Tratamiento de la tríada

La tríada es la lesión de rodilla más temida por los deportistas de élite ya que se pueden ver afectados los meniscos y los ligamentos cruzados y laterales. El problema fundamental es que, además de que el tratamiento es siempre quirúrgico y que requiere un largo periodo de rehabilitación (entre seis y doce meses), no se puede garantizar la total recuperación de su funcionalidad, pudiendo causar una retirada prematura del deporte de competición.

Esta lesión tan grave suele producirse como consecuencia de una desaceleración brusca de la carrera, en la que el pie se queda clavado en el suelo y se produce una rotación de la tibia sobre el fémur de tal intensidad que las estructuras blandas de la rodilla no pueden soportar. El momento de la lesión se caracteriza, además de por el intenso dolor y la incapacidad para caminar, porque se produce un chasquido claramente audible por el propio afectado y las personas que se encuentran junto a él.

En el 70% de los casos la lesión afecta al ligamento cruzado anterior, el ligamento lateral interno y uno de los dos meniscos, siendo el menisco externo el más frecuentemente implicado. Sin embargo, la lesión más grave, aunque infrecuente es la denominada péntada, que afecta al ligamento cruzado anterior, los dos ligamentos laterales y ambos meniscos.

Tratamiento de la tríada

Por todo ello, la precisión del diagnóstico es esencial a la hora de definir el tratamiento más adecuado. Para ello hay que determinar el grado de lesión de cada estructura implicada y luego evaluar cómo todas ellas afectan al conjunto de la articulación. Tanto el menisco como los ligamentos cruzados necesitarán siempre un tratamiento quirúrgico, pero la técnica escogida será fundamental para una recuperación total, especialmente en lo que respecta a los deportistas de élite.

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Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que la resección de uno de los meniscos puede aumentar la carga articular entre un 40% y un 700% y, como consecuencia, dañar el cartílago y posteriormente producir, sobrecarga, derrames y dolor cuando se realice un ejercicio intenso, además de acelerar el desarrollo de una artrosis. Es lo que se conoce como síndrome postmeniscal, que puede incapacitar para la práctica deportiva de competición.

De ahí que en la actualidad se trate de reparar el menisco, eliminar la menor parte posible del mismo o, en caso de que haya que resecarlo en gran parte o en su totalidad, sustituirlo por un implante o realizar un aloinjerto, es decir, un trasplante de tejido procedente de cadáver. Esta última técnica solo se recomendará en personas menores de 45-50 años con un elevado nivel de actividad física, dada la frecuencia de las posibles complicaciones. La intervención se realiza por lo general mediante la técnica de artroscopia, aunque en ocasiones puede ser necesaria la cirugía abierta.

En lo que respecta a la reparación de los ligamentos, hay que señalar que los laterales se recuperan en el proceso de rehabilitación. Sin embargo, el ligamento cruzado anterior plantea un problema diferente, especialmente si ha sufrido una rotura total, ya que no se puede suturar ni reanclar, por lo que la única técnica quirúrgica posible sería la de un injerto autólogo (utilizando el tendón rotuliano) o de cadáver. En la actualidad la tendencia es operar sólo si el paciente es joven y deportista. En caso contrario, se suele diferir la cirugía hasta más adelante, pues algunas personas, incluso si son deportistas de élite puede llegar a recuperar la funcionalidad de la rodilla y continuar compitiendo aún con el ligamento cruzado anterior roto.

En cualquier caso, la clave del tratamiento de la tríada es la reparación o sustitución del menisco afectado y el largo proceso de rehabilitación posterior, que no sólo es muy largo (entre seis y doce meses, dependiendo del tipo de lesión), sino que resulta muy sacrificado.

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