Metástasis ósea

El cáncer es una enfermedad que no suele presentar síntomas hasta que se encuentra en un estado avanzado y generalmente habiéndose producido metástasis. De hecho, en ocasiones el diagnóstico llega cuando éstas empiezan a generar síntomas y el paciente decide acudir al médico. El dolor producido por una metástasis ósea es uno de esos síntomas. Inicialmente puede ser intermitente, desapareciendo con el movimiento, pero llega un momento en el que es continuo y en ocasiones empeora con la actividad.

No obstante, hay que tener en cuenta que el dolor óseo puede ser un síntoma de muchas otras enfermedades, por lo que será necesario realizar el correspondiente estudio clínico para establecer un diagnóstico diferencial.

Cuanto antes se detecte la metástasis ósea y se inicie el tratamiento de la misma, mejor se podrán evitar posibles complicaciones que, dependiendo del hueso afectado, podrían ir desde una fractura a la compresión de la médula espinal. En este último caso, en función de la altura de la columna vertebral en la que se localice la metástasis, se pueden ver afectadas diferentes funciones del organismo e incluso producir una parálisis.

Otra de las complicaciones asociadas habitualmente a las metástasis óseas es la existencia de una alta concentración de calcio en la sangre (hipercalcemia), lo que puede ocasionar, náuseas, estreñimiento, alteraciones del sueño, sensación de debilidad, sed, pérdida del apetito y una necesidad constante de orinar que puede llevar a un cuadro de deshidratación.

metástasis ósea

Tratamiento de la metástasis ósea

Aunque los tratamientos con quimioterapia actúan también sobre las metástasis óseas, lo cierto es que éstas no son curables, pero deben ser tratadas convenientemente y de forma específica con el fin de reducir el dolor, mantener la funcionalidad del hueso, evitar su descalcificación e incluso mejorar la densidad ósea para prevenir posibles facturas u otras complicaciones. El tratamiento dependerá de la localización de la metástasis y del cáncer primario que la ha originado.

Hay que señalar en este sentido, que en la actualidad se dispone de tratamientos sistémicos contra el cáncer que son específicos para tumores que se han propagado a los huesos, si bien algunos de ellos están todavía en fase experimental. Este es el caso, por ejemplo de la inmunoterapia, con la que se trata de estimular al sistema inmune para que elimine las células cancerosas, para lo que se utilizan citocinas, anticuerpos monoclonales o las denominadas vacunas antitumorales.

También se dispone de radiofármacos, unos medicamentos que tienen un componente radioactivo y que se administran por vía intravenosa, de modo que llegan al hueso y actúan de forma específica sobre las células cancerosas, ocasionando una reducción de la metástasis ósea y del dolor que origina.

Precisamente, el primer objetivo terapéutico ante la existencia de una metástasis ósea es el control del dolor, lo que supone una mejora importante en la calidad de vida del paciente. Para ello hay dos vías de tratamiento. La primera es el uso de fármacos, atendiendo a las guías clínicas que se han elaborado con este fin, de tal modo que siempre se partirá de los menos potentes y se irá cambiando en orden ascendente cuando estos dejen de cumplir su función. Por otra parte, la radioterapia también ayuda a reducir y controlar el dolor. Se aplica directamente sobre la metástasis, protegiendo las zonas y órganos adyacentes mediante máscaras fabricadas a la medida de cada paciente, con un material que no deja pasar la radiación.

Otro tratamiento que se aplica de forma específica ante la existencia de una metástasis ósea es el que se realiza con bifosfontaos, unos medicamentos indicados en el tratamiento de la osteoporosis, cuyo efecto más importante es la remineralización del hueso, con el fin de, además de aplacar el dolor, reducir el riesgo de una posible fractura ósea al fortalecer el hueso y, al mismo tiempo, controlar la hipercalcemia, en el caso de que se haya producido. Sin embargo, si la pérdida de densidad ósea de la metástasis es muy elevada, en ocasiones se recurre a la inyección directa sobre el hueso de una sustancia denominada cemento óseo, de modo que éste se endurece y se puede evitar la fractura (se suele utilizar cuando las metástasis afectan a los huesos más largos o a la columna vertebral.

Por último, hay que señalar que  la cirugía es también una opción terapéutica, siempre en función del estado general del paciente, sea para tratar una fractura o cuando existe presión sobre la médula espinal, con riesgo de que ésta pueda generar una parálisis.

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