Ponerse lentillas por primera vez puede resultar algo complicado. Acercar los dedos al ojo, controlar el parpadeo y conseguir que la lente quede bien colocada requiere cierta práctica. Sin embargo, aprender la técnica adecuada y mantener unos buenos hábitos de higiene hace que el proceso resulte cada vez más sencillo.
Además de saber cómo poner unas lentillas, conviene conocer qué prácticas pueden irritar el ojo o favorecer infecciones. Las lentes de contacto son productos sanitarios y deben utilizarse siguiendo las indicaciones del especialista, tanto en su colocación como en su limpieza, conservación y tiempo de uso.
Cómo ponerse unas lentillas por primera vez: guía básica
Si vas a ponerte lentillas por primera vez, es normal que necesites varios intentos. Busca un lugar bien iluminado, utiliza un espejo y procura no tener prisa. Antes de empezar, comprueba qué lente corresponde a cada ojo si tienen distinta graduación y sigue siempre las instrucciones de uso y mantenimiento indicadas para tu tipo de lentillas.
La técnica se aprende con la práctica, pero el tipo de lente, su graduación y su adaptación deben responder a las necesidades de cada persona. Contar con un seguimiento profesional ayuda a comprobar que las lentillas se ajustan correctamente y a resolver posibles molestias durante su uso. Algunas pólizas incluyen prestaciones relacionadas con gafas y lentes de contacto, como la cobertura de óptica de Sanitas.
Paso 1: higiene de manos y preparación
Antes de tocar las lentillas, lávate bien las manos con agua y jabón, acláralas y sécalas con una toalla limpia que no deje pelusas. La AEMPS incluye el lavado de manos previo a cualquier manipulación de las lentes entre sus principales recomendaciones para reducir el riesgo de infección.
Evita tener restos de crema, maquillaje u otros productos en los dedos. Después, saca la lente de su envase o estuche con cuidado y colócala sobre la yema del dedo índice. Comprueba que está limpia, intacta y húmeda. Si observas una rotura, suciedad que no puedes eliminar o cualquier desperfecto, no te la pongas.
En las lentillas reutilizables, utiliza únicamente la solución de mantenimiento recomendada para limpiarlas, desinfectarlas y conservarlas. El agua del grifo no sirve para este fin.
Paso 2: cómo saber si la lentilla está del revés o del derecho
Una de las dudas habituales cuando se aprende cómo se ponen las lentillas es distinguir su orientación. Coloca la lente sobre la punta del dedo y obsérvala de perfil.
Cuando está del derecho, suele adoptar una forma similar a un pequeño cuenco, con los bordes dirigidos hacia arriba. Si está del revés, estos tienden a abrirse hacia fuera y la lente adquiere un aspecto más parecido al de un plato poco profundo. Algunas incorporan números o marcas que facilitan comprobar la posición.
Si te has puesto una lentilla al revés, es frecuente notar incomodidad, movimiento excesivo o una visión que no termina de ser nítida. Retírala con las manos limpias, comprueba su orientación y vuelve a colocarla siguiendo las instrucciones de mantenimiento correspondientes.
Paso 3: técnica fácil para colocar la lentilla en el ojo
Con la lentilla sobre el índice, utiliza la otra mano para mantener sujeto el párpado superior y evitar que se cierre al acercarte. Con un dedo de la mano que sostiene la lente, baja suavemente el párpado inferior. Mira de frente o ligeramente hacia arriba, según la técnica que te haya enseñado el profesional, y acerca la lente despacio hasta depositarla sobre el ojo. Después, suelta los párpados poco a poco y parpadea suavemente para que termine de asentarse.
Si la lentilla no se queda en el ojo y continúa pegándose al dedo, comprueba que la yema está bien seca y que la lente mantiene su humedad y su forma. Tampoco conviene insistir una y otra vez si se ha doblado, caído o ensuciado: límpiala y desinféctala de acuerdo con las instrucciones de uso o utiliza una nueva si es desechable.
Una lente bien colocada debe quedar centrada y ofrecer una visión adecuada sin provocar dolor ni una molestia persistente. Si notas que algo no va bien, retírala en lugar de intentar acostumbrarte a la incomodidad.
Los errores más comunes al ponerse las lentillas
Muchos problemas relacionados con el uso de lentes de contacto no proceden de la colocación en sí, sino de pequeños hábitos cotidianos. Prestar atención a la higiene y evitar el contacto con sustancias que puedan contaminarlas ayuda a proteger los ojos y a utilizarlas con mayor seguridad. Para conocer otros riesgos asociados a un uso incorrecto, puedes consultar este artículo sobre el mal uso de las lentillas.
Olvidar la higiene de las manos o del estuche
Manipular una lentilla con las manos sucias facilita que microorganismos o partículas lleguen hasta el ojo. La misma atención merece el estuche de las lentes reutilizables.
Después de utilizarlo, debe limpiarse siguiendo las indicaciones de la solución de mantenimiento, vaciarse y dejarse secar. No se debe aclarar el estuche con agua del grifo ni rellenar la solución usada añadiendo simplemente líquido nuevo. Se recomienda limpiarlo con solución para lentes y sustituirlo periódicamente y la AEMPS aconseja mantenerlo limpio y renovarlo cada tres a seis meses.
