Tos ferina en recién nacidos

La tos ferina es una enfermedad infecciosa grave de las vías respiratorias, causada por una bacteria denominada Bordetella pertusis, que se contagia fácilmente a través de las gotas de humedad que se expelen al toser o hablar y que quedan suspendidas en el aire.

En la actualidad el calendario de vacunación infantil incluye una vacuna que es altamente efectiva, lo que hace que esta enfermedad sea especialmente frecuente en niños recién nacidos, puesto que la vacuna se administra a los 2 y 4 meses de edad y la vacunación de la madre no inmuniza al feto, aunque si se efectúa en torno a la 27 semana de gestación puede brindarle cierta protección.

Pese a todo, conviene señalar que en los últimos tiempos se ha registrado un aumento de esta infección entre los adolescentes y adultos. De ahí que en algunos países desarrollados se recomiende lo que se denomina estrategia del nido para prevenir la tos ferina en los recién nacidos menores de tres meses, en tanto reciben la vacuna. Ello implica no sólo vacunar a la madre cuando la gestación esté avanzada, sino también a todo el entorno familiar (padre, hermanos, abuelos, etc.) al menos dos semanas antes de su nacimiento.

De este modo se logra reducir en un 70% las posibilidades de que el neonato pueda sufrir la enfermedad. Hay que tener en cuenta que los recién nacidos presentan un mayor riesgo de complicaciones a consecuencia de la tos ferina, hasta el punto de poder llegar a causar su fallecimiento.    

tos ferina recién nacido

Síntomas de la tos ferina

El periodo de incubación de la tos ferina es de una a dos semanas, periodo durante el cual el recién nacido permanece asintomático y transcurrido el cual se producen los primeros síntomas:
  

  • Febrícula.
  • Estornudos.
  • Lagrimeo.
  • Rinitis.
  • Una tos leve, seca e irritativa que se produce principalmente durante la noche y que se hace gradualmente más intensa, llegando a producirse accesos de tos convulsiva que dificultan la respiración hasta el punto de causarle apneas.
      

Al finalizar cada crisis se pueden producir vómitos o pérdida de consciencia. Además, la frecuencia de los accesos de tos hace que la cara del bebé se hinche y que puedan aparecer pequeñas hemorragias, petequias, incontinencia urinaria, ulceraciones en el frenillo por el roce con los dientes, etc.

El periodo de convalecencia puede prolongarse hasta tres semanas, reduciéndose gradualmente los accesos de tos hasta desaparecer.
  
Tratamiento de la tos ferina
El 70% de los niños menores de un año y la totalidad de los bebés de 2-3 meses que sufren tos ferina requieren ser hospitalizados para su tratamiento que implica el uso de antibióticos, antitusígenos (la codeína está contraindicada) y en ocasiones incluso la sedación. 

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