Las fracturas en adultos mayores son uno de los problemas de salud más comunes y preocupantes en la tercera edad. La rotura de huesos en la tercera edad no solo limita la movilidad, sino que compromete la autonomía y la calidad de vida.
Por ello, entender sus causas, conocer los tipos de fracturas en el adulto mayor y adoptar medidas preventivas resulta esencial para proteger la salud ósea y prevenir complicaciones. Te lo contamos, a continuación.
¿Por qué las fracturas óseas son comunes en el adulto mayor?
A medida que el organismo envejece, los huesos se vuelven más frágiles y propensos a sufrir fracturas ante pequeños golpes o caídas. La pérdida progresiva de masa ósea, unida a otros factores físicos y ambientales, explica por qué el riesgo de fractura en el adulto mayor es significativamente superior al de etapas anteriores de la vida.
Cambios óseos y factores de riesgo asociados a la edad
El principal motivo es la osteoporosis, una enfermedad que debilita el tejido óseo, reduciendo su densidad y resistencia. Con los años, el cuerpo absorbe más calcio del que repone, haciendo que los huesos se vuelvan más porosos y frágiles. Las mujeres posmenopáusicas presentan un riesgo especialmente elevado debido a los cambios hormonales.
Otros factores que aumentan la posibilidad de las fracturas en ancianos son la pérdida de equilibrio, la disminución de la masa muscular y problemas visuales. Estos cambios físicos favorecen las caídas, principal desencadenante de la fractura.
Actividades y situaciones que aumentan el riesgo de fracturas
Las actividades cotidianas pueden representar un riesgo si no se adaptan al estado físico del anciano. Subir escaleras sin apoyo, utilizar alfombras sueltas o caminar por superficies resbaladizas incrementa las posibilidades de caída y, con ello, de fractura. Las caídas dentro del hogar son la causa más habitual de fracturas en el adulto mayor.
Tipos más frecuentes de fracturas en personas mayores
Las fracturas en mayores no tienen siempre el mismo origen ni las mismas consecuencias. En función del hueso afectado y de la gravedad de la rotura, el impacto sobre la movilidad, la autonomía y la calidad de vida puede variar considerablemente. Las fracturas más habituales en la tercera edad suelen estar relacionadas con caídas, aunque en personas con osteoporosis avanzada pueden producirse incluso de forma espontánea.
Fracturas de cadera, muñeca y columna vertebral
La fractura de cadera es, sin duda, la más temida y frecuente. Ocurre normalmente tras una caída, especialmente en el entorno del hogar. El impacto suele ser directo sobre la cadera, provocando la rotura del fémur en su zona superior. El tratamiento requiere intervención quirúrgica, ya sea mediante colocación de una prótesis parcial o total, o mediante osteosíntesis. En muchos casos, esta fractura supone una pérdida importante de autonomía, haciendo que el paciente dependa de un andador o silla de ruedas.
Las fracturas de muñeca se producen cuando la persona, al caer, intenta frenar el golpe con las manos. Afectan habitualmente al radio distal. Aunque suelen considerarse menos graves, su recuperación puede complicarse en ancianos debido a la pérdida de fuerza y movilidad en la mano, dificultando actividades cotidianas como vestirse, cocinar o sujetar objetos.
En cuanto a las fracturas vertebrales, son particularmente silenciosas y peligrosas. No siempre requieren un traumatismo externo, ya que el propio debilitamiento del hueso puede provocar el colapso de las vértebras (aplastamiento). El paciente puede notar dolor intenso en la espalda, pérdida de estatura y curvatura progresiva del tronco (cifosis). Estas fracturas limitan la movilidad y favorecen el dolor crónico si no se diagnostican y tratan correctamente.
Otras fracturas comunes y su impacto en la movilidad
Existen otras fracturas menos conocidas pero frecuentes en ancianos. Las fracturas de hombro, especialmente del húmero proximal, son habituales en caídas laterales. Estas lesiones dificultan levantar el brazo, peinarse o vestirse. Las fracturas de pelvis, aunque menos visibles, son especialmente incapacitantes, ya que comprometen la estabilidad y la marcha. A menudo no requieren cirugía, pero sí un largo periodo de reposo y fisioterapia.
Las fracturas de costillas suelen producirse tras caídas o incluso después de un fuerte golpe de tos en personas con osteoporosis. Generan dolor agudo y dificultan la respiración profunda, lo que incrementa el riesgo de complicaciones respiratorias.
Las fracturas de tobillo y de otras partes del pie, aunque permiten el tratamiento conservador en muchos casos, también representan una pérdida temporal de autonomía, al impedir la deambulación durante semanas.
En todos los casos, estas lesiones limitan la movilidad del adulto mayor y favorecen la aparición del síndrome de inmovilidad. Además, una fractura previa es uno de los principales factores de riesgo para sufrir una segunda rotura, debido al miedo a caerse, la pérdida de masa muscular y el deterioro funcional que sigue al reposo prolongado. Por este motivo, tras cualquier fractura, el anciano debe iniciar un plan de prevención secundaria y rehabilitación adaptada.
Tratamiento y cuidados tras una fractura en el adulto mayor
El tratamiento de las fracturas en personas mayores depende del tipo y gravedad de la rotura. En general, el abordaje combina tratamiento médico, inmovilización y un programa de rehabilitación individualizado.
Opciones médicas y rehabilitación especializada
En casos de fracturas de cadera o columna, la cirugía suele ser necesaria para estabilizar el hueso y facilitar la recuperación. Tras la intervención, el paciente debe iniciar cuanto antes un proceso de rehabilitación especializada, enfocado en recuperar fuerza, equilibrio y movilidad.
La fisioterapia incluye ejercicios de fortalecimiento muscular, entrenamiento para caminar y técnicas para prevenir el dolor. La terapia ocupacional enseña al paciente a realizar actividades cotidianas adaptadas a sus nuevas capacidades.
En Sanitas ofrecemos planes personalizados de recuperación, priorizando la seguridad y el bienestar del paciente durante todas las fases del tratamiento.
Estrategias para prevenir nuevas fracturas y caídas
Tras una fractura, es fundamental aplicar medidas preventivas para evitar nuevas caídas. Revisar el entorno doméstico, instalar ayudas técnicas (barras de apoyo, suelos antideslizantes) y valorar el uso de bastón o andador ayudan a reducir el riesgo.
El tratamiento de la osteoporosis con suplementos de calcio y vitamina D, así como con medicamentos específicos, es clave para fortalecer los huesos y prevenir fracturas futuras. La actividad física regular, adaptada a las capacidades de la persona, también contribuye a mejorar la salud ósea y el equilibrio.