Ducharse, nadar o usar agua del grifo con las lentillas puestas
El agua y las lentillas no son una buena combinación. Ducharse o nadar con ellas puestas, así como enjuagarlas o almacenarlas con agua del grifo, expone el ojo a microorganismos que pueden causar infecciones.
Entre ellos se encuentra Acanthamoeba, una ameba presente en distintas fuentes de agua que puede provocar una infección grave de la córnea conocida como queratitis por Acanthamoeba y que puede llegar a ocasionar la pérdida de la visión. Por este motivo, hay que quitarse las lentes antes de ducharse, nadar o entrar en una bañera de hidromasaje.
Maquillarse en el orden incorrecto
El orden ayuda a evitar que restos de máscara de pestañas, sombra, delineador u otros cosméticos acaben en la lente. Lo recomendable es colocarse primero las lentillas y maquillarse después.
Al final del día, sucede al contrario: primero hay que retirar las lentes con las manos limpias y después desmaquillarse. Así se reduce la posibilidad de ensuciarlas durante la manipulación.
Guardar las lentillas en saliva o soluciones no adecuadas
Si no tienes líquido de mantenimiento, ni el agua ni la saliva son alternativas. La saliva no es estéril y el agua puede contener microorganismos capaces de provocar infecciones oculares. Lo recomendable es utilizar exclusivamente las soluciones indicadas para enjuagar y almacenar las lentes de contacto.
Tampoco es aconsejable reutilizar el líquido que ha quedado en el estuche. En el caso de las lentes reutilizables, cada ciclo de almacenamiento debe hacerse con solución nueva y siguiendo las instrucciones específicas del producto.
Frotarse los ojos si sientes una molestia o cuerpo extraño
Si notas arenilla, picor, dolor, visión borrosa o la sensación de que la lentilla se mueve de manera anormal, no te frotes el ojo para intentar recolocarla. Retírala con las manos limpias y comprueba si está invertida, sucia, doblada o dañada.
Si el dolor, el enrojecimiento, el lagrimeo o las alteraciones de la visión persisten después de quitar la lente, es necesario consultar con un profesional sanitario. Puedes recurrir a los especialistas en Oftalmología de Sanitas para valorar cualquier problema ocular.
Trucos para poner lentillas si te cuesta o tienes reflejo de parpadeo
El reflejo de cerrar los párpados cuando algo se acerca al ojo es completamente natural. Por eso, más que intentar hacerlo deprisa, suele funcionar mejor aprender la técnica poco a poco y repetir siempre los mismos movimientos.
Un espejo bien iluminado, colocar los codos sobre una superficie estable y mantener firmemente abiertos ambos párpados pueden facilitar el proceso. Si tras varios intentos el ojo está irritado, es preferible descansar y retomarlo más tarde.
La prueba de la media luna para comprobar la orientación
Además de observar la lente sobre el dedo, puedes realizar la conocida como prueba de la media luna o del taco. Sujeta con mucha suavidad los laterales de una lentilla blanda entre el pulgar y el índice y aproxímalos ligeramente.
Si los bordes se curvan hacia dentro de forma regular, la orientación suele ser correcta. Si se abren hacia fuera, es probable que esté invertida. No es necesario apretar ni deformar la lente: basta con una comprobación suave.
Consejos para perder el miedo a tocarte el ojo
La dificultad inicial suele estar más relacionada con el reflejo de parpadeo que con la propia lentilla. Practica primero frente al espejo cómo mantener abiertos los párpados con las manos limpias. Cuando vayas a colocarla, mira un punto fijo y acércate sin movimientos bruscos.
Procura reservar unos minutos para aprender sin prisas. Forzar varios intentos seguidos cuando el ojo está lagrimeando o irritado dificulta todavía más la colocación. Con la práctica, los movimientos suelen hacerse más naturales.
Si el miedo o la dificultad continúan, un profesional puede volver a enseñarte la técnica y comprobar que el tipo, tamaño y adaptación de las lentes sean adecuados para tus ojos.
Preguntas frecuentes sobre el uso de lentillas
¿Qué pasa si me pongo la lentilla al revés?
Una lente blanda colocada del revés normalmente no se adapta al ojo de la forma prevista. Puedes notar que se mueve más, que molesta al parpadear o que la visión no es tan nítida.
Si sospechas que está invertida, retírala, comprueba su forma y vuelve a colocarla correctamente siguiendo las pautas de higiene. Si continúa molestando, no sigas utilizándola hasta comprobar que está limpia, intacta y correctamente orientada.
¿Cuánto tiempo se tarda en acostumbrarse a las lentillas?
No existe un tiempo idéntico para todo el mundo, pues la adaptación varía según la persona. Es normal notar una ligera sensación de cuerpo extraño los primeros días, pero no debe ser doloroso. Si sientes dolor, irritación persistente o lagrimeo excesivo, retira las lentillas y consulta a tu óptico; no esperes a que desaparezca solo.