Patologías producidas por alteraciones de las hormonas femeninas

La alteración de las diferentes hormonas femeninas tienen su expresión más significativa en la aparición de trastornos del ciclo menstrual, ya sea en relación a su duración o a la cantidad de flujo expulsado con la regla. Así, la amenorrea implica la ausencia de regla, la oligomenorrea reglas muy espaciadas y la hipermenorrea una menstruación en la que se expulsa mucha sangre, aunque hay también otros tipos de trastornos. También hay que considerar la dismenorrea, como se denomina a las reglas muy dolorosas.

Sin embargo, en no pocas ocasiones estos problemas menstruales no son más que la cara visible de otras patologías que pueden originar o estar causadas por un desequilibrio hormonal y en concreto del grupo de hormonas denominadas femeninas, entre las que se encuentran estrógenos, progesterona, prolactina, hormona luteinizante (LH) y hormona folículoestimulante (FSH).

La lista de estas enfermedades es larga y a ellas hay que sumar el problema de la infertilidad:
  

  • Problemas en el desarrollo de los órganos sexuales.
  • Diferentes enfermedades del aparato reproductor.
  • Cáncer ginecológico.
  • Alteraciones de la glándula tiroides.
  • Tumores de hipófisis y trastornos del hipotalámo.
  • Diversos síndromes.
  • Problemas durante el embarazo.
  • Enfermedades metabólicas.
  • Depresión.
  • Trastornos de la piel, etc.
      

Y a ello hay que añadir los trastornos que derivan de la menopausia y que aumentan significativamente el riesgo de sufrir otras enfermedades, como es el caso de las cardiovasculares.

Entre las patologías ginecológicas más significativas cabe destacar:
  

  • La insuficiencia e hiperfunción ováricas.
  • El síndrome del ovario poliquístico.
  • La torsión del ovario.
  • El síndrome de Turner.
  • Hiperprolactinemia.
  • Pubertad y menopausia precoces.
  • Alteraciones del moco cervical, etc.   
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En relación al embarazo, el desequilibrio hormonal, además de infertilidad, puede ocasionar abortos, problemas en el desarrollo fetal, partos prematuros, síndrome de Sheehan o sufrimiento fetal. En este capítulo también es necesario contemplar el cáncer de ovario o el de mama, ambos con claramente hormonodependientes. Y a ello hay que añadir los problemas en el desarrollo de los órganos sexuales femeninos durante la infancia y la pubertad.

Las enfermedades metabólicas constituyen otro grupo de patologías en las que la alteración de las hormonas femeninas puede desempeñar un papel causal o ser una consecuencia de las mismas. El hipotiroidismo sea probablemente una de las más frecuentes, aunque también cabe hablar de los trastornos de las glándulas suprarrenales, como la enfermedad de Addison; los tumores y otras alteraciones del hipotálamo; o los prolactinomas en la hipófisis.

La piel, el cabello y las uñas también sufren las consecuencias de la alteración en el equilibrio de las hormonas femeninas. El acné es un referente en la pubertad, como lo las melasmas o manchas en la piel que pueden aparecer durante el embarazo o la menopausia o si se está siguiendo un tratamiento con anticonceptivos orales. La alopecia y el hirsutismo también pueden ser caudas por este tipo de alteraciones hormonales, como la fragilidad de las uñas.

Mención aparte merece la menopausia, que supone el fin de la edad fértil de la mujer y tras la que se produce una disminución más que significativa en la secreción de hormonas femeninas, especialmente de estrógenos. La sequedad vaginal, el aumento de peso, la pérdida de deseo sexual, los cambios de humor o los sofocos son algunos de los síntomas más característicos de esta nueva situación del organismo de la mujer.

Pero además, debe resaltarse la pérdida de la protección natural que los estrógenos le ofrecían antes frente a las enfermedades y accidentes cardiovasculares al regular el metabolismo de los lípidos. La hipercolestrolemia, la hipertensión arterial y la diabetes tipo 2 aparecen como factores de riesgo importantes en las mujeres menopáusicas. También la piel se ve afectada al inhibirse la función de estimulación en la producción de colágeno, favoreciendo la aparición de arrugas.

Con todo, esta relación de las patologías en las que se ve implicado un desequilibrio de las hormonas femeninas no hace sino constatar la importancia de que la mujer se someta a una revisión ginecológica periódica, incluso tras la menopausia, para detectar posibles alteraciones hormonales en su organismo.

   
  

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