El congelador no funciona

¡Atención: el congelador no funciona!

Aunque vamos hacia el frío, también vamos hacia la calefacción. Y si el congelador se estropea... presenta los mismos peligros como si sucediera en pleno verano.

El congelador desempeña un papel importante en la vida doméstica. Si deja de funcionar, se pueden seguir estas sencillas recomendaciones para evitar la descomposición de los alimentos y el mal olor resultante.

Si el problema se puede solucionar en 24 horas, lo más adecuado es dejar la comida en el interior con la puerta cerrada. Se debe evitar el abrir la puerta del frigorífico para comprobar el estado de la comida.

Ello sólo contribuirá a aumentar la temperatura. Si la reparación tardara más de un día en realizarse, es conveniente trasladar su contenido a otro frigorífico.

La rapidez en el deterioro de los alimentos durante el segundo día, depende de la cantidad de comida almacenada en el congelador. Si éste está lleno, el contenido se suele mantener refrigerado otro día más. Si se encuentra a media capacidad y en una habitación caldeada, la comida no tardará en descongelarse, comenzando a gotear.

Por lo general, los productos que lleven varias horas descongelándose no deben congelarse de nuevo, sino que han de desecharse. No obstante, ciertos alimentos resisten mejor la descongelación que otros (por ejemplo, los vegetales), por lo que deberá verificarse su estado, uno a uno.

"A veces no se puede calcular con exactitud el tiempo que los alimentos llevan descongelados. En ese caso, lo más razonable es prescindir de todos los alimentos contenidos en el frigorífico."

La comida precocinada y los mariscos no pueden volver a congelarse, así que deben desecharse, si la temperatura ha sido superior a 5°C durante más de tres horas. Para comprobarlo, basta con oprimir el envoltorio sin abrirlo; si se observan cristales de hielo, la temperatura es inferior a 5°C. Si no presenta cristales de hielo, desechar el producto.

La carne roja, la de ave y el pescado crudos resisten mejor la descongelación que los platos precocinados. La carne cruda aun expuesta a más de 5°C durante un máximo de seis horas, puede aprovecharse, consumiéndola de inmediato.

Para evitar cualquier riesgo, se ha de cocinar a una temperatura interna de 75°C (¡atención con el uso de plancha, parrilla o microondas, porque pueden quedar zonas centrales del alimento sin alcanzar esa temperatura!). Tanto la carne roja como las aves que conserven cristales de hielo, pueden volver a congelarse.

La fruta resiste muy bien la descongelación; la calidad apenas se resiente y puede cocinarse o consumirse directamente con toda tranquilidad. Si no presenta ningún signo de deterioro, también se puede volver a congelar. La verdura sólo podrá guardarse de nuevo en el congelador si todavía conserva cristales de hielo.

Los productos de panadería o repostería normalmente conservados varios días a temperatura ambiente, pueden volver a congelarse siempre que no se haya formado moho. Los postres cocinados al horno recubiertos o rellenos de nata o crema, así como flanes y helados, deberán desecharse.

A veces no se puede calcular con exactitud el tiempo que los alimentos llevan descongelados. En ese caso, lo más razonable es prescindir de todos los alimentos contenidos en el frigorífico. Un pan enmohecido es señal de que el congelador no funciona hace tiempo.

Los congeladores pueden contener una gran variedad de microbios criotróficos (los que se reproducen en el frío). Algunos resultan peligrosos; otros, simplemente producen mal olor. Cuando el congelador o el frigorífico dejan de funcionar, el aumento de temperatura contribuye a que estos microbios se multipliquen con gran rapidez.

El líquido que se desprende de los alimentos descongelados, puede filtrarse en las hendiduras y descomponerse, provocando malos olores en la nevera. Cuando se trata de refrigerador y congelador integrados en una sola unidad, los focos de infección pueden pasar del uno al otro, extendiendo el mal olor e incrementando el riesgo de intoxicación alimentaria.

Para evitarlo, limpiar a fondo los dos compartimentos con lejía de uso doméstico, diluida según las instrucciones de la etiqueta.

Al lavar las superficies interiores, se debe utilizar un paño nuevo y limpio, para evitar que los millones de microbios que podría contener un paño poco higiénico, vuelvan a contaminarlas. La limpieza debe concluir con un buen aclarado, mediante una solución débil de bicarbonato sódico.

El percibir olor a moho, suele estar relacionado con la presencia de ácidos grasos volátiles. Como las sales que los hongos forman con el sodio no son volátiles, el bicarbonato resulta muy eficaz para evitar su presencia.

Un congelador averiado, acarrea una pérdida de alimentos, tiempo y dinero. Por tanto, prever la forma en que se vaya a actuar en caso de emergencia.

Artículo firmado por el Dr. Carlos R. Jiménez

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