Cáncer de esófago


El esófago es un tubo muscular que conecta la boca con el estómago, tiene como función transportar los alimentos y líquidos que ingerimos. Está compuesto por varias capas: membrana mucosa, muscular y tejido conjuntivo. El cáncer de esófago suele comenzar en el tejido interior extendiéndose hacia el exterior a media que avanza.

El cáncer de esófago es uno de los diez tipos de cáncer más frecuentes en el mundo. En España, sin embargo, su incidencia apenas supone el 1% de todos los tumores lo que lo sitúa en el número 20 de la clasificación, según un informe publicado por la SEOM (Sociedad Española de Oncología Médica) en 2017. Es importante destacar, además, que el 84% de los casos se producen en varones y que la edad media de diagnóstico oscila entre los 55 y los 70 años.

Factores de riesgo del cáncer de esófago

Además de la edad y el sexo, en los términos ya mencionados, se han identificado una serie de factores de riesgo que favorecen el desarrollo de este tipo de cáncer:  

  • Enfermedad de reflujo gastroesofágico: especialmente cuando se da una sintomatología clara y persistente
  • Esófago de Barrett: las personas con esta enfermedad pueden desarrollar una displasia de las células de la mucosa, lo que está considerado como una lesión precancerosa.
  • Otras enfermedades: existen otras patologías a las que se considera como favorecedoras de este tipo de tumor: acalasia, síndrome de Plummer-Vinson o tilosis.
  • Obesidad: el sobrepeso excesivo favorece la aparición de reflujo gastroesofágico.
  • Tabaco y alcohol: ambos hábitos aumentan el riesgo de sufrir este tipo de cáncer, tanto más cuanto mayor es el consumo y especialmente si se combinan ambos factores.
  • Alimentación: aunque no se ha podido demostrar con absoluta certeza, se considera que un elevado consumo de carne procesada, la obesidad y el consumo excesivo de bebidas muy calientes favorecen la aparición del cáncer de esófago. Sin embargo, una dieta rica en frutas y verduras puede actuar como factor protector.
  • Exposición profesional a ciertas sustancias tóxicas: entre ellas figuran algunos disolventes habitualmente utilizados en tintorerías, habiéndose demostrado una relación causa-efecto en el desarrollo de cáncer de esófago en trabajadores de este tipo de establecimientos. La lejía es otro de los tóxicos que pueden inducirlo, siempre que se haya ingerido y haya causado lesiones en el esófago.
     

cáncer de esófago

Tipos de cáncer de esófago

  En función de las células que componen las diferentes capas de tejidos que conforman el esófago se distinguen dos tipos de cáncer:  

  • Carcinoma de células escamosas: afecta a las denominadas células escamosas, que se encuentran en la mucosa que reviste el interior del esófago. Se puede producir en cualquier parte del esófago.
  • Adenocarcinoma: se origina en las denominadas células glandulares que forman parte de la submucosa y que, en determinadas circunstancias, como en la enfermedad de Barrett, acaban reemplazando las células escamosas. El tumor suele aparecer en la parte inferior.
     

Síntomas del cáncer de esófago

El cáncer de esófago no produce síntomas en sus estadios iniciales, si se detecta antes suele ser por la realización de pruebas para diagnosticar otras enfermedades. Sin embargo, cuando este tipo de cáncer se manifiesta, los síntomas más frecuentes son los siguientes:

  • Disfagia: dificultad para tragar los alimentos o sensación de que se ha quedado detenido antes de llegar al estómago. El paciente suele evitar la ingesta de los alimentos sólidos y produce un cambio de hábitos alimentarios.
  • Pérdida de peso no justificada: en muchas ocasiones se produce debido a la dificultad de tragar los alimentos.
  • Otros síntomas: vómitos, hipo, tos crónica, ronquera y anemias.
  • Dolor torácico: es un síntoma poco frecuente, pero cuando se produce suele indicar que el cáncer se encuentra en fases avanzadas.
     

Diagnóstico y tratamiento del cáncer de esófago

Como hemos comentado, este tipo de cáncer no suele manifestar su presencia en fases iniciales, debido a esto su diagnóstico precoz es complicado. Únicamente se llega a él de forma casual, al realizar un estudio clínico motivado por otras causas o en los pacientes de alto riesgo. Por ejemplo, los pacientes con enfermedad de Barrett son sometidos a un estrecho seguimiento ante la posibilidad de que desarrollen una displasia, es decir, una lesión precancerosa.

Sin embargo, cuando se sospecha la aparición de este tipo de cáncer el médico primero realizará un historial clínico del paciente para conocer antecedentes y hábitos, y una exploración física para poder detectar anomalías. Se complementará con una radiografía de tórax, de estómago y esófago. Y como pruebas de confirmación se puede realizar una esofagoscopia para determinar el alcance de la lesión y/o una biopsia para analizar el tejido y confirmar si existen células cancerosas.

El tratamiento dependerá del estadio en el que se clasifique el tumor o, dicho de otro modo, de la fase en que se encuentre, de si está localizado o se ha extendido a otras partes del organismo. En cualquier caso, el tratamiento contemplará la posibilidad de extirpar el tumor mediante cirugía, así como la quimioterapia y la radioterapia. Estas opciones se pueden utilizar solas o en combinación.  

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