Demencia: cuando el cerebro muestra su deterioro

Las demencias pueden ser consecuencia de múltiples enfermedades que cursan con el deterioro de las funciones cerebrales. Aunque pueden iniciar su desarrollo a cualquier edad, lo habitual es que afecten a personas mayores, sin que ello suponga que el riesgo de sufrirlas aumente con la edad o que se trate de un problema propio del envejecimiento.

En realidad hay muchos tipos de demencias, entre ellas las de origen vascular, con cuerpos de Lewy, de Pick o Alzheimer y, salvo algunas excepciones que pueden ser reversibles, suele tratarse de una enfermedad progresiva que afecta a la memoria, el comportamiento, la capacidad de raciocinio, el lenguaje o la habilidad para realizar tareas cotidianas elementales o actividades sociales. La sintomatología, aunque con ciertas variaciones en cuanto al momento en que aparecen los diferentes síntomas o la manera en que evolucionan, suelen ser muy similares.

Demencia, cuando el cerebro muestra su deterioro

La primera voz de alarma suele ser la pérdida de la memoria inmediata que se traduce en realizar varias veces la misma pregunta porque no se ha retenido la respuesta que le han dado, en olvidar los nombre de los objetos de uso cotidiano o de las personas cercanas o en extraviar cosas, como las llaves de casa o la cartera, pues no recuerda dónde se han dejado. Son episodios que no afectan a otras capacidades pero que, al ser advertidos por la familia deben llevar a consultar lo antes posible con un especialista. Sin embargo, esta pérdida de memoria inmediata no es suficiente para establecer un diagnóstico de demencia, sino que además se tienen que haber alterado de forma claramente apreciable al menos otras dos funciones cerebrales. Pero cuanto antes se inicie el tratamiento más posibilidades hay de ralentizar su progresión y aplazar el momento en que comiencen a aparecer nuevos síntomas:

  • no ser capaz de atarse los cordones de los zapatos.
  • cambios repentinos de carácter o de humor.
  • incapacidad para realizar actividades sencillas de la vida cotidiana.
  • pérdida de interés hacia cosas que antes le gustaban mucho.
  • estados de confusión.
  • desorientación.
  • trastornos del comportamiento.
  • irascibilidad.
  • pérdida de habilidades sociales.
  • depresión.
  • olvidarse de comer.
  • olvidar la toma de medicamentos.
  • alteraciones del sueño.
  • delirios y alucinaciones.
  • no reconocer las situaciones de peligro.
  • no poder realizar sólo la higiene personal.
  • necesitar ayuda para vestirse.

A medida que progresa la enfermedad la lista de síntomas se hace cada vez más larga. Pero lo más importante es la certeza de que las personas con demencia por lo general acaban antes o después, en función del tipo de demencia, siendo completamente dependientes y, por tanto, necesitan de cuidados especiales y continuados, de tal manera que acaba condicionando completamente la vida familiar.

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