¿Por qué tenemos tics?

Los tics se pueden definir como contracciones involuntarias y reiteradas de un grupo de músculos voluntarios. Los más frecuente es que se produzcan en cualquier parte de la cara (el parpadeo de un ojo, una mueca de la boca, un guiño, etc.), aunque también pueden afectar al cuello, una pierna, un hombro, un brazo, etc.

Asimismo pueden ser vocales: tararear, toser, emitir un gruñido o decir palabras de manera espástica o elevando el tono de voz. La mayoría de los tics son simples (un único movimiento repetido) pero también los hay que revisten una mayor complejidad y conllevan una acción concreta, como atusarse o arrancarse el pelo, arañar, masticar, etc.

Los tics surgen en situaciones de nerviosismo o estrés y suelen desaparecer cuando éstas pasan. Es frecuente que aparezcan durante la infancia, aunque por lo general acaban pasando por sí solos. Quienes los padecen suelen tratar de controlarlos y realizan un gran esfuerzo para lograrlo, aunque luego aparecerán de nuevo y pueden ser más fuertes. Si los tics se producen de forma puntual y son motores y simples, no suelen alterar la calidad de vida de quien los tiene y no es necesario consultar con un médico. Evitar bebidas y otros productos estimulantes (cafeína, teína, tabaco, drogas, etc.) ayudará a controlarlos en momentos de tensión.

¿Porqué tenemos tics?

El problema surge cuando los tics se multiplican, se hacen más visibles y se cronifican, afectando de un modo determinante a la calidad de vida de quien los sufre, que, acomplejado, puede llegar a aislarse socialmente. En estos casos es imprescindible consultar con un especialista (neurólogo) con el fin de que evalúe la posibilidad de que se trata de la enfermedad de Tourette, popularmente conocida como la “enfermedad de los tics”, que se caracteriza por la presencia de varios tics, se inicia entre los 4 y 13 años de edad y tiene un componente genético, ya que siempre hay antecedentes familiares.

Para un diagnóstico de enfermedad de Tourette, deben darse varios tics (motores y vocales), ser muy frecuentes y estar presentes desde al menos un año, además de afectar significativamente a la vida del paciente. Puede darse una sintomatología añadida, en la que destacan el déficitde atención, hiperactividad y trastornos obsesivo-compulsivos, dado que existe una alteración significativa en el funcionamiento de las estructuras cerebrales, especialmente los mecanismos de liberación y recaptación de dopamina, demanera que hay una presencia excesiva en el organismo de este neurotransmisor.

Un tratamiento farmacológico para controlar la cantidad de dopamina puede contribuirá controlar los tics, pero no los trastornos psiquiátricos asociados. En última instancia, cuando no hay respuesta al tratamiento o se producen demasiados efectos secundarios a causa del mismo, cabe recurrir a una intervención quirúrgica, denominada estimulación cerebral profunda, para la colocación de unos electrodos con el objetivo de controlar los tics aplicando pequeñas descargas eléctricas a través de ellos. Hay que tener en cuenta que la enfermedad de Tourette puede llegar a ser altamente incapacitante.

   
  

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