Cómo evitar la operación bikini

Con la llegada del buen tiempo y el verano a la vista son muchas las personas que ponen en marcha la llamada operación bikini: se trata de eliminar esos cuantos quilos de más, michelines, cartucheras e incluso celulitis que se han adquirido durante el otoño y el invierno. Lo que no se ha hecho en todo ese tiempo pasa ahora factura y se busca una solución rápida para recuperar la imagen: dietas milagro, ayuno extremo, palizas en el gimnasio…

Y el mercado de la estética se lanza a captar personas, especialmente mujeres insatisfechas con su cuerpo: dietas revolucionarias, masajes reductores maravillosos, técnicas de estética basadas en tecnologías de vanguardia, revistas con dietas de lo más variopinto y sin referencias científicas…

Los datos disponibles a raíz de diferentes estudios realizados por sociedades científicas hablan por sí solos: el 42% de las dietas utilizadas para perder los quilos de más  son poco saludables (dietas hiperproteicas, disociadas, o basadas en un solo alimento; eliminación de alguna comida o ayuno).

Además, sólo la mitad de las personas que se someten a la llamada operación bikini simultanean la dieta con la práctica de algún tipo de ejercicio. Pero aún hay más: seis de cada diez mujeres abandonan estas dietas rápidas de adelgazamiento y el 70% lo hace a causa de sus efectos adversos; y de las que sí lo acaban el 70% son víctimas del conocido efecto yoyó y recuperan pronto los quilos perdidos.

Lo más importante es que nada de esto sería necesario si durante el resto del año no se relajaran los hábitos saludables de vida en relación a la alimentación y el ejercicio físico.   

evitar operación bikini

Algunos consejos

Hay algunas recomendaciones que pueden ayudar a enfrentar la operación bikini de una forma eficaz, segura e incluso divertida. La más importante debería ser que no debería haber operación bikini, es decir que no se debe pretender hacer en un par de meses, o incluso menos tiempo, lo que no se ha hecho en todo el año: hay que cambiar los hábitos, de modo que se lleve una alimentación saludable y se realice ejercicio físico moderado de manera continua. No obstante, llegado el caso, hay otras pautas a seguir:
  

  • Organizar los menús de la semana -comida y cena- y hacer una lista de la compra detallada. La improvisación es muy mala consejera. Es mejor la planificación. Los menús deben tener en cuenta los criterios contenidos en la pirámide nutricional: de todo y en la justa proporción.
  • Evitar excesos y controlar la cantidad de alimento que se pone en el plato.
  • Masticar lentamente, antes de tragar cada bocado: esto hará que la sensación de saciedad llegue antes.
  • Mantener los horarios de las comidas y hacer cinco comidas al día. Es recomendable ingerir una pieza de fruta a media mañana y media tarde.
  • Controlar la cantidad de grasa que se añade a las comidas: un máximo de dos cucharadas diarias de aceite, incluyendo el que se utiliza para cocinar.
  • Cocinar saludablemente; carnes y pescados a la plancha, verduras al vapor, etc.
  • Evitar el alcohol: proporciona un gran aporte de calorías.
  • Evitar el dulce y los aperitivos salados.
  • Y, fundamental: hacer ejercicio durante 30 a 45 minutos, al menos tres días a la semana.

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