Vacunas para la alergia

Las vacunas para la alergia son un tratamiento de inmunoterapia cuyo objetivo es  reducir o eliminar la sensibilidad de una persona a los alérgenos que le causan reacciones alérgicas como rinitis, conjuntivitis, asma, etc., cuando no es posible evitar el contacto directo con los mismos como sí ocurre, con los alimentos, metales, medicamentos, determinadas sustancias químicas, etc.

Este tipo de tratamiento se basa en administrar al paciente de forma repetida al alérgeno correspondiente durante un largo periodo (el tratamiento puede durar hasta tres años), de tal modo que aumente progresivamente su tolerancia al mismo, reduciéndose así la intensidad de los síntomas y pudiendo llegar a desaparecer una vez concluido el tratamiento.

Este tipo de tratamiento, sin embargo, tiene limitaciones. La primera y más importante es que no existe una vacuna para todos los alérgenos, sino tan sólo para unos pocos: algunos pólenes (olivo, arizónicas, gramíneas, cipresáceas, girasol, etc.), ciertos hongos, ácaros del polvo, veneno de himenópteros (avispas y abejas) y látex.

En relación al epitelio de animales existe alguna vacuna con la que se logra reducir la sintomatología, pero sigue siendo necesario evitar el contacto con el animal para no tener reacciones alérgicas. Otra limitación es que las vacunas hayan sido debidamente probadas y estén garantizadas por estamentos médicos y sanitarios en lo que respecta a su calidad y al proceso de elaboración.

Finalmente, únicamente se pueden administrar a pacientes con alergia demostrada por las pruebas de sensibilización pero que presenten de forma habitual una reacción alérgica con síntomas específicos y acusados y, además,  que su enfermedad sea recuperable pues en algunos pacientes con asma esta patología ha evolucionado de tal forma que no se puede revertir el endurecimiento de las paredes bronquiales. De hecho, una correcta selección de los pacientes a los que se va a aplicar un tratamiento de inmunoterapia es una de las claves para el éxito del mismo.

vacunas para la alergia

Administración de las vacunas para la alergia

La administración de las vacunas para la alergia se puede realizar tanto por vía subcutánea como oral, pero ello no quiere decir que ambos tipos de vacuna sean equivalentes, ya que en realidad el mecanismo de acción es diferente. Los alergólogos prefieren la vacunación por vía subcutánea, ya que se realiza en su consulta (una vez al mes) y pueden controlar las posibles reacciones de sensibilización, además de garantizar el cumplimiento terapéutico.

Las vacunas sublinguales son también efectivas, pero tienen el inconveniente de que se administran en casa con una pauta algo incómoda (una vez al día en días alternos y durante tres a seis meses), lo que hace que haya una elevada tasa de abandonos.

Otro aspecto importante de las vacunas para la alergia es que, si bien es posible incluir varios alérgenos en la misma, a efectos clínicos no es recomendable ya que implicaría aplicarle una vacuna por alérgeno o incluir todos ellos en una sola. En el primer caso el tratamiento sería muy complejo en su seguimiento (hay que tener en cuenta que puede durar años), con posibles efectos adversos importantes y caro.

En el otro, habría que reducir la dosis de cada alérgeno y se perdería eficacia a costa de aumentar los posibles riesgos de efectos adversos. Lo que se hace es seleccionar aquel alérgeno que sea clínicamente más relevante. Ello implica la necesidad de realizar previamente estudios de sensibilización para determinar cuál es el más nocivo en cada paciente y, de este modo, centrar en él la elaboración de la vacuna. Estos estudios incluyen pruebas de provocación en la parte del organismo que se ve afectada por la reacción alérgica (ojos, fosas nasales o bronquios).

En lo que respecta a los riesgos de la inmunoterapia frente a la alergia, hay decir que generalmente se trata de vacunas muy seguras y que los efectos adversos, si se producen, suelen ser leves o más severos, cuando ocasionalmente se producen los síntomas propios de la alergia instantes después de administrarlas. Aunque es muy raro que ocurra, es posible que se produzca una anafilaxis; razón por la que los alergólogos prefieren administrar la vacuna en su consulta y por vía subcutánea, ya que pueden reaccionar de forma inmediata si se produce una situación de estas características.         

    
  

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