Alergia alimentaria

La alergia alimentaria no tiene nada que ver con la intolerancia a determinados alimentos, pues se produce mediante mecanismos inmunológicos mediada por IgE y no por razones metabólicas, como sucede con la intolerancia. La reacción alérgica se produce por la sensibilización, en mayor o menor grado, a un tipo de alimento concreto así como por su frecuencia de exposición al mismo. Además, se suele ser alérgico a más de un alimento y se pueden producir alergias cruzadas con otros alérgenos Ciertos pólenes, látex, etc.). 

Este trastorno afecta al 1-3% de la población general y se da con mayor frecuencia (8%) en los niños menores de 3 años, iniciándose habitualmente en el primer año de vida, cuando se empiezan a introducir los alimentos sólidos. De ahí la importancia de distinguir la alergia alimentaria con una problema de intolerancia. No es lo mismo ser alérgico a la leche de vaca y otras especies animales que ser intolerante a la lactosa.

Alergia alimentaria

El tipo de alimento al que se puede ser alérgico varía de un país a otro en función del tipo de alimentación. Así, mientras que en Estados Unidos es muy frecuente la alergia al cacahuete, en España, las alergias alimentarias más habituales son las relativas a la clara de huevo, la leche y el pescado, y con menor frecuencia, frutas frescas, frutos secos, marisco, anisakis y legumbres.

Síntomas de una alergia alimentaria
Los síntomas de una alergia alimentaria pueden ser muy variados, tanto en tipo como en intensidad, dependiendo, como ya se ha señalado, del grado de sensibilización y de exposición al alimento que la produce. Pero, una vez diagnosticada, hay que tener muy presente que la única manera de evitarla es no ingiriendo el alimento que la produce, máxime cuando puede llegar a causar incluso la muerte.

En la mayoría de los casos (el 80%) los síntomas se circunscriben a problemas cutáneos (prurito, urticaria, angioedema agudo, erosiones en torno a la boca, etc.), en la mucosa oral y ocasionalmente se puede producir una inflamación de la glotis que puede dificultar o impedir la respiración.

El siguiente grupo de síntomas que se da con mayor frecuencia  (un 30% de los casos) son de carácter digestivo: vómitos, diarrea aguda y dolores propios de un cólico intestinal.

A veces, puede producirse tos, rinitis o crisis asmáticas sin necesidad de ingerir el alimento que causa la alergia, sino simplemente oliéndolo.

Por último hay que señalar el riesgo de sufrir una anafilaxia, es decir, una reacción alérgica que interese a todo el organismo y que es potencialmente mortal. Este tipo de reacción es más frecuente cuando la alergia alimentaria se produce por la ingestión de frutos secos, huevo, pescado, mariscos y leche.

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