Psiconutrición, comer con cabeza

El mejor medicamento que existe para controlar el ansia de comer es... decidirlo.

”No es hambre; es ansia lo que siento”, es una manifestación frecuente entre los pacientes con problemas de sobrepeso.

Todos encerramos deseos de satisfacción más o menos justificada. La importada - y aceptada - palabra de "estrés emocional" es un baúl de sastre, donde van a parar todos los retales de insatisfacciones o frustaciones de trabajo, sentimentales, familiares, tristezas que quedan prendidas en el inconsciente...

Ilustración: productos hipercalóricos.

Y esa sobrecarga consciente o inconsciente de insatisfacciones, unas veces se compensan con actividades diversas y otras las ahogamos en lo "nutritivo-festivo".

Existen dos tendencias instintivas, bien definidas por los mismos pacientes. Una tiende a "voy más a lo dulce" (incluida la bollería y el pan); otra declara que "voy más a lo salado" (incluidas patatas fritas y embutidos).

Existe otro tercer grupo que denomino todo terreno y que se define como "a mí me va todo". Dentro de cada sector existen determinadas peculiaridades selectivas (chocolate, arroz, quesos...). Todo ello relacionado con la química cerebral.

Todos tenemos lógicos gustos propios y áreas comunes en el mundo alimentario, medicamento y placer de la humanidad.

La mayoría de las veces se trata de Trastornos Intermedios de Conducta Alimentaria, comprendidos en el amplio abanico que oscila desde la anorexia y a la bulimia, cuyo origen no es caprichoso, sino condicionado por alteraciones bioquímicas cerebrales (neurohormonales), poco profundas pero molestas.

Su origen deriva de esas "cosas de la vida", que debemos asimilar y que sin lugar a dudas son controlables con constancia, convicción y... endocrino que os entienda y atienda.

Obviamente, un tema es desear y otro realizar. Entre ambas situaciones, está la de decidir. Esa es la postura fundamental a desarrollar, ante el impulso de comer de forma incongruente; por ejemplo, después de haber comido bien, llegamos a casa y el brazo se alarga hacia la nevera, el bollo, el bombón...

El quinto verbo de mis consideraciones, sería persistir, el sexto controlar y el séptimo compensar... cuando nos pasemos. ¡Sin agobio, pero con coherencia, un verbo para cada día de la semana!

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