopía e incluso ambliopía y estrabismo. No obstante puede ocurrir una pérdida total de visión, especialmente si el tratamiento ha sido tardío y el mantenimiento de la presión ocular elevada durante un largo tiempo ha dañado irreversiblemente el nervio óptico. En todo caso, el 80% de los niños que padecen un glaucoma congénito llegan a la edad adulta con una aceptable capacidad visual.

   
  

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