Apnea del sueño

La apnea del sueño es un trastorno del sueño que se caracteriza porque mientras se duerme se produce la interrupción de la respiración durante un mínimo de 10 segundos. Se trata de una enfermedad crónica en la que se producen más de 30 interrupciones de este tipo en una hora.

Quienes la padecen no son conscientes de ello y generalmente son las personas con las que comparten cama o habitación los que lo perciben. Aun así, hay síntomas que pueden inducir a sospechar de que se padece apnea del sueño:

  • Despertarse súbitamente con un ronquido o un resoplido.
  • Tener la sensación al levantarse de no haber descansado y hacerlo con dolor de cabeza o sequedad de boca.
  • A lo largo del día presentar somnolencia, signos de fatiga, pérdida de concentración o irritabilidad.

Clínicamente, hay tres tipos de apnea del sueño:

  • Apnea del sueño obstructiva: es la más frecuente y se debe a que las vías respiratorias se estrechan o cierran durante el sueño. Se suele despertar con un ronquido o resoplido
  • Apnea del sueño central: en este caso es el cerebro el que deja señales a los músculos que controlan la respiración: estos dejan de funcionar y se interrumpe el flujo de aire. En general suele ser secundaria a algún tipo de enfermedad y los pacientes no suelen roncar.
  • Apnea del sueño mixta: se empieza por presentar una apnea central que con el tiempo se convierte en obstructiva.
apnea del sueño

El 2-4% de la población adulta sufre apnea del sueño, aunque se da con mayor frecuencia en hombres de edad madura con sobrepeso y en mujeres postmenopáusicas. De hecho, existen diferentes factores de riesgo que condicionan la aparición de este trastorno del sueño:

• Obesidad. Es la más frecuente.
• Amígdalas aumentadas de tamaño.
• Sexo. Es más frecuente en los hombres.
• Edad. Suele aparecer entre los 40 y los 60 años de edad.
• Antecedentes familiares.
• Consumo de alcohol.
• Medicación. Los tranquilizantes y sedantes pueden inducir la apnea.

La apnea del sueño, al interrumpir la respiración de forma puntual y continuada obliga al corazón a trabajar de forma anormal para compensar la falta de oxígeno a los tejidos, lo que aumenta el riesgo de un accidente cardiovascular o de sufrir hipertensión arterial y arritmias. Además, la falta de descanso y la somnolencia que genera a lo largo del día, especialmente en momentos de inactividad, incrementa el riesgo de accidentes automovilísticos y laborales.

apnea del sueño


• Adelgazar.
• Hacer ejercicio regularmente.
• Dormir de lado o boca abajo.
• Respirar por la nariz en vez de por la boca.
• Evitar el consumo de alcohol y medicamento sedantes.
• Dejar de fumar.

Pero cuando es más grave se deberá recurrir al uso de una mascarilla nasal que inyecta el aire a una presión suficiente y continuada para mantener abiertas las vías respiratorias, evitando así la interrupción de la respiración. En algunas ocasiones puede recurrirse a la cirugía, especialmente para eliminar los tejidos engrosados de la garganta (amígdalas), aunque su eficacia no alcanza más allá del 50%. En última instancia, y sólo si la apnea del sueño es muy grave, cabe la posibilidad de realizar una traquetomía.

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