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Síndrome de Turner: qué es, síntomas y diagnóstico

05/06/2026
Síndrome de Turner

El síndrome de Turner es una alteración cromosómica que afecta al desarrollo de niñas y mujeres. Puede manifestarse de formas muy diferentes: algunas señales son visibles desde el nacimiento, mientras que en otros casos se detecta más tarde, por baja estatura, retraso en la pubertad o dificultades relacionadas con la función ovárica.

Aunque no tiene cura, el diagnóstico temprano y el seguimiento médico ayudan a tratar muchas de sus manifestaciones y a prevenir complicaciones. Por eso, conocer qué es el síndrome de Turner, cuáles son sus síntomas y cómo se aborda permite acompañar mejor a las niñas, adolescentes y mujeres que conviven con esta condición.

¿Qué es el síndrome de Turner?

El síndrome de Turner es una condición genética que aparece cuando una niña o mujer tiene ausencia total o parcial de uno de los dos cromosomas X. En lugar de tener dos cromosomas sexuales completos, puede faltar uno de ellos por completo, estar alterado o presentarse en forma de mosaico, es decir, con algunas células con una composición cromosómica y otras con otra. 

No todas las personas con síndrome de Turner presentan los mismos signos. La expresión clínica varía mucho según el tipo de alteración cromosómica y otros factores individuales. En algunos casos, el diagnóstico se sospecha en el embarazo por hallazgos ecográficos. En otros, se identifica en el nacimiento, durante la infancia o incluso en la adolescencia, cuando no se produce la pubertad de forma esperada.

Causas del síndrome de Turner: ¿por qué ocurre?

La causa del síndrome de Turner está en una alteración de los cromosomas sexuales. Lo más habitual es que falte total o parcialmente un cromosoma X. Esta alteración puede ocurrir durante la formación del óvulo o del espermatozoide, o en las primeras divisiones celulares tras la fecundación.

En muchos casos se produce una monosomía X, también conocida como 45,X, en la que falta uno de los cromosomas X en todas o casi todas las células. En otros casos hay mosaicismo, por ejemplo, algunas células tienen 45,X y otras 46,XX. Además, pueden existir alteraciones estructurales del cromosoma X. 

Es importante explicar esto con claridad: el síndrome de Turner no aparece porque la madre haya hecho algo mal durante el embarazo. Tampoco se debe a la alimentación, al estrés, a una infección habitual o a hábitos concretos de los progenitores. Es una alteración cromosómica que, en la mayoría de los casos, ocurre de forma espontánea.

¿Quién hereda el síndrome de Turner?

La mayoría de los casos de síndrome de Turner no son hereditarios. Cuando se debe a monosomía X, la alteración cromosómica suele ocurrir como un evento aleatorio durante la formación de las células reproductivas en uno de los progenitores.

Por tanto, no suele transmitirse de padres a hijas como ocurre con otras enfermedades genéticas hereditarias. Existen situaciones excepcionales asociadas a alteraciones estructurales del cromosoma X, pero son poco frecuentes. Ante un diagnóstico confirmado, el asesoramiento genético ayuda a resolver dudas sobre el origen de la alteración y el riesgo en futuros embarazos.

Síntomas y signos principales

Los síntomas del síndrome de Turner pueden aparecer en diferentes etapas. Algunas niñas presentan signos desde el nacimiento, mientras que otras apenas muestran rasgos llamativos durante los primeros años. Por eso, el diagnóstico puede retrasarse si las manifestaciones son leves.

En recién nacidas, puede observarse hinchazón de manos y pies, cuello ancho o con pliegues, implantación baja del cabello en la nuca, tórax ancho o pezones más separados. También pueden existir alteraciones cardíacas congénitas, como coartación de aorta o válvula aórtica bicúspide, que requieren seguimiento especializado. El síndrome de Turner se asocia a mayor riesgo de problemas cardiovasculares, y algunas alteraciones entran dentro del grupo de las cardiopatías congénitas.

Durante la infancia, uno de los signos más frecuentes es la baja estatura. Muchas niñas crecen a un ritmo menor del esperado para su edad. También pueden aparecer otitis de repetición, pérdida auditiva, problemas dentales, escoliosis, alteraciones renales o tendencia a determinados problemas autoinmunes, como enfermedades tiroideas.

