Aplicaciones médicas del bótox

Para hablar con propiedad debe utilizarse el término toxina botulínica, ya que el de bótox corresponde a una marca comercial, la primera que accedió al mercado de la estética y la belleza. Hecho este matiz hay que señalar que la función de esta toxina es la impedir la acción muscular y bloquear la transmisión del estímulo nervioso. Y esta es precisamente la razón por lo que tradicionalmente se ha utilizado en el mundo de la estética para eliminar las llamadas arrugas de expresión: al aplicarla se bloquean los músculos que producen la arruga, por lo que ésta deja de percibirse al no poder realizarse los movimientos musculares que la definen sobre la piel.

Sin embargo, esta misma propiedad es la que ha sentado las bases del uso de la toxina botulínica en el tratamiento de algunas patologías de origen neurológico que generan espasmos o contracciones involuntarias de determinados músculos (distonías). La primera de estas aplicaciones médicas se inició a finales de los años 70, para corregir el estrabismo, un trastorno ocular que se produce por una hiperactividad de los músculos que permiten el movimiento del ojo.

Esta primera aplicación clínica abrió las puertas al tratamiento de otras afecciones neurológicas:
  

  • Distonías focales: afectan a un único músculo o a un grupo de músculos específicos y ocasionan el movimiento involuntario y espasmódico de los mismos:
       
    - Blefaroespasmo: movimiento involuntario y continuado del párpado.
    - Tortícolis espasmódica: movimiento del cuello por distonía de los músculos cervicales.
    - Síndrome de Tourette: existencia de tics motores y vocales crónicos que suele aparecer en la infancia.
    - Calambre del escribiente: una distonía de origen ocupacional que afecta al antebrazo.
    - Espasmos hemifaciales: generados por una compresión del nervio facial homolateral que se inician en el párpado y se extienden hacia la frente y al resto de la musculatura facial inervada por este nervio.
        
aplicaciones médicas del bótox
    
  • Algias: dolor producido en determinadas zonas de la columna vertebral (cervicalgias, lumbalgias, etc.) como consecuencia de contracciones musculares crónicas.
  • Migrañas: es una de las últimas aplicaciones clínicas de la toxina botulínica, aunque no es eficaz en todos los tipos y existe todavía discusión sobre su efectividad.
  • Incontinencia urinaria: este tratamiento resulta eficaz en el 60% de los parapléjicos, aunque también se aplica a personas con vejiga hiperactiva.
  • Hiperhidrosis: la sudoración excesiva, especialmente de axilas, pies y manos, se puede tratar eficazmente con bótox, ya que permite relajar las glándulas sudoríparas.
  • Sialorrea: producción excesiva de saliva.
      

Las técnicas de aplicación y la dosis de toxina botulínica que se utilizan para el tratamiento de estas afecciones varían de una a otra e implican la perfecta identificación de los músculos que producen la distonía, los puntos de dolor, etc. Se aplica mediante inyección por vía subcutánea y generalmente es necesario repetir el tratamiento de forma periódica, ajustando la dosis en función de los resultados obtenidos.

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