La anemia en las personas mayores

La edad es un factor de riesgo importante en relación con la anemia, pero en el caso de las personas mayores esta patología tiene un origen multifactorial y en el que el proceso de envejecimiento tiene una importante responsabilidad. El problema es que en aproximadamente un 25-30% de los casos no se llega a identificar su causa. También hay que destacar el hecho de que a edades avanzados es habitual el uso de numerosos fármacos, muchos de los cuales pueden inducir la aparición de la anemia.

La anemia en las personas mayores puede ser de diferentes tipos:

  • Anemia asociada a enfermedades crónicas: es la más frecuente en el ámbito de la Geriatría. Suele ser el primer síntoma de enfermedades la artritis reumatoide, insuficiencia renal crónica, malnutrición proteica, infecciones urinarias de larga evolución, enfermedades hepáticas, alcoholismo, etc. Este tipo de anemias apenas suele producir síntomas y se debe tratar la enfermedad que la causa para que se revierta. Ni el hierro, ni los folatos, ni complejos vitamínicos tienen efecto sobre ella. Únicamente en los casos en que cursa con una clínica apreciable cabe la posibilidad de someter al paciente a una transfusión de sangre.
      
  • Anemia ferropénica: es la segunda en frecuencia. Se caracteriza porque la analítica evidencia un déficit de hierro y en las personas mayores suele producirse fundamentalmente como consecuencia de  una pérdida crónica de sangre con las heces a causa de patologías como la gastritis, la hernia de hiato, una úlcera péptica o el cáncer colorrectal. También hay algunos fármacos que dificultan la absorción del hierro (calcio, antiácidos, algunos antibióticos, etc.). Solo en las personas que viven solas cabe platearse un déficit nutricional de hierro como causa de la anemia.
      
    El tratamiento se centra en el porte de hierro en forma de sulfato ferroso durante un periodo de tres a seis meses, aunque será necesario tratar la causa para el organismo pueda absorberlo de forma adecuada.
anemia en las personas mayores
  • Anemia megaloblástica: se debe a un déficit de vitamina B12 y/o ácido fólico. Se desarrollan lentamente, sin apenas producir síntomas, aunque sí alteraciones morfológicas y de funcionalidad tanto en los leucocitos como en los glóbulos rojos y las plaquetas. En el caso de la deficiencia de vitamina B12 pueden ocasionar una sintomatología neurológica de carácter degenerativo que pueden llegar a ser irreversibles (alteración del gusto, el olfato y la vista; trastornos de la marcha; entumecimiento de pies y manos; irritabilidad; demencia; psicosis, etc.)
       
    Ambos tipos de anemia, la de vitamina B12 y la de ácido fólico, pueden deberse a un déficit de ambos nutrientes en la dieta habitual, aunque en el primer caso el origen puede estar en un problema de absorción en el sistema digestivo. La de ácido fólico, sin embargo, es mayoritariamente de origen nutricional y se da con frecuencia en personas mayores que viven solas, que descuidan su alimentación, o que presentan algún trastorno neuropsiquiátrico. También en los alcohólicos. La primera se trata con inyecciones intramusculares de cianocobalamina y la otra con folatos administrados por vía oral. Asimismo, será necesario redefinir la dieta para asegurar el porte necesario de estos nutrientes.
      
  • Anemia hemolítica: se destruyen los glóbulos rojos muy rápidamente y suele estar asociada a enfermedades como la leucemia linfática crónicas o el linfoma o el consumo de determinados fármacos. 

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