Tras la menopausia, la mujer adulta mayor se enfrenta a una serie de cambios, como el prolapso uterino.
A pesar de que puede afectar muchísimo a la calidad de vida, muchas veces se encuentra envuelto en tabúes y no todas las mujeres que lo sufren buscan ayuda.
Si cuidas a una de ellas, en este artículo queremos compartir contigo algunos consejos para vivir con esta condición, además de darla a conocer.
Te explicaremos qué es el prolapso uterino, los diferentes grados y las opciones de tratamiento disponibles, así como sus síntomas más comunes.
Así, sabiendo cómo puede influir en la vida diaria, podrás acompañar mejor a la persona en el manejo del prolapso y facilitarle una vida más plena.
¿Qué es el prolapso uterino?
El prolapso uterino es una alteración del suelo pélvico de la mujer que ocurre cuando su red de músculos, ligamentos y tejidos se debilita o se estira.
Como resultado, la pelvis pierde su capacidad de soporte y desciende de su posición normal hacia la vagina, llegando incluso a sobresalir.
Por qué es más frecuente tras la menopausia
Las estadísticas indican que hasta el 50% de las mujeres mayores de 50 años presentan algún grado de prolapso genital. ¿Por qué ocurre esto precisamente ahora?
Porque los tejidos pélvicos han estado sometidos a décadas de tensión (debida a embarazos, partos, esfuerzos físicos o el simple paso del tiempo) y, al llegar a la menopausia, el organismo pierde la capacidad de regenerar y sostener esas estructuras con la misma eficacia que antes.
En este desgaste también influyen factores del estilo de vida, como el tabaquismo y el sobrepeso derivado de una mala alimentación.
La frecuencia del prolapso de órganos pélvicos aumenta con la edad y tras los partos vaginales, pero conviene distinguir entre prolapso detectado en la exploración y prolapso sintomático. En estudios poblacionales, muchas mujeres presentan algún grado de descenso anatómico sin síntomas, mientras que el prolapso con sensación de bulto vaginal es mucho menos frecuente. Por eso, es más preciso hablar de prolapso sintomático cuando afecta a la calidad de vida.
Cambios hormonales y debilidad del suelo pélvico
Tras la menopausia, el descenso de estrógenos puede contribuir a cambios en los tejidos vaginales y del suelo pélvico, pero el prolapso suele tener un origen multifactorial. Además de la edad y la transición menopáusica, influyen antecedentes obstétricos, aumento crónico de la presión abdominal, estreñimiento, tos crónica, obesidad y factores del tejido conectivo.
Con la llegada de la menopausia, los ovarios reducen drásticamente la producción de estrógenos, la hormona que mantiene la integridad de los tejidos conectivos de la pelvis.
Como consecuencia, estos pierden colágeno y elasticidad, volviéndose más finos, débiles y menos capaces de ofrecer el soporte que el útero necesita.
Es un proceso similar al que ocurre en la piel, que pierde firmeza con la edad. A nivel práctica, esto se traduce en que, ante cualquier presión intraabdominal cotidiana (como reír, toser, caminar o levantarse de una silla), los tejidos ya no recuperan su forma original y acaban cediendo.
Síntomas del prolapso uterino en mujeres menopáusicas
Los síntomas del prolapso uterino varían mucho de una mujer a otra, dependiendo de la gravedad del descenso. Al principio pueden pasar desapercibidos, pero a medida que el útero desciende, son cada vez más visibles.
Sensación de presión o “bulto” vaginal
El síntoma más característico es la pesadez o la presión en la pelvis, que algunas mujeres describen como "estar sentada sobre una pelota de tenis".
Esta sensación suele empeorar al final del día, después de haber estado mucho tiempo de pie, o al hacer esfuerzos como toser o levantar peso.
En casos más avanzados, se puede llegar a notar o incluso a ver un bulto de tejido que protruye por la abertura de la vagina.
Problemas urinarios y digestivos asociados
El descenso del útero afecta a los órganos cercanos, provocando una serie de disfunciones urinarias y digestivas:
- Incontinencia urinaria al toser, reír, estornudar o hacer ejercicio.
- Necesidad imperiosa y repentina de tener que ir al baño.
- Dificultad para controlar los gases o las heces.
- Problemas para vaciar la vejiga al completo.
- Infecciones de orina recurrentes.
- Estreñimiento.
Todos ellos indican que es necesario acudir con tu familiar a un especialista en ginecología.
Impacto en la vida diaria
Más allá de las molestias físicas, vivir con prolapso uterino sintomático puede generar un gran malestar emocional y social en las mujeres que los sufren.
Y es conviven con una preocupación constante por las pérdidas de orina, el dolor durante las relaciones sexuales o la necesidad de adaptar sus movimientos por la incomodidad.
Por vergüenza, y porque piensan que lo que les ocurre no es habitual, dejan de hacer deporte, salir con amigos o viajar y se aíslan.
