Cáncer de útero


El útero es parte del aparato reproductor femenino. Este órgano se divide en dos partes: el cuello del útero y el cuerpo del útero, que está recubierto internamente por el endometrio. Cuando las células que componen el útero se alteran y se comienzan a dividir de manera incontrolada se desarrolla el tumor. Si estas células tumorales invaden el tejido sano del útero se produce el cáncer de útero.

Existen dos tipos de cáncer de útero:

  • Cáncer de endometrio: es muy común que el cáncer de útero comience en el endometrio, debido a que es la cara interna que lo recubre. Este tumor afecta principalmente a mujeres postmenopáusicas.
  • Cáncer de cuello uterino: es un tumor que se origina por la infección con el virus del papiloma humano (VPH), en un porcentaje muy alto. Se produce con menos frecuencia que el de endometrio, pero puede presentarse en mujeres de cualquier edad.
     

cáncer de útero

Cáncer de endometrio

El cáncer de endometrio también se conoce como adenocarcinoma endometrial. Existen dos tipos:

  • Tipo I: es menos agresivo y se producen con mayor frecuencia. Afecta a mujeres más jóvenes que suelen estar en los años anteriores a la menopausia o en sus inicios. Su pronóstico es mejor.
  • Tipo II: es un tipo de tumor que afecta a mujeres mayores y es muy agresivo. Su evolución es rápida, pero se manifiesta con menor frecuencia.
     

La causa principal de que se produzca este tipo de cáncer está en una alimentación rica em grasas. Los factores de riesgo que aumentan la probabilidad de tener cáncer de endometrio son: obesidad, diabetes, hipertensión, o bien, no haber tenido hijos, problemas en la menstruación, inicio temprano de la menstruación y retirada tardía y consumir medicación alta en estrógenos.

El principal signo o síntoma que pueden hacer sospechar la presencia de un cáncer de endometrio es el sangrado anormal. Como sangrado anormal se considera que existe sangrado entre menstruaciones, sangrados irregulares o abundantes, o bien sangrado postmenopáusico.

Si se producen estos síntomas y los resultados de la citología (prueba de Papanicolau) son anormales, el médico realizará una biopsia del tejido endometrial para confirmar o no la existencia del cáncer. Cuando este tipo de cáncer se detecta a tiempo el índice de supervivencia es alto.

El tratamiento dependerá del estadio en el que se encuentre el tumor. Si solo afecta al útero se realizará una histerectomía (extirpación del útero), así como de las trompas de Falopio y de los ovarios. Sin embargo, si el cáncer está más avanzado, se ha diseminado, se puede combinar diferentes procedimientos para mejorar su pronóstico, como la cirugía, la radioterapia, la quimioterapia o de tratamiento con progesterona.

Cáncer de cuello uterino

El cáncer de cuello uterino también se conoce como cáncer cervical o cáncer de cérvix. Se origina en las células que revisten el cuello del útero, generalmente por la presencia del VPH que se transmite a través de las relaciones sexuales.

El VPH es el factor de riesgo más importante pero también influyen: el tabaco, el herpes genital, mantener relaciones sexuales con muchas parejas o con hombres con antecedentes de relaciones sexuales múltiples o el uso de anticonceptivos orales.

El cáncer de cérvix es asintomático, pero algunos síntomas de su sospecha es que en ocasiones se produce sangrado después de mantener relaciones sexuales o resultan dolorosas. Las revisiones ginecológicas son determinantes para detectar a tiempo este tumor a través de la citología. Si bien, en la actualidad se dispone de una vacuna que se administra a las adolescentes de 14 años y que puede prevenir la aparición de este tipo de cáncer.

El tratamiento del cáncer de cérvix depende del estadio en el que se encuentre el tumor. Si solo afecta a la superficie del cuello, el médico puede realizar una conización con láser o bisturí. Si el tumor se está extendido a otras partes del útero se puede practicar una histerectomía incluyendo los órganos afectados. Pero cuando se encuentra en fases más avanzadas, se realizará una cirugía abierta o laparoscopia para determinar si afecta a los ganglios linfáticos. Tras la cirugía, la radioterapia es el tratamiento principal, en ocasiones acompañada por bajas dosis de quimioterapia para que sea más eficaz.

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