Hipertensión arterial

La importancia del problema

Se estima que en torno al 20% de la población adulta occidental puede padecer hipertensión. Más del 50 % no lo saben. En España esta cifra abarca a 8 millones de adultos, de los cuales, tan sólo 4’8 millones tienen diagnosticada su enfermedad.

Pero destaca un hecho: de los pacientes diagnosticados, como máximo, el 25% tiene controlada la enfermedad. Es decir, que de los 8 millones iniciales, al final, tan sólo 1’2 millones de personas saben que padecen hipertensión y son conscientes de que han de cuidar el nivel de su tensión arterial. Los 6’2 millones restantes, los que no conocen su padecimiento así como los que no lo controlan, tienen entre otros riesgos: enfermedades coronarias (probabilidad normal multiplicada por 3), insuficiencia cardiaca (x6), y derrame cerebral (x7). Con estos datos queda claro que es necesario el cuidarse.
Definición

El corazón con sus latidos bombea sangre al resto del cuerpo. Cuando se contraen sus paredes musculares, bombea la sangre, que al salir del corazón ejerce una presión sobre las paredes de las arterias, cuya intensidad es posible medir.

Al contraerse el corazón, esta presión arterial es la tensión arterial sistólica (también llamada alta o máxima). Cuando se relaja (para que entre sangre de nuevo en sus cavidades), la presión arterial es la tensión arterial diastólica (también llamada baja o mínima).

Los factores que determinan la tensión arterial son los siguientes:

  • Volemia.
  • Contracción arterial.
  • Volumen, velocidad y viscosidad de la sangre

Alteraciones en cualquiera de estos factores puede dar lugar a problemas de la tensión arterial (hipotensión/hipertensión).

La tensión arterial normal varía según la edad y el momento concreto del día en que se mide. Por ello, es recomendable realizar una serie regular de mediciones para saber los niveles medios de tensión arterial.

Se deben tomar tres determinaciones de tensión arterial, en tres días diferentes, y en condiciones de reposo.

Los niveles aconsejados de una tensión normal son intentar no superar los 120 mmHg para la máxima o sistólica, y 80 mmHg para la mínima o diastólica, pero para considerar que una persona mayor de 18 años es hipertensa como enfermedad, deberá tener una tensión máxima mayor de 140, o una mínima mayor de 90, en cada una de las tres tomas mencionadas.
Detección de la tensión

La hipertensión puede no presentar síntomas hasta que su gravedad sea extrema. Entre sus síntomas podemos citar el sangrado por la nariz, los dolores de cabeza y el vértigo.

Es muy importante ser consciente de que no tener estos síntomas no significa que no se padezca ni que no se vaya a padecer de hipertensión, ya que muchos hipertensos son totalmente asintomáticos.

La única manera segura de controlar la enfermedad o de saber si se padece son los chequeos regulares de los niveles de tensión arterial, colesterol y glucemia. Un chequeo a tiempo puede salvar la vida de una persona hipertensa y evitar las graves consecuencias de la enfermedad (ictus, infarto)

Aunque afecta a hombres y mujeres por igual a medida que se va envejeciendo, suele afectar más intensamente a los hombres al comienzo de la etapa adulta. Por el contrario, conforme esta etapa va pasando, las mujeres tienen mayor probabilidad de padecer hipertensión.
Causas

Se sabe que la prevalencia de la hipertensión irá en aumento progresivo durante los próximos 20 años. En el 90 % de los casos no se encuentra una causa de la misma (hipertensión arterial primaria o esencial), si hay algunos factores de riesgo que pueden ayudar a desarrollar la enfermedad:

  • La diabetes
  • El estrés
  • El sedentarismo
  • La obesidad
  • El tabaquismo
  • El consumo de sal
  • El consumo de alcohol.

El 10 % de casos restantes es la denominada hipertensión arterial secundaria; en ella existe una causa estructural (por ej., estenosis vascular) o funcional (por ej., hiperaldosteronismo, insuficiencia renal) que si se soluciona, hace desaparecer también a la hipertensión arterial.