En la adolescencia, el síndrome de Turner se sospecha si no aparecen los signos puberales esperados, como el desarrollo mamario, o si no llega la primera menstruación. Esto se relaciona con la insuficiencia ovárica, una de las manifestaciones más características. En las analíticas hormonales puede observarse una elevación de gonadotropinas, como los niveles elevados de FSH y los niveles de la hormona luteinizante, aunque la interpretación siempre debe hacerla un profesional sanitario.

No todas las niñas tendrán todos estos signos. Algunas presentarán solo baja talla y retraso puberal, mientras que otras necesitarán controles en cardiología, endocrinología, otorrinolaringología, nefrología u otras especialidades.

Características psicológicas del síndrome de Turner

Las características psicológicas de síndrome de Turner también son importantes, porque la atención no debe centrarse solo en la talla, la pubertad o la fertilidad. Muchas niñas y mujeres con síndrome de Turner tienen inteligencia dentro de la normalidad, pero presentan dificultades específicas en algunas áreas.

Entre las características más descritas están las dificultades en habilidades visoespaciales, coordinación motora, orientación, matemáticas, planificación o interpretación de algunas señales sociales. Esto no significa que todas las niñas vayan a tener los mismos retos, ni que no puedan avanzar académica y socialmente con normalidad. Significa que puede ser útil detectarlos pronto para ofrecer apoyos adecuados.

Además, es posible que aparezcan dificultades de autoestima, especialmente durante la infancia y la adolescencia, cuando la baja talla, los tratamientos, las revisiones médicas o el retraso puberal afectan a la imagen corporal y a la relación con el grupo. Las guías clínicas actuales incorporan la neurocognición y el bienestar psicológico como parte del seguimiento integral del síndrome de Turner.

El acompañamiento familiar y escolar es clave. Explicar la condición con naturalidad, adaptar los apoyos educativos cuando sea necesario y favorecer la autonomía ayuda a que la niña o adolescente se sienta comprendida, no definida por el diagnóstico. También puede ser recomendable la valoración por psicología o neuropsicología si hay dificultades de aprendizaje, ansiedad, aislamiento social o problemas de autoestima.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico del síndrome de Turner se confirma mediante un estudio genético, generalmente un cariotipo, que permite analizar los cromosomas. Puede realizarse antes del nacimiento si hay sospecha durante el embarazo, por ejemplo, a partir de ciertas pruebas prenatales o hallazgos ecográficos. Después del nacimiento, se solicita cuando existen signos clínicos compatibles, como baja talla sin causa clara, linfedema, malformaciones cardíacas, ausencia de pubertad o amenorrea primaria.

El tratamiento depende de la edad, los síntomas y las necesidades de cada persona. No existe un tratamiento que corrija la alteración cromosómica, pero sí hay medidas para mejorar el crecimiento, inducir el desarrollo puberal, prevenir complicaciones y cuidar la salud a largo plazo.

Durante la infancia, puede valorarse el tratamiento con hormona de crecimiento para mejorar la talla final. En la adolescencia, si existe insuficiencia ovárica, suele indicarse tratamiento hormonal con estrógenos y, posteriormente, progesterona, para favorecer el desarrollo puberal, la salud ósea y otros aspectos del bienestar.

El seguimiento incluye controles cardíacos, tensión arterial, audición, visión, función tiroidea, salud renal, desarrollo óseo, metabolismo y fertilidad. En algunas mujeres, la fertilidad espontánea es posible, sobre todo en formas mosaico, pero no es lo más frecuente. La planificación reproductiva debe individualizarse y requiere valoración especializada, especialmente por los riesgos cardiovasculares asociados al embarazo en algunas pacientes.

Respecto a la esperanza de vida, no hay una cifra única aplicable a todas las personas con síndrome de Turner. Muchas niñas y mujeres llegan a la edad adulta y desarrollan una vida activa con seguimiento adecuado. Sin embargo, algunos estudios muestran una supervivencia reducida en comparación con la población general, principalmente por complicaciones cardiovasculares.

Por eso, la vigilancia médica no debe limitarse a la infancia. El síndrome de Turner requiere un seguimiento continuado, coordinado y adaptado a cada etapa de la vida. Detectar pronto las posibles complicaciones, tratar los síntomas y ofrecer apoyo emocional y educativo puede marcar una gran diferencia en la calidad de vida.

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Este contenido ha sido escrito por médicos especializados de los centros y hospitales de Sanitas.

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