Es fundamental que ayudes a quien cuidas a romper este silencio: hablar con el médico o ginecólogo es el primer paso para iniciar el tratamiento para el prolapso uterino que le devuelva la confianza y la calidad de vida.
Grados del prolapso uterino y cómo afectan a la calidad de vida
Los especialistas clasifican el prolapso uterino en diferentes grados o estadios según cuánto ha descendido el útero, que determinará el tipo de abordaje más adecuado.
Prolapso leve
En este estadio, el útero ha descendido ligeramente dentro del canal vaginal, pero todavía se encuentra en la mitad superior de la vagina.
Es muy probable que no produzca síntomas o que genere una leve pesadez después de estar mucho tiempo de pie o hacer un esfuerzo intenso.
En esta fase, el impacto en la calidad de vida es mínimo y, a menudo, se maneja con ejercicios y cambios en el estilo de vida.
Prolapso moderado
Aquí, el útero desciende hasta la abertura de la vagina y se agudizan los síntomas: la sensación de bulto o presión es más clara y pueden aparecer los problemas urinarios y las molestias durante las relaciones sexuales.
La calidad de vida comienza a verse afectada, ya que el prolapso interfiere en las actividades cotidianas.
Prolapso severo
En esta se habla de dos grados de prolapso uterino grave:
- Grado 3: el cuello del útero asoma por fuera de la abertura vaginal.
- Grado 4: el útero completo se encuentra fuera de la vagina.
En ambos casos, el bulto es visible y puede rozar con la ropa interior, causando irritación, úlceras o sangrado.
Además, las dificultades para orinar y defecar son constantes y las relaciones sexuales suelen ser dolorosas o imposibles.
Es en esta etapa cuando la mayoría de las mujeres buscan una solución quirúrgica al problema.
Cómo vivir con prolapso uterino tras la menopausia
A día de hoy existen muchas estrategias para vivir con prolapso uterino y que los síntomas no interfieran en el día a día de la persona que cuidas.
Adaptaciones en el día a día
Vivir con un prolapso uterino implica aprender a escuchar al cuerpo y ajustar ciertos hábitos cotidianos para minimizar las molestias:
- Descansar y elevar las piernas: cuando sienta pesadez o molestias, dile que se siente o se tumbe con las piernas elevadas para aliviar la presión.
- Evitar levantar objetos pesados: si tuviera que hacerlo, enséñale la técnica correcta, flexionando las rodillas y manteniendo la espalda recta.
- Controlar el estreñimiento: ayúdale a seguir una dieta rica en fibra y bebe abundantes líquidos para que sus deposiciones sean blandas y no tenga que hacer esfuerzos al ir al baño.
- Gestionar la tos crónica: si tu familiar fuma, buscar ayuda para que lo deje. Si tiene alergias o asma, consulta con su médico para tenerlas bajo control.
Otro gesto muy efectivo es la "activación anticipatoria", una técnica protectora activa del suelo pélvico que consiste en contraerlo suavemente antes de movimientos que puedan comprometerlo. Así, la presión abdominal que se genera no recae de golpe sobre el útero.
Actividad física recomendada
La actividad física es necesaria para mantener el buen tono muscular en todo el cuerpo, incluido la zona pélvica.
Sin embargo, debes evitar las actividades de alto impacto como correr, saltar o el levantamiento de pesas sin supervisión, ya que aumentan la presión.
En su lugar, es mejor optar por ejercicios que fortalezcan el core (la musculatura profunda del abdomen y la espalda) y no sobrecarguen la pelvis: pilates, yoga, ejercicios de Kegel, natación, aquagym o caminar a buen ritmo.
Un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico puede diseñar un programa de ejercicios seguro y personalizado.
Relaciones sexuales y bienestar emocional
El prolapso puede afectar a la vida íntima, generando dolor (dispareunia), sequedad vaginal (muy común en la menopausia) o simplemente incomodidad y falta de confianza.
Existen algunas soluciones recomendadas por la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia, como el uso de lubricantes hidratantes o la búsqueda de posturas más cómodas, que pueden ayudarte a recuperar una vida sexual satisfactoria.
Lo ideal es consultarlo con el ginecólogo, que puede plantear tratamientos hormonales locales, fisioterapia y otros enfoques complementarios entre sí.
Cuándo el prolapso afecta más a la calidad de vida
El prolapso se convierte en un problema cuando impide llevar una vida normal. Si la sensación de bulto es constante, la persona tiene miedo a salir de casa por la incontinencia, si el dolor te impide disfrutar de sus aficiones o si su vida íntima se ha visto anulada, es el momento de hablar con un especialista sobre las opciones de tratamiento más avanzadas, incluida la cirugía.
Tratamiento del prolapso uterino
El prolapso uterino tiene tratamiento, si bien su objetivo no es la cura anatómica perfecta sino aliviar los síntomas para que la mujer adulta mayor pueda volver a sus actividades sin molestias.
La elección del tratamiento se toma junto a su médico y/o ginecólogo, teniendo en cuenta la gravedad, el estado de salud general y las preferencias personales.