La causa principal de la hipertensión arterial es la arteriosclerosis, y los factores de riesgo ayudan a aumentar la arteriosclerosis.

La Sociedad Española de Hipertensión - Liga Española para la Lucha contra la Hipertensión - afirma que la influencia de la herencia genética a la hora de padecer hipertensión se sitúa entre el 30 y el 40%.

El resto de la probabilidad de padecer esta enfermedad se basa en los factores de riesgo vistos en el párrafo anterior.
Patogenia

  • Hipertensión arterial primaria: no tiene causa conocida. Cada vez más se piensa que es la unión de varios procesos aún no identificados, con base genética, los que dan lugar a la elevación de la tensión arterial.
  • Elemento 2
  • Elemento 3

La Angiotensina II, potente vasoconstrictora y facilitadora del crecimiento celular, es el principal determinante del mantenimiento de la HTA. La disfunción endotelial, que acompaña a la HTA, participa en la proliferación celular y en el desarrollo de arteriosclerosis.

  • Hipertensión arterial secundaria: aparece como resultado de alguna otra enfermedad. Las causas más frecuentes son:
  • Enfermedades endocrinas (de las glándulas): Síndrome de Cushing, tumores de las glándulas suprarrenales.
  • Enfermedades del riñón: estenosis (estrechez) de la arteria renal, glomerulonefritis, o fallo renal.

Prevención

El control de la hipertensión conlleva una reducción de entre un 20 y un 30% de la mortalidad cardiovascular. Prevenir a tiempo es sencillo. Estos consejos son básicos para controlar la enfermedad o para evitar su aparición:

  • Cuando la hipertensión ha sido diagnosticada y se ha aplicado un tratamiento, se ha de seguir rigurosamente las instrucciones médicas. Al hacerlo se puede llegar a reducir en un 30% las complicaciones renales, cardiovasculares y cerebrovasculares que son inherentes a la enfermedad.
  • Normalmente se ingiere mucha más cantidad de sal de la que se necesita; reducir su ingesta ayuda a controlar la enfermedad.
  • Se debe llevar a cabo una dieta equilibrada, evitando las grasas y reduciendo el consumo de sal. Esto último es fácil, no añadiendo sal a los alimentos (ni al ingerirlos ni al cocinarlos –utilizando por ejemplo especias como alternativas-), evitando las carnes precocinadas, los cereales en el desayuno, la mayonesa, la mantequilla con sal, el queso y el exceso de pan.
  • Es recomendable tomar frutas, verduras y alimentos ricos en fibra.
  • Practicar ejercicio físico con regularidad. Lo mejor, 40 minutos andando cada día a paso ligero y sobre superficie lisa. El objetivo es perder el peso sobrante, lo que provoca que la tensión arterial baje automáticamente. También es una buena manera de luchar contra los efectos negativos del sedentarismo y del estrés que dominan nuestra vida diaria.
  • Llevar una vida cardiosaludable. Si se bebe alcohol, hacerlo moderadamente. Y tomar otras decisiones como dejar de fumar.

Tratamiento

La hipertensión arterial no se puede curar, pero con un tratamiento se puede modificar su curso. El médico será el responsable de establecer el tratamiento más adecuado.

Objetivos del tratamiento:

  • El objetivo principal del tratamiento consiste en lograr una reducción máxima del riesgo total a largo plazo de enfermedades cardiovasculares. Esto exige el tratamiento de la propia hipertensión arterial, así como de todos los factores de riesgo reversibles acompañantes.
  • La tensión arterial debe reducirse, como mínimo, por debajo de 140/90 mm Hg (sistólica/diastólica) e incluso a valores inferiores, en caso de ser tolerados, en todos los hipertensos.
  • El objetivo de tensión arterial debe ser, como mínimo, de 130/80 mm Hg en los diabéticos y los pacientes de riesgo alto o muy alto, como los que presentan enfermedades clínicas acompañantes (ictus, infarto de miocardio, disfunción renal, proteinuria).
  • A pesar del uso de un tratamiento combinado, la reducción de la tensión arterial sistólica a 140 mm Hg puede ser difícil y más aún cuando el objetivo es una reducción a < 130 mm Hg. Cabe esperar dificultades adicionales en los ancianos y diabéticos, y, en general, en los pacientes con lesión cardiovascular.
  • A fin de lograr con mayor facilidad el objetivo de tensión arterial, el tratamiento antihipertensivo debe iniciarse antes de que surja una lesión cardiovascular significativa.

