Celulitis ¿leyenda o realidad?

La celulitis es la evolución de un aumento de grasa mal atendido.

Hoy día, estudios de diversos niveles han atestiguado que la celulitis es un estado de “inflamación crónica” de los adipositos - las células que almacenan grasa - las cuales, debido a su sobrecarga tóxica y /o dificultad de drenaje, comienzan a padecer trastornos de transporte, con acumulación de toxinas, triglicéridos y moléculas de agua, ocasionando pequeños apelotonamientos de grasa en el tejido subcutáneo, que comprimen los espacios intercelulares y linfáticos.

La celulitis y el sentido femenino de la estética, se presta a todo tipo desmedido de especulación, sin detrimento a que existan efectivas terapias medicamentosas, de aparatología y cirugía plástica en manos de médicos especializados.

En todo caso, hay que resguardarse de los “remedios definitivos” donde entran cremas, píldoras y todo tipo de “agitaciones” y temperaturas locales, opciones alejadas de una supervisión científica formal.

La celulitis se origina fundamentalmente por una alimentación placentera en demasía, seguida de sedentarismo, e influenciada por desequilibrio hormonal, estrés, tabaco y herencia.

Por ello, la celulitis fue arrinconada como una fantasía de señoras - o señores - “comilones”, que no querían reconocer su exceso alimentario. Sin embargo, aunque con frecuencia esté ligado a ello, algunas veces existe un trastorno constitucional, metabólico y hormonal, que se sobreañade al exceso en el comer y beber, con la tendencia a incrementarse. De ahí la importancia en consultar con el especialista de Endocrinología.

La celulitis se origina fundamentalmente por una alimentación placentera en demasía, (pastelería, harinas refinadas, azúcar, grasas y alcohol), seguida de sedentarismo, e influenciada por desequilibrio hormonal, estrés, tabaco y herencia.

Puede clasificarse en tres niveles, dependiendo de su evolución o antigüedad:

  • Celulitis blanda. Grasa con buen contenido de agua.
  • Celulitis dura. Grasa hacia la denominada “inflamación crónica”.
  • Celulitis esclerótica, grasa muy sólida y degenerada, “en perdigones” o lipoesclerosis.

El tratamiento mas eficaz en los niveles I y II es la dieta, la terapia drenadora y actividad física.

La Cirugía Plástica y Reparadora es un medio terapéutico resolutivo, siempre que la indicación sea la precisa y que el paciente fuera instruido en saber comer correctamente. Muchas veces el olvidar esa fundamental coherencia dietética, inutiliza y distorsiona una acertada intervención del cirujano.

Unos consejos generales:

  • Beber como mínimo 2 litros de agua al día.
  • Cocinar los alimentos a la plancha, al vapor o de forma sencilla, en todo caso evitando los fritos.
  • Paseos de 30-45 minutos diarios o algún otro tipo de actividad física ligera (nadar, bailar, subir y bajar escaleras,…)

Tratamientos complementarios a una pauta de alimentación o de reparación quirúrgica:

  • Hormonoterapia sustitutiva en casos de deficiencia endocrina.
  • Mesoterapia. Es el tratamiento de elección no invasivo en los casos de grasa localizada. Consiste en inyectar a nivel subcutáneo y en las zonas más problemáticas, fármacos efectivos e inocuos, con el fin de movilizar y facilitar el drenaje de la grasa estancada en células e intersticios. Debe ser práctica exclusivamente de consulta médica.
  • Los aceites poliinsaturados de pescado azul, de rosa mosqueta y de onagra son los más notables regeneradores de la piel, administrados por vía oral.

Cualquier terapéutica orientada a mejorar esa grasa subcutánea distorsionada, a la cual se admite denominar “celulitis”, debe ser estudiada y prescrita por médicos especializados en endocrinología o dermatología.

Se debe rechazar cualquier intrusismo o “última novedad”, no certificada científicamente y aprobada por el Ministerio de Sanidad y Consumo.

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