Las molestias digestivas o los dolores abdominales son muy comunes en las personas mayores pero, en ocasiones, esconden una diverticulitis.
Para que puedas prevenirla a tiempo, en este artículo te explicamos qué es exactamente, por qué aparece y cuáles son los factores de riesgo que debes tener en cuenta en el día a día de quien cuidas.
Al terminar de leer sabrás cómo identificar los síntomas, cuándo es necesario acudir al médico y, en definitiva, lo que puedes hacer para acompañar a tu ser querido con la tranquilidad que ambos necesitáis.
¿Qué es la diverticulitis?
La diverticulitis o enfermedad articular es la inflamación de los divertículos, unas pequeñas bolsas o sacos que se forman en la pared del colon (el intestino grueso).
La existencia de estos divertículos es muy común y no supone un problema siempre que no se infecten, momento en que aparecen síntomas dolorosos.
Diferencia entre diverticulitis y diverticulosis
La diverticulosis se refiere únicamente a la presencia de divertículos en el colon. La mayoría de las personas no presentan síntomas y, a menudo, ni siquiera saben que los tienen. No es una enfermedad, sino una condición.
La diverticulitis, en cambio, es la complicación de la diverticulosis. Solo un pequeño porcentaje de personas con diverticulosis (se calcula que entre un 10 % y un 25 %) desarrollará diverticulitis en algún momento de su vida.
En resumen, tener diverticulosis o enfermedad diverticular de colon es el factor de riesgo principal para desarrollar diverticulitis, pero no significa que vaya a ocurrir.
Cómo se produce la inflamación de los divertículos
La inflamación de los divertículos comienza cuando se produce una obstrucción en su abertura y las bacterias que normalmente viven en el intestino se multiplican dentro del divertículo, provocando una infección.
El cuerpo reacciona a esta infección con una respuesta inflamatoria: la zona se hincha, se enrojece y duele.
Otra posibilidad es que el aumento de la presión dentro del colon provoque micro perforaciones en la pared del divertículo, que las bacterias salgan al exterior y causen una inflamación localizada.
Causas de la diverticulitis
La diverticulitis no tiene una única causa, sino que es el resultado de una combinación de factores que aumentan la probabilidad de que los divertículos se inflamen, muchos de ellos relacionados con el estilo de vida (y, por tanto, modificables).
Factores de riesgo más comunes
Existen varios factores que predisponen a una persona a sufrir un episodio de diverticulitis:
- Tener diverticulosis: como hemos visto, es la condición previa indispensable.
- Dieta baja en fibra: es el factor de riesgo más estudiado y aceptado.
- Falta de actividad física: la actividad física regular promueve un buen funcionamiento intestinal y reduce el riesgo.
- Obesidad: la grasa acumulada en la zona abdominal aumenta la presión en el colon.
- Tabaquismo: fumar afecta negativamente a la salud vascular y general del intestino.
- Consumo de ciertos medicamentos: el uso frecuente de antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), como el ibuprofeno o la aspirina, y de corticoides.
Alimentación y estilo de vida
La salud del colon gira alrededor de una buena alimentación. Así, una dieta pobre en fibra provoca estreñimiento y heces más duras que obligan al colon a ejercer más presión para moverlas.
Con el tiempo, esta presión debilita la pared intestinal y facilita la formación de divertículos, que posteriormente pueden inflamarse y causar una diverticulitis.
Por el contrario, una dieta rica en fibra (presente en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales) ayuda a que las heces sean más blandas y transiten mejor por el intestino.
Los hábitos saludables también favorecen este tránsito: el deporte, por ejemplo, estimula el movimiento intestinal (peristaltismo). Además, beber suficiente agua es necesario para que la fibra actúe correctamente.
Edad y otros factores asociados
La prevalencia de la diverticulosis o enfermedad diverticular aumenta drásticamente con los años, hasta el punto de afectar a casi la mitad de la población mayor de 50 años.
Esto se debe a que, con el tiempo, los músculos del colon pierden tono y elasticidad, haciéndolo más susceptible a la formación de divertículos.
Aunque no se ha identificado un factor genético claro, sí se ha observado que existe cierta predisposición cuando en una familia ya hay casos previos.
Síntomas de la diverticulitis
Cuando un divertículo se inflama, los síntomas suelen ser bastante claros y, a menudo, aparecen de forma repentina.
