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Qué es y cómo se trata la ansiedad

24/06/2026
qué es la ansiedad

La ansiedad es una respuesta natural y adaptativa del organismo ante situaciones que percibimos como exigentes, inciertas o potencialmente amenazantes. En niveles moderados, cumple una función adaptativa, ya que nos ayuda a mantenernos alerta y a reaccionar ante posibles desafíos. Sin embargo, cuando aparece de forma intensa, frecuente o difícil de controlar, puede generar un importante malestar y afectar a diferentes áreas de la vida cotidiana.

Muchas veces se confunde con el estrés, ya que ambos comparten algunos síntomas. Sin embargo, la diferencia entre estrés y ansiedad radica en que el primero suele estar asociado a una situación concreta y desaparece cuando esta finaliza, mientras que la ansiedad puede mantenerse por procesos internos (anticipación, preocupación) incluso cuando no existe un desencadenante evidente o una vez finalizada la situación inicial.

¿Cuáles son los 3 trastornos de ansiedad?

La ansiedad no se manifiesta igual en todas las personas. Existen diferentes trastornos de ansiedad categorizados según los manuales diagnósticos oficiales, que comparten síntomas comunes, aunque presentan características propias.

Trastorno de ansiedad generalizada

El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) se caracteriza por una preocupación excesiva y persistente sobre diferentes aspectos de la vida cotidiana, como la salud, el trabajo, la economía o la familia.

Las personas que lo padecen suelen experimentar una sensación constante de hipervigilancia, inquietud y dificultad para controlar los pensamientos preocupantes. A menudo anticipan escenarios negativos incluso cuando no existen motivos objetivos para ello.

Además de la preocupación continua, es habitual que aparezcan síntomas como tensión muscular, fatiga, irritabilidad, problemas digestivos o dificultades para conciliar el sueño. De hecho, el insomnio u otras alteraciones del sueño son una de las consecuencias más frecuentes de este trastorno.

Trastorno de pánico y crisis de ansiedad

El trastorno de pánico se caracteriza por la aparición de episodios repentinos de miedo intenso conocidos como ataques o crisis de ansiedad.

Durante estos episodios, la persona puede experimentar una sensación de pérdida de control, despersonalización o desrealización, acompañada de síntomas físicos muy intensos. Las palpitaciones, la dificultad para respirar, la sensación de ahogo, los temblores o el dolor en el pecho suelen aparecer de forma brusca y alcanzar su máxima intensidad en pocos minutos.

Aunque son muy intensas, estas crisis no suponen un peligro físico real, aunque la sensación sea muy alarmante.

Tras una crisis, muchas personas desarrollan miedo a sufrir nuevos episodios, lo que puede llevarlas a evitar determinadas situaciones o lugares y al mantenimiento de la ansiedad por evitación.

Ansiedad social y fobias específicas

La ansiedad social implica un miedo intenso y persistente a situaciones en las que la persona siente que es observada, juzgada o evaluada por los demás.

Hablar en público, participar en reuniones o conocer personas nuevas les genera un nivel de malestar muy elevado. Este miedo suele provocar conductas de evitación que pueden afectar de forma significativa a la vida social, académica o laboral.

Por su parte, las fobias específicas se relacionan con un temor intenso ante determinados objetos o situaciones concretas, como volar, conducir, determinados animales o procedimientos médicos.

Como en el caso de los ataques de pánico, evitar este tipo de situaciones alivia a corto plazo, pero a la larga puede hacer que el miedo se mantenga o aumente.

¿Cuáles son los síntomas de la ansiedad?

La ansiedad afecta tanto al cuerpo como a la mente. Aunque cada persona la experimenta de forma diferente, existen una serie de manifestaciones frecuentes que permiten identificarla.

Síntomas físicos

Los síntomas físicos de ansiedad y estrés están relacionados con la activación del sistema nervioso y con la liberación de hormonas relacionadas con la respuesta de alerta.

Entre los más habituales se encuentran:

  • Palpitaciones o aumento de la frecuencia cardiaca.
  • Sensación de falta de aire o ahogo.
  • Dolor o presión en el pecho.
  • Sudoración excesiva.
  • Temblores.
  • Mareos o sensación de inestabilidad.
  • Tensión muscular.
  • Molestias digestivas.
  • Fatiga.
  • Alteraciones del sueño.
      

Cuando esta activación se prolonga en el tiempo puede afectar a otros procesos fisiológicos. Por ejemplo, el estrés crónico puede mantener elevados los niveles de cortisol, una hormona que participa en la regulación del metabolismo. En algunas personas, especialmente aquellas con diabetes o predisposición a alteraciones metabólicas, esta respuesta puede contribuir a elevar los niveles de glucosa en sangre.

Síntomas emocionales y cognitivos

La ansiedad no solo se manifiesta a través de síntomas físicos. También influye en la forma de pensar, interpretar la realidad y gestionar las emociones.