Modificaciones del estilo de vida

El reposo extra, las vacaciones prolongadas, la reducción moderada de peso y la restricción del sodio en la dieta no son tan eficaces como un tratamiento farmacológico antihipertensivo. Los enfermos con hipertensión no complicada no precisan limitar sus actividades mientras que su tensión arterial esté controlada. Las restricciones dietéticas pueden facilitar el control de la diabetes mellitus, obesidad y alteraciones lipídicas en la sangre. En la fase 1 de la hipertensión, la reducción de peso a niveles ideales, restricción moderada de sodio en la dieta hasta 2 g/d y consumo de alcohol hasta 28,35 g/d pueden evitar la utilización de fármacos. Debe fomentarse el ejercicio prudente. El consumo de tabaco debe desaprobarse claramente.
Farmacoterapia antihipertensiva

La mayoría de las autoridades aceptarían que los pacientes con tensión arterial sistólica media entre 140 a 159 mm hg y/o tensión arterial diastólica de 90 a 94 mm hg deben recibir farmacoterapia antihipertensiva si los cambios en el estilo de vida no modifican la tensión arterial. El beneficio de la farmacoterapia en enfermos con hipertensión en fase 1 es indudable. No hay datos sobre la eficacia de la terapéutica antihipertensiva en la hipertensión límite.

Cuando hay lesiones en los órganos diana u otros factores de riesgo, o cuando la tensión arterial sistólica es ≥ 160 mm hg y/o la diastólica es ≥ 100 mm hg, la farmacoterapia no debe ser retrasada para esperar los resultados dudosos de las modificaciones del estilo de vida. La insuficiencia cardíaca, aterosclerosis coronaria sintomática, enfermedad cerebrovascular e insuficiencia renal precisan tratamiento antihipertensivo urgente.

La elección del fármaco inicial debe guiarse por la edad del paciente, así como por las enfermedades o cuadros coexistentes que puedan representar una contraindicación para ciertos fármacos o una indicación especial de ciertos fármacos.

Tratamiento inicial con fármacos antihipertensivos.
Hipertensión arterial y ejercicio físico

Los posibles mecanismos de reducción de la hipertensión arterial a través de un plan de ejercicio físico son desconocidos. La mayor parte de las opiniones invocan una teoría multifactorial: disminución del gasto cardíaco, del estímulo nervioso simpático, de la renina plasmática, aumentos de la prostaglandina E.

La mayoría de los estudios evidencian reducción de las cifras tensionales entre las tres semanas y los tres meses del inicio de la práctica deportiva y aunque no se consiguen beneficios adicionales tras seis-nueve meses de actividad física, la posible acción hipotensora sólo se prolonga durante el programa de ejercicio.

En general se acepta que los planes de actividad física al 40-70% del VO2 máx. tienen el mismo efecto hipotensor y menos riesgo que los de mayor intensidad. Los programas de ejercicio suelen incluir actividad ligera tres-cuatro veces por semana 25-40 minutos. El trabajo físico más recomendado es el de tipo aeróbico y se indica, la de preferencia en la hipertensión esencial ligera y en la hipertensión nefrógena.

Se puede afirmar que la actividad física puede conseguir una reducción entre 5 y 1 0 mmHg tanto en la presión arterial sistólica como en la diastólica, especialmente en ciertos grupos de hipertensos ligeros. La práctica regular de ejercicio no es una panacea como tampoco lo es cualquier otro tratamiento hipotensor.

Imagen cardio hipertension


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