Alergias: la vacuna es fundamental en caso de padecer asma bronquial o rinoconjuntivitis no controlada

La vacuna para la alergia se puede administrar a partir de los 5 años de edad, siempre de acuerdo con las indicaciones del alergólogo. Aquellas personas para las que la vacuna no esté indicada pueden aliviar sus síntomas con antihistamínicos.

La decisión de vacunarse para evitar la alergia corresponde a cada paciente, pero de acuerdo con su alergólogo. “En primer lugar, es clave acudir al especialista para tener un diagnóstico correcto y saber de forma clara qué pólenes nos pueden afectar y cuánto nos afectan. Si la patología es leve, no acostumbramos a indicar la vacuna, pero si hay asma bronquial o rinoconjuntivitis, el consejo clínico de una alergólogo será proponer la vacunación”, ha explicado la Dra. Gema García Sánchez, jefa de Alergología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.

La vacuna se puede administrar a partir de los 5 años de edad, sobre todo en aquellos casos de niveles muy altos de sensibilidad, con antecedentes de asma infantil en el niño o en familiares. La vacuna tiene aquí el objetivo de prevenir una mala evolución.

De acuerdo con el calendario de alergias, ahora mismo estamos en el pico de incidencia de gramíneas y olivo. Esto implica que las personas con sensibilidad a estos pólenes lo estarán pasando mal, padeciendo los síntomas habituales: estornudos, escozor de ojos y lagrimeo, entre otros.

“Estos días, las personas alérgicas estarán experimentando la rinoconjuntivitis, que provoca picor de ojos, enrojecimiento, congestión ocular, picor de nariz, bloqueo u obstrucción nasal, hidrorrea (mucosidad acuosa)… A algunas personas también les puede picar el paladar o los oídos, unos síntomas molestos y difíciles de controlar, incluso con medicación. También puede aparecer el asma. Las personas que lo padecen pueden sentir sensación de ahogo, dificultad para respirar, autoescucha de sibilantes –los populares pitos–  cierta dificultad para realizar actividades físicas o cotidianas por la sensación de falta de aire”, explica la especialista.

La incidencia de los pólenes podría ceñirse a la siguiente hoja de ruta:

  • De diciembre/enero a marzo: cupresáceas (arizónica, ciprés, sabina, enedro).
  • De marzo a abril: Plátano de sombra
  • De abril a julio: gramíneas y olivo (que también tiene un pequeño pico en septiembre)
  • De abril a septiembre: en la zona mediterránea, parietaria.
  • De primavera a otoño: malezas.

En cualquier caso, si una persona no es candidata a la vacuna, el alivio de los síntomas vendrá de la mano de los antihistamínicos. “Se puede buscar el apoyo de medicación local para ojos y nariz. En el caso de la rinoconjuntivitis, además del uso del antihistamínico de base, podríamos añadir colirio antihistamínico para los ojos y spray nasal de antihistamínico y/o corticoide por vía nasal”, ha subrayado la Dra. García Sánchez.

Otros consejos que pueden ayudar se centran en evitar la exposición al aire libre, pero ya que el polen es arrastrado por el viento, puede ser bastante complicado permanecer a salvo de la alergia. Es importante evitar las zonas verdes en períodos de alta concentración de alérgenos, conducir con la ventanilla cerrada y utilizar gafas de sol al salir a la calle.

En cuanto a los consejos dentro de casa, es posible que una limpieza concienzuda de sofás, alfombras, ropa de cama y toallas  ayude a mitigar los síntomas. Para la ventilación de la casa, es importante evitar hacerlo entre las 5 y las 10 de la mañana, ya que ese es el momento en el que los niveles de polen están más altos.