Glaucoma de ángulo abierto

El glaucoma de ángulo abierto es el tipo de glaucoma que se da con mayor frecuencia (en torno al 90% de los casos) y se caracteriza porque es de desarrollo lento y progresivo, por lo general sin que inicialmente produzca síntomas. Puede aparecer a partir de los 50-60 años y la causa es esencialmente la elevación de la presión intraocular (PIO), si bien esta enfermedad ocular puede ser también consecuencia de la existencia de otras patologías, tanto oculares como sistémicas.

Su denominación se debe a que el ángulo que forman el iris y la córnea es el correcto, pero los canales de drenaje del humor acuoso se cierran progresivamente causando el aumento de la presión intraocular, que puede llegar a dañar el nervio óptico.

Factores de riesgo del glaucoma de ángulo abierto

Las autoridades sanitarias recomiendan que las personas mayores de 50 años se sometan a una revisión ocular bienal que incluya la medida de la presión intraocular. Si ésta es superior a los 21 mm de mercurio, puede ser un signo identificativo de la existencia de este tipo de glaucoma.

glaucoma de ángulo abierto

  • Antecedentes familiares: esta enfermedad ocular tiene un componente hereditario bien determinado, por lo que los descendientes de personas que han tenido un glaucoma tienen una mayor propensión a sufrirlo. En este caso se recomienda iniciar las revisiones oculares a partir de los 40 años y con una periodicidad anual.
  • Edad: puede aparecer entre los 50 y los 60 años, pero a partir de esta edad el riesgo se multiplica por seis, por lo que se recomienda al menos una revisión anual.
  • Diabetes mellitus tipo 2.
  • Hipertensión arterial.
  • Hipotensión arterial.
  • Miopía: el riesgo es especialmente elevado en personas con más de 7-8 dioptrías.
  • Tabaquismo.
  • Medicamentos: el tratamiento prolongado con corticoesteroides y fármacos vasoconstrictores favorece la aparición del glaucoma de ángulo abierto.
glaucoma de ángulo abierto

Detección precoz del glaucoma de ángulo abierto

La detección precoz es el principal reto en relación al glaucoma de ángulo abierto, ya que si no se trata convenientemente puede llevar a la ceguera al causar daños irreversibles en el nervio óptico. El problema es que no suele producir síntomas apreciables cuando comienza a desarrollarse. Las primeras alteraciones de la vista se limitan a la visión periférica y es difícilmente perceptible, ya que se mantiene la agudeza visual. Cuando ésta empieza a deteriorarse la enfermedad está ya muy avanzada.

En este sentido, la medición periódica (una vez cada dos años a partir de los 50 y una  al cumplir los 60) de la presión intraocular es la única manera de detectar la enfermedad en su fase inicial y poder instaurar un tratamiento que permita controlar su evolución y evitar su agravamiento.

Tratamiento del glaucoma congénito abierto

El glaucoma de ángulo abierto se trata inicialmente con medicamentos que permiten reducir y mantener la presión intraocular en valores de normalidad.  La cirugía sólo está indicada cuando los fármacos dejan de ser útiles, en cuyo caso es necesario abrir una vía de drenaje para que el humor acuoso pueda salir. La intervención se denomina trabeculectomía o, cuando se realiza con láser, trabeculoplastia.

   
  

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