Tratamientos no quirúrgicos (ejercicios de suelo pélvico, pesario)
Para los prolapsos leves o moderados, o para mujeres que no desean o no pueden operarse, las opciones conservadoras suelen ser la primera línea de actuación:
- Ejercicios de Kegel: consisten en contraer y relajar los músculos del suelo pélvico para fortalecerlos y mejorar el soporte de los órganos.
- Fisioterapia de suelo pélvico: un fisioterapeuta especializado evalúa el estado de la musculatura y enseña a contraerla y relajarla correctamente, a coordinarla con la respiración y a integrarla en los movimientos diarios para mitigar los síntomas.
- Pesario vaginal: es un dispositivo de silicona, de diferentes formas y tamaños, que se introduce en la vagina para recolocar y sostener los órganos pélvicos. Alivia los síntomas de forma inmediata.
Todas ellas son opciones que pueden complementarse entre sí para maximizar los beneficios, pero cada caso es único y será el fisioterapeuta quien aconsejará mejor a quien cuidas.
Tratamiento quirúrgico: cuándo se recomienda
La indicación de cirugía no depende solo del grado anatómico, sino sobre todo de la intensidad de los síntomas, el impacto en la calidad de vida, el tipo de prolapso, la función urinaria o defecatoria asociada y las preferencias de la paciente. Algunas mujeres con prolapsos avanzados pueden manejarse con pesario, y otras con prolapsos menos avanzados pueden valorar cirugía si los síntomas son muy limitantes.
Existen diferentes técnicas quirúrgicas según la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia:
- Cirugía reconstructiva: su objetivo es devolver los órganos a su posición original, conservando la función vaginal. Se puede realizar a través de la vagina o del abdomen (laparoscopia) y puede utilizar los propios tejidos de la paciente o mallas sintéticas para reforzar el soporte.
- Histerectomía: consiste en la extirpación del útero. Se realiza en combinación con una cirugía reconstructiva para reparar el suelo pélvico. Es una opción a considerar en mujeres que ya no desean tener hijos y tienen un prolapso severo.
- Cirugía obliterativa: cierra parcial o totalmente el canal vaginal. Es un procedimiento muy eficaz y con una recuperación más sencilla, pero impide las relaciones sexuales con penetración. Es una buena opción para mujeres que no desean mantener actividad sexual en el futuro.
La decisión de operar debe tomarse conjuntamente con el ginecólogo y el cirujano, valorando los beneficios y los posibles riesgos.
Tratamientos hormonales y su papel
Dado que la debilidad de los tejidos está directamente relacionada con la falta de estrógenos tras la menopausia, en algunos casos se pueden recomendar tratamientos hormonales locales.
Los estrógenos vaginales pueden ser útiles en mujeres posmenopáusicas con síndrome genitourinario de la menopausia (sequedad, irritación, dolor con las relaciones o molestias con el pesario). Sin embargo, la evidencia disponible no demuestra con claridad que, por sí solos, corrijan el prolapso o mejoren de forma relevante su estadio anatómico; su papel es sobre todo complementario y sintomático.
Consejos para mejorar los síntomas del prolapso uterino
Además de los tratamientos médicos, hay algunos hábitos saludables que protegen el suelo pélvico y mejoran la sintomatología a largo plazo.
Ejercicios de Kegel
Para aprender a contraer la musculatura del suelo pélvico, no se recomienda usar de forma habitual la interrupción del chorro, porque puede alterar el vaciado vesical si se repite. Es preferible recibir indicaciones de un profesional de fisioterapia de suelo pélvico, que puede enseñar la técnica correcta y adaptar el programa de ejercicios a cada caso.
Evitar esfuerzos y presión abdominal
La presión ejercida hacia abajo debilita el suelo pélvico, así que hay algunos movimientos y gestos que deben hacerse de manera más controlada para minimizarla todo lo posible.
Por ejemplo, explica a la mujer mayor que cuidas que no empuje al ir al baño. Facilítale un pequeño taburete bajo los pies para elevar las rodillas y facilitar la evacuación sin esfuerzo.
Los movimientos que aumentan mucho la presión intraabdominal o se realizan sin control pueden empeorar los síntomas en algunas mujeres. La tolerancia al ejercicio debe individualizarse y, cuando sea posible, revisarse con fisioterapia de suelo pélvico o con el equipo clínico.
Control del peso y hábitos saludables
El exceso de peso ejerce una presión constante sobre el suelo pélvico, debilitándolo, así que es imprescindible minimizarlo.
Junto con la práctica regular de ejercicio de bajo impacto, la mejor herramienta para ello es una dieta equilibrada, rica en fibra y nutrientes (como la mediterránea), que además previene el estreñimiento, uno de los grandes enemigos de un suelo pélvico sano.
Como ves, tienes a tu alcance el conocimiento para ayudar a quien cuidas a convivir con el prolapso uterino; tan solo es necesario que des un paso adelante y confíes en profesionales de la salud especializados.
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