Desarrollo psicomotor en el primer año de vida

Desde una perspectiva temporal, no todos los niños tienen el mismo desarrollo psicomotor –no empiezan a hacer las mismas cosas en el mismo momento de su vida–, pues todo depende de la maduración del cerebro y de la cantidad e intensidad de estímulos que reciben de su entorno, sin olvidar la manera en que influyen los condicionantes genéticos, la alimentación y el extracto socio-cultural en el que crecen. En cualquier caso, los primeros años de vida son fundamentales, pues en ellos tienen su mayor capacidad de aprendizaje y son como esponjas cuando reciben los estímulos adecuados. De ahí la importancia de jugar con ellos, hablarles y estimularles constantemente para que aprendan cosas nuevas.

Desarrollo psicomotor en el primer año de vida

Desarrollo motor

En los dos primeros meses después de nacer, el bebé pasa la mayor parte del tiempo tumbado y durmiendo, pues hasta transcurrido este periodo no será capaz de mantener la cabeza erguida cuando se le coge en brazos o se le sienta. Esto último podrá realizarlo por si solo sin ayudarse con las manos en torno a los siete meses de edad. Y dos meses después empezará a gatear y será capaz de mantener de pie si tiene puntos de apoyo. Los primeros pasos puede darlos al cumplir el año y poco tiempo después será capaz de andar de forma autónoma.

Sin embargo, no hay que olvidar que estos tiempos en desarrollo motor no serán los mismos para todos los niños, de modo que habrá algunos que no sean capaces de sentarse hasta los nueve meses o empezar a gatear a los doce y a andar hasta los 18.

Visión y manipulación de objetos

Aunque el niño empieza a ver en los primeros días de vida, lo cierto es que su visión es borrosa. No es hasta los dos meses que empieza a seguir los objetos con la mirada y poco después incluso girando el cuello. Pero hasta los cuatro meses su vista no es lo suficientemente perfecta como para mostrar el interés por todo lo que le rodea, especialmente por los objetos de color más intenso. El uso de móviles en la cuna servirá para estimular el desarrollo de la visión. No obstante, habrá que prestar atención a eventuales movimientos raros de los ojos o si uno de ellos  se desvía de forma continúa hacia la nariz.

La visión es fundamental para la manipulación de objetos. Sin embargo, los primeros meses el bebé mantiene continuamente las manos cerradas, que se abren progresivamente hasta que en torno a los 3-4 meses empieza a coger cosas y llevárselas a la boca. Dos meses después será capaz de utilizar ambas manos (son ambidiestros) indistintamente llevando los objetos de una a otra. Pero la capacidad de prensión con dos dedos (índice y pulgar) no la desarrollará hasta aproximadamente los 10-11 meses.

Oído y lenguaje

El oído es fundamental para el desarrollo del lenguaje. En los primeros meses se puede comprobar que el bebé oye porque se sobresalta y llora ante sonidos fuertes y presta atención a la voz de sus padres y las personas de su entorno. Ya a los tres meses son capaces de girar la cabeza en dirección a la procedencia de los sonidos y poco a poco desarrolla la capacidad de identificar su procedencia (cinco meses) El niño tiene que oír bien y comprender para poder comunicarse con gestos y poder hablar. Pero no es hasta los 9 meses cuando responde al oír su nombre o es capaz de discernir el tono de voz para saber cuándo se le está dando una orden.

En lo que respecta al lenguaje, al principio se expresa con el llanto hasta que empieza a balbucear o emitir monosílabos, lo que suele ocurrir al cumplir el medio año. Dos meses más tarde empieza unir sílabas, pero no es hasta los doce meses cuando dice sus primeras palabras y puede decir papá o mamá. Hablarle constantemente será una buena manera de estimular el desarrollo del lenguaje.

Desarrollo social y personal

Las primeras muestras de un comportamiento social del bebé, se producen a los dos meses con la primera sonrisa, generalmente dirigida a la madre, su imagen fundamental de referencia. Poco a poco, se extiende al reconocimiento de las personas más cercanas, a las que celebra con risas y aspavientos. A partir de ese momento, se desata su curiosidad por todo lo que le rodea, sonidos, colores, objetos... Todo le llama la atención y cuando comienza a gatear se aventura a explorar. Es a los seis meses cuando hay que empezar a inculcarle las primeras normas de conducta y la disciplina requerida para comer y dormir.

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