Entre los síntomas emocionales y cognitivos más frecuentes destacan la preocupación constante, la sensación de estar siempre en alerta (hipervigilancia), el miedo difícil de controlar, la irritabilidad y la sensación de que algo malo va a ocurrir.

Muchas personas describen además dificultades para concentrarse, bloqueos mentales, problemas para tomar decisiones o la sensación de tener la mente continuamente ocupada por pensamientos negativos.

Cuando el malestar es intenso, la persona puede sentir que pierde el control de la situación o que resulta imposible desconectar de las preocupaciones.

¿Cómo se diferencia un ataque de ansiedad de un infarto?

Uno de los mayores temores durante una crisis de ansiedad es pensar que se está sufriendo un problema cardiaco grave.

Tanto el infarto como el ataque de ansiedad provocan dolor en el pecho, dificultad para respirar, sudoración o sensación de malestar intenso. Sin embargo, existen algunas diferencias importantes.

En las crisis de ansiedad los síntomas suelen aparecer de forma repentina, alcanzan rápidamente su máxima intensidad y van disminuyendo progresivamente, a esto lo conocemos como la “curva de la ansiedad” y los síntomas pueden oscilar en intensidad entre los 10 y los 30 minutos. Además, suelen acompañarse de miedo intenso, sensación de pérdida de control o temor a morir.

Por el contrario, el dolor asociado a un infarto suele tener características diferentes y puede irradiarse hacia el brazo izquierdo, la mandíbula o la espalda, aunque este patrón clásico es más frecuente en hombres.

En mujeres, personas mayores o personas con diabetes, los síntomas pueden ser más inespecíficos, como fatiga intensa, dificultad para respirar, náuseas, mareo o molestias más difusas en el pecho o la espalda. También es más frecuente que aparezca relacionado con un problema cardiovascular subyacente.

Ante cualquier dolor torácico intenso o síntomas compatibles con un problema cardiaco, es fundamental solicitar atención médica para obtener un diagnóstico adecuado.

qué es la ansiedad

Tratamiento de la ansiedad

La ansiedad tiene tratamiento. De hecho, la mayoría de las personas experimentan una mejora significativa cuando reciben apoyo profesional y aprenden estrategias eficaces para gestionarla.

El abordaje terapéutico se adapta a las características de cada persona, la intensidad de los síntomas y el impacto que tienen en su vida diaria.

Psicoterapia: qué técnicas funcionan mejor

La psicoterapia constituye una de las herramientas más eficaces para afrontar los trastornos de ansiedad.

La terapia cognitivo-conductual (TCC) es una de las más utilizadas. Su objetivo es identificar los pensamientos que alimentan la ansiedad, cuestionarlos y sustituirlos por interpretaciones más realistas y adaptativas. Además, se trabajan conductas y hábitos que ayudan a reducir la ansiedad en el día a día.

También existen técnicas basadas en mindfulness que ayudan a centrar la atención en el momento presente y a reducir la tendencia a anticipar escenarios negativos.

En algunos casos, especialmente cuando existen miedos o fobias específicas, se emplea la exposición gradual. Esta técnica consiste en enfrentarse de manera progresiva y controlada a las situaciones temidas hasta que disminuye la respuesta de ansiedad.

Tratamiento farmacológico: cuándo se usan ansiolíticos

Cuando los síntomas son intensos o interfieren significativamente en la vida cotidiana, el profesional sanitario puede valorar el uso de tratamiento farmacológico.

Los ansiolíticos suelen utilizarse durante periodos limitados para aliviar los síntomas más intensos. En determinados casos, incluso, pueden prescribirse otros medicamentos que ayudan a regular los mecanismos implicados en los trastornos de ansiedad.

La indicación, duración y seguimiento del tratamiento siempre debe realizarla un profesional sanitario.

Técnicas de relajación que puedes practicar tú mismo

Además del tratamiento profesional, existen hábitos y estrategias que ayudan a gestionar la ansiedad and el estrés en el día a día.

La respiración diafragmática, la relajación muscular progresiva, la meditación guiada o el ejercicio físico regular contribuyen a reducir la activación fisiológica asociada a la ansiedad. Todas estas herramientas son más eficaces cuando se practican de forma regular, no solo en momentos de ansiedad intensa.

Mantener horarios regulares de sueño, limitar el consumo de estimulantes y reservar momentos para el ocio y las relaciones sociales también favorece el bienestar emocional.

Si buscas estrategias adicionales para gestionar la tensión diaria, estos consejos para reducir el estrés pueden ayudarte a incorporar hábitos saludables en tu rutina.

La ansiedad es una respuesta humana normal, pero cuando se vuelve persistente o intensa conviene prestarle atención. Reconocer sus síntomas y buscar ayuda cuando sea necesario permite recuperar el equilibrio emocional y mejorar la calidad de vida.

Sanitas - Bupa

SANITAS

Este contenido ha sido escrito por médicos especializados de los centros y hospitales de Sanitas.

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