Dolor abdominal y molestias más frecuentes
El síntoma principal y más característico de la diverticulitis es un dolor abdominal constante e intenso, localizado en la parte inferior izquierda del abdomen.
Esta es la ubicación más común porque es donde se encuentra el colon sigmoide, la zona donde suelen formarse la mayoría de los divertículos.
El dolor no suele ser de tipo cólico (que va y viene), sino persistente, y empeora con el movimiento, la palpación o la tos.
Fiebre, náuseas y otros signos asociados
Junto al dolor, la inflamación y la infección provocan una respuesta en todo el organismo. Los signos más frecuentes que acompañan al dolor abdominal son fiebre y escalofríos, náuseas y vómitos, pérdida de apetito y cambios en el ritmo intestinal. Puede aparecer estreñimiento o, con menos frecuencia, diarrea.
Cuándo acudir al médico
El cuadro clínico puede variar desde una molestia leve hasta un dolor agudo que requiere atención inmediata, cuya señal de alerta más inmediata es el dolor abdominal intenso, sobre todo si se acompaña de fiebre.
Otras complicaciones que indican que es necesario acudir a urgencias son la rigidez en el abdomen, los vómitos continuos o el sangrado rectal abundante.
La diverticulitis aguda puede derivar en problemas graves como un absceso (una bolsa de pus), una fístula (una conexión anormal entre el intestino y otro órgano) o una peritonitis (una infección grave de la cavidad abdominal), que requieren tratamiento inmediato.
Cómo afecta al diverticulitis a las heces y al tránsito intestinal
La inflamación del colon tiene un impacto directo en su funcionamiento que se refleja en cambios en las deposiciones, así como en el tránsito intestinal.
Cambios en la frecuencia de las deposiciones
La inflamación intestinal altera el movimiento normal del colon, que ralentiza el tránsito y provoca estreñimiento. En otros casos, la irritación del revestimiento del colon puede acelerarlo, provocando episodios de diarrea.
Diarrea o estreñimiento en la diverticulitis
El estreñimiento es más frecuente durante un brote agudo y, como cursa con inflamación y dolor, hace que la persona mayor evite el esfuerzo de la defecación.
La diarrea, aunque menos común, suele ser de pequeño volumen y a veces se alterna con periodos de estreñimiento. Es una señal de que el intestino está muy irritado.
Presencia de moco o sangre en las heces
La presencia sangre en las heces es otra posible manifestación de la diverticulitis y es signo de que la inflamación está dañando los pequeños vasos sanguíneos de la pared del colon.
Puede tratarse de un sangrado visible, de color rojo vivo o más oscuro, o de un sangrado oculto que solo se detecta mediante un análisis.
No siempre indica una complicación grave y, de hecho, suele ser más característica de una complicación llamada hemorragia diverticular (que ocurre sin inflamación). En todo caso, debe ser un médico quien lo confirme.
El moco en las heces, por su parte, es una respuesta del intestino a la inflamación que es relativamente común en un episodio de diverticulitis.
Cómo se diagnostica la diverticulitis
Ante la sospecha de diverticulitis, el médico iniciará un proceso de diagnóstico que combina la exploración física, el análisis de los síntomas y la realización de pruebas específicas.
Pruebas médicas más habituales
Se suelen realizar varias pruebas para confirmar el diagnóstico y descartar otras patologías:
- Exploración física: el médico palpará el abdomen para localizar el punto de máximo dolor y sensibilidad.
- Análisis de sangre: se realiza para buscar signos de infección, como un aumento de los glóbulos blancos (leucocitosis) y otros marcadores de inflamación como la proteína C reactiva (PCR) .
- Tomografía Axial Computarizada (TAC): es la prueba de imagen de elección para diagnosticar la diverticulitis aguda, porque permite ver el colon y los tejidos circundantes con gran detalle, incluyendo los divertículos inflamados y la presencia de posibles complicaciones como abscesos o perforaciones.
Unas semanas después de que la inflamación haya desaparecido, el médico puede valorar la realización de una colonoscopia para evaluar el estado del colon y descartar otras enfermedades.
Importancia de la detección precoz
El diagnóstico temprano es importantísimo para iniciar el tratamiento que alivie los síntomas cuanto antes y, más importante aún, para detener cualquier posible complicación.
Retrasar el diagnóstico solo puede llevar a que la inflamación progrese, lo que en adultos mayores puede llegar a requerir hospitalización, con el riesgo que conlleva.
