Con la boca llena ... de estrés


Por mucho que quisiéramos huir de una vida agitada – salvo en el caso de algunas minorías privilegiadas – no lo lograríamos. Mientras las normas sociales no ayuden a encontrar el equilibrio o remanso de paz tan añorado y prometido, conviene asumir la realidad apremiante y buscar soluciones.

Obviamente, un bioestilo occidental modélico no es objetivo fácil cuando las obligaciones, devociones, ambiciones o necesidades de vivir nos exigen algo más que ese estrés moderado, estimulante y necesario para que las células funcionen correctamente.

Ilustración: comiendo en el puesto de trabajo

El estilo de vida actual de un individuo, pareja, familia o colectividad -la vida laboral y su entorno ocupan casi el 50% de nuestra existencia- debe inducir a planificar un bioestilo que abarque una alimentación recuperativa, sencilla y plácida, además de un entretenimiento lúcido y un descanso confortable.
"El comer según caiga –la llamada ingesta emocional- se relaciona con un deseo desmedido de autocomplacencia. Unas veces por satisfacción, otras por ansia irrefrenable o incluso por aburrimiento".

El control y las señales conscientes e inconscientes del complacerse y/o hartarse residen en el cerebro. Sus sensores se localizan en la boca o en el estómago: decidir en el cerebro, saborear en la boca, saciarse en el estómago. Razón, emoción e instinto equilibrados.

El metabolismo también necesita de equilibrio entre grasas, hidratos de carbono y proteínas. Y de desayunos, comidas y cenas bien balanceadas. Y de descansos nocturnos generosos. Acostarse una hora antes para comenzar el día una hora antes, con tranquilo y/o coloquial desayuno de yogures y frutas, de cereales integrales y leche, de pan integral con pavo, jamón, salmón –muy saciante- o paté de sardina, de huevos revueltos y queso fresco...

La fórmula consiste en consumir hidratos de carbono y proteínas, más algo de grasas o aceites, según los ejemplos citados más arriba. Ello nos blindará ante el cansancio y el estrés, además de evitarnos llegar a última hora de la tarde con ansias de una gran cena.

No busquemos tras la fatiga de una jornada de trabajo o estudio lo que nos pida el cuerpo. Hemos de utilizar los recursos de la inteligencia mejor que los instintivos para dispersar el estrés emocional. Los horarios respetados ayudan a no llenarnos la boca intempestivamente.

Saciar, emocionar, razonar. Los garbanzos sacian desde tiempos romanos, el marisco emociona desde que fue descubierto y el jamón ibérico... es más que razonable que nos guste.

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