El dolor perineal de la mujer puede llegar a afectar a su salud emocional


El dolor perineal es una afección poco conocida, pero que se produce con cierta frecuencia, sobre todo en mujeres. Este dolor se localiza en la zona perineal, es decir, entre el pubis, el ano y el perineo, y puede ser continuo, intermitente o bien como calambres.

Síntomas y causas del dolor perianal

Las causas pueden tener un origen variado: infecciones, problemas musculares, traumatismos, inflamaciones, problemas degenerativos, tóxicos, tumorales, etc. Estas pueden ser ocasionadas por el sufrimiento de la zona tras el parto, traumatismo provocados por caídas, presión continua en la zona (práctica habitual de ciclismo) o sobrepeso. La zona perineal también cuenta con gran cantidad de terminaciones nerviosas, si un nervio se lesiona puede producir dolor, como por ejemplo el pinzamiento del nervio pudendo.

Uno de los motivos más frecuentes que generan un dolor agudo en la zona perineal es el parto. El cuerpo de la mujer está preparado para los cambios que un embrazo y parto suponen, sin embargo, es una situación especial que favorece desgarros en la zona, falta de lubricación, lesión de los músculos o daño en los nervios. En algunos casos, además, se debe realizar una episiotomía que en ocasiones daña tanto al musculo como a las terminaciones nerviosas.

dolor perineal

El dolor perineal puede comenzar con problemas para permanecer sentada, es decir, el contacto de la zona con un asiento produce dolor o incomodidad que se alivia cuando se está de pie. En un estado un poco más avanzado incluso el roce de la ropa puede producir molestias.

Otra de las situaciones en las que generalmente se nota el dolor es durante la práctica de relaciones sexuales, el coito o el roce de la zona perineal es doloroso e incómodo.

Esta dolencia también puede suponer un trastorno a la hora de la micción o al defecar.

Problemas emocionales

Una de las consecuencias derivadas de un dolor continuo o crónico de la zona perineal son los problemas emocionales. Si estos no desaparecen la paciente puede:

  • Evitar mantener relaciones íntimas con su pareja.
  • Abandonar deportes o actividades físicas en los que tenga que llevar ropa un poco más ajustada.
  • Cambiar el estilo de ropa, ropa más holgada, por ejemplo, para evitar roces.
  • Estar siempre de pie para no tener que sentarse, etc.
     

Estas situaciones le pueden provocar aislamiento social, sentimiento de culpabilidad, ansiedad, estrés e incluso depresión. Es importante consultar con el especialista para buscar un tratamiento que soluciones el trastorno.

Diagnóstico y tratamiento del dolor perineal

Para realizar un diagnóstico del dolor perineal es necesario que acuda a un ginecólogo, urólogo o especialista en suelo pélvico. Lo primero es realizar una exploración y conocer el comportamiento del dolor. Esta primera aproximación se suele complementar con una resonancia magnética del suelo pélvico. Esta prueba permite conocer la causa del dolor para poder establecer un tratamiento adecuado. Es un estudio muy importante, pero que no se realiza de manera habitual.

El dolor puede tener varios grados de intensidad, generalmente, los casos más graves son tratados en la Unidades de Dolor. Dependiendo de la causa de este dolor, se prescribirá un tipo de tratamiento u otro, o una combinación de varios:

  • Cuidado de la zona: si el dolor es causado por una episiotomía es aconsejable que se masajee la zona de la cicatriz con aceite para que los tejidos se hidraten y se vuelvan más elásticos.
  • Fisioterapia: los fisioterapeutas especialistas en suelo pélvico ayudan a movilizar la zona y pueden aplicar radiofrecuencia para bajar la inflamación.
  • Tratamiento farmacológico: este se dirige a aliviar los síntomas, el dolor, y a evitar la causa que lo origina -analgésicos, corticoides, neuromoduladores, etc.-.
  • Tratamiento psicológico: la psicoterapia ayuda a abordar los trastornos de ansiedad y depresión producidos como consecuencia de la lesión.
  • Cirugía: en casos más graves se procede a liberar el pinzamiento del nervio o implantar neuromoduladores mediante técnicas quirúrgicas.

 

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