Tratamiento del ojo seco

El tratamiento habitual del ojo seco, o al menos el más conocido, es el uso de lágrimas artificiales para mantener la adecuada hidratación de la superficie ocular. Sin embargo, este recurso no soluciona el problema de esta patología que en la mayoría de los casos se convierte en un problema crónico. No obstante en la actualidad se dispone de otros colirios específicos que, además de aportar humedad al ojo, favorecen la secreción de lágrimas y su distribución uniforme por la superficie ocular.

El problema radica generalmente en determinar cuál es el origen real del ojo seco, ya que puede deberse a que las glándulas de Meibomio  se han obstruido y no producen la grasa suficiente para evitar la rápida evaporación de las lágrimas, porque la conjuntiva no secreta la cantidad necesaria de mucosidad que permita la distribución uniforme de las lágrimas por toda la superficie del ojo o, simplemente, porque no se producen la cantidad  suficiente de lágrimas.

En la actualidad empieza a haber nuevos medios diagnósticos que podrían discernir el origen del problema y en función de ello establecer el tratamiento más adecuado. Sin embargo, su uso no es todavía generalizado. Este es el caso del meibográfo, que permite obtener una imagen de las glándulas de Meibomio y determinar si están o no obstruidas, si hay alguna anomalía o una pérdida de tejido glandular. Así, si los conductos de las glándulas están obstruidos, se podría aplicar calor para deshacer la grasa acumulada y de este modo liberarlos.    

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Pese a todo, existen otras opciones de tratamiento para el síndrome del ojo seco, entre las que cabe citar en primer lugar las de carácter preventivo, es decir, evitar todo aquello que puede contribuir a secar el ojo: el uso del aire acondicionado y los ventiladores, estar en ambientes cargados de humo de tabaco, proteger los ojos del viento, mantener un nivel adecuado de humedad ambiental en casa y/o en el lugar de trabajo, evitar las habitaciones excesivamente caldeadas, etc.

Otro recurso terapéutico es una técnica que puede resultar eficaz cuando se producen pocas lágrimas consiste en el taponamiento de los conductos lagrimales para almacenar y conservar las que se produzcan con el fin de utilizarlas cuando sea necesario. Si se hace de forma transitoria se utilizan tapones lagrimales, pero si el objetivo es la oclusión definitiva, se cauterizan los puntos lagrimales. Para conservar las lágrimas ya existentes lo más utilizado es el taponamiento del conducto lagrimal ya sea transitorio (tapones de silicona, oclusión con mucosa de conjuntiva) o definitivo (cauterización del punto lagrimal).

No obstante, las lágrimas artificiales es el tratamiento más habitual del ojo seco, teniendo en cuenta, además que es muy probables que haya que seguirlo toda la vida. También resulta útil el uso de pomadas oftálmicas, especialmente por la noche, para mantener la humedad adecuada en los ojos. En los momentos de mucha irritación ocular puede recurrirse a los colirios con corticoides, aunque siempre con precaución.

   
  

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