Tratamientos para la diverticulitis
El tratamiento de la diverticulitis depende de la gravedad del episodio. Los casos leves y no complicados se pueden manejar en casa, mientras que los más graves requieren hospitalización y, en ocasiones, cirugía.
Tratamiento farmacológico (antibióticos y antiinflamatorios)
En los casos de diverticulitis aguda no complicada el tratamiento suele ser médico y se basa en la prescripción de antibióticos de amplio espectro para combatir la infección bacteriana, así como analgésicos para el dolor. El tratamiento suele durar entre 7 y 10 días.
Dieta en fase aguda
Durante un brote agudo de diverticulitis, el objetivo es reducir al mínimo el trabajo del colon.
Para ello, el médico recomendará una dieta de líquidos claros durante 2 o 3 días. Esto incluye agua, caldos colados, infusiones, zumos de fruta sin pulpa y gelatina. Esta medida permite que el intestino descanse y la inflamación disminuya.
A medida que los síntomas mejoran, se introduce gradualmente una dieta baja en fibra (dieta blanda), con alimentos como arroz blanco, pasta, pan blanco, pollo hervido o pescado blanco.
Casos graves y cirugía
En los casos graves, sobre todo en mayores, es necesario hospitalizar a la persona si tiene un dolor muy intenso, no tolera los líquidos, presenta fiebre alta o convive con otras enfermedades importantes.
En el hospital, el tratamiento incluye antibióticos intravenosos, fluidoterapia intravenosa para mantener la hidratación y ayuno completo para un reposo intestinal total.
La cirugía se reserva para complicaciones como peritonitis, abscesos que no se pueden drenar, fístulas u obstrucción intestinal.
Dieta recomendada en la diverticulitis
La alimentación es una pieza clave tanto en el manejo de un brote agudo como en la prevención de futuras recaídas, si bien las pautas dietéticas cambian según la fase de la enfermedad.
Qué comer durante un brote
Como ya hemos mencionado, durante la fase aguda de la diverticulitis la recomendación es seguir una dieta de líquidos claros.
A medida que el dolor y la inflamación ceden, y siempre bajo supervisión médica, se progresa a una dieta blanda y baja en fibra.
Algunos ejemplos de alimentos permitidos en esta fase son:
- Caldos desgrasados.
- Purés de patata o zanahoria.
- Arroz blanco cocido.
- Pescado blanco hervido o a la plancha.
- Pechuga de pollo o pavo sin piel, hervida o a la plancha.
- Pan blanco o tostadas.
- Frutas cocidas sin piel, como manzana o pera.
Una vez que los síntomas han desaparecido por completo, se reintroduce la fibra en la dieta de manera progresiva para no irritar el colon.
Alimentos a evitar
Durante un brote agudo y en la fase de recuperación inicial, se deben evitar todos los alimentos que son difíciles de digerir o que dejan muchos residuos en el colon, como por ejemplo:
- Alimentos ricos en fibra: cereales integrales, legumbres, verduras crudas, frutos secos, semillas.
- Alimentos grasos: frituras, embutidos, quesos curados.
- Carnes rojas.
- Bebidas con gas y alcohol.
- Comidas picantes o muy condimentadas.
Es importante desmentir un mito muy extendido: no hay evidencia científica que demuestre que comer frutos secos, semillas o palomitas de maíz cause diverticulitis.
Una vez superada la fase aguda, estos alimentos pueden formar parte de una dieta equilibrada.
Alimentación para prevenir recaídas
Una vez que el episodio agudo ha remitido por completo, el objetivo principal es prevenir futuros ataques.
La estrategia fundamental para ello es aumentar la fibra en la dieta para que facilite el tránsito intestinal y prevenir una nueva infección diverticular.
Esto se consigue incluyendo en la dieta diaria:
- Frutas y verduras: al menos 5 raciones al día.
- Legumbres: lentejas, garbanzos, alubias…
- Cereales integrales: pan integral, arroz integral, avena, quinoa.
Además, es indispensable beber abundante agua (al menos, 8 vasos al día) ya que la fibra sin suficiente líquido puede empeorar el estreñimiento.
Junto con la dieta, llevar un estilo de vida activo y mantener un peso saludable no solo ayudarán a prevenir la diverticulitis, sino que también contribuirán al bienestar general de la persona a la que cuidas.
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