Deportista profesional y alimentos

Entrenamiento, Liga y Copa, participaciones internacionales, encuentros amistosos... forman el eje de una vida profesional deportiva, con amplias repercusiones en las actividades personales o familiares.

Un deportista profesional al iniciar la temporada recuerda habitualmente la importancia de su comportamiento: ante sí mismo, ante los compañeros de equipo, ante el club y ante los aficionados. Suficientes razones para planificar un estilo de vida adecuado.

El "secreto" reside en desarrollar al máximo tres aspectos básicos: saber comer, descansar y divertirse.

Los deportistas profesionales tienen la fortuna de identificar una buena parte de la diversión con su profesión. Los objetivos, además de tratar de estar siempre entre los mejores, podrían resumirse en:

  • Desarrollar velocidad y resistencia en el terreno de juego.
  • Recuperarse en el menor tiempo posible de fatiga o lesiones.
  • Facilitar al hígado su labor metabólica de asimilación y depuración.Facilitar al hígado su labor metabólica de asimilación y depuración.
  • Mantener el cerebro y sistema nervioso en condiciones óptimas.
  • Alargar y rentabilizar su vida deportiva.

Si descansar y vivir feliz influye notablemente en el rendimiento deportivo, una buena alimentación es sumamente importante en la forma física e inclusive en la actitud psíquica.

La alimentación de un deportista profesional debe estar diseñada y planificada con el contenido calórico necesario que mantenga un peso sin oscilaciones notorias y que proporciona un exacto equilibrio de los nutrientes contenidos en la dieta diaria.

Menú olímpico: ensalada, filete con verduras, zumo de naranja y yogur

Las comidas establecidas, deben seguir un patrón personal satisfactorio, atendiendo el aspecto apetitoso gastronómico como siguiendo un patrón de "cocina científica": menús sabrosos y apetitosos, pero con proporciones recomendables de nutrientes, utilizando materias primas en cantidades y calidades adecuadas, responsables de proporcionar un rendimiento óptimo. Energía física, psíquica, y recuperación celular.

Los alimentos utilizados serán los certificados con etiquetas que expliquen con claridad y convenientemente las kilocalorías y el contenido de los nutrientes contenidos. Un alimento mal etiquetado, debe ser rechazado.

Pauta de alimentación para un deportista profesional:

  • Agua: el primer alimento.
  • Planificar una alimentación equilibrada, variada y personal.
  • Base de la alimentación: hortalizas -patatas incluidas -, pan y cereales integrales, legumbres y frutas frescas. También pasta y arroz.
  • Aporte adecuado de alimentos proteícos: Pescado blanco o azul, carnes de pollo, pavo y ternera, huevos y frutos secos; también alguna vez, buena carne roja de vacuno.
  • Aporte controlado de alimentos con contenido graso. Restringir los alimentos ricos en grasas saturadas (embutidos, patés, quesos curados, mantequilla, margarina, beicon, bollería, chocolate y pastelería).
  • Vigilar el consumo de bebidas alcohólicas (cerveza, vino y otros alcoholes).
  • Consumir poco azúcar, mermeladas, pastelería y bollería.
  • No abusar de la sal, de patatas "chips" y alimentos con alto contenido en sal (anchoas, quesos curados, jamón, caldos preparados, patatas "chips"...).
  • Aporte adecuado de alimentos ricos en calcio (lácteos) y hierro (legumbres, algunas hortalizas, frutos secos, carnes y pescados).
  • Mantener un peso adecuado en función a una alimentación congruente con el ejercicio físico.

Los tres días previos a la competición, se consumirán alimentos fáciles de digerir y de transformar por el hígado, el cual durante la competición desarrollará un fuerte trabajo de depuración y recambio energético.

Estos días, mucho más el día anterior a la competición, hay que cuidar con mayor precisión los alimentos a consumir:

  • Recomendable: hortalizas - patatas incluidas -, frutas o zumos naturales, pan integral, legumbres, pasta y arroz; leche, yogures o quesos frescos, pollo o ternera, pescado blanco o azul, huevos y aceite de oliva.
  • Evitar: alimentos ricos en grasa y/o salados, bebidas alcohólicas, galletas y refrescos azucarados, helados, frituras, embutidos, quesos curados, jamón, margarinas, mantequilla, patés, pastelería y azúcares, chocolate y bollería.

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