Inmunoterapia para la alergia, en qué consiste

La también conocida como vacuna de la alergia es el único tratamiento eficaz para tratar este problema de salud.

La inmunoterapia, más conocida como vacuna para la alergia, es un tipo de tratamiento que consiste en administrar una fracción del alérgeno responsable de la reacción anómala del sistema inmunológico del paciente para enseñarle a ser tolerante ante este agente en las veces sucesivas en las que el paciente se exponga a él.

El mecanismo de acción de esta opción terapéutica es similar al de las vacunas convencionales que se emplean para evitar enfermedades provocadas por patógenos infecciosos comunes, como, por ejemplo, los virus responsables del sarampión, la rubeola o la gripe, o las bacterias causantes de la meningitis meningocócica. Para evitar que estas vacunas causen la enfermedad que se quiere prevenir, las preparaciones se hacen a partir de virus atenuados o muertos, así como de fragmentos o proteínas capaces de desencadenar una reacción inmunológica sin que el paciente llegue a caer enfermo.

En el caso de la inmunoterapia para la alergia, se administran extractos del alérgeno responsable del cuadro alérgico una vez que el paciente ya ha sufrido episodios clínicos. En este caso, la inmunoterapia se aplica en dosis cada vez mayores y de manera progresiva para que el sistema inmunológico del paciente vaya desarrollando la tolerancia necesaria para controlar la respuesta alérgica hasta hacerla mucho más leve o, incluso, eliminarla por completo. Generalmente, las vacunas de la alergia se indican para tratar casos de alergias que provocan sintomatología respiratoria severa (asfixia, asma o shock anafiláctico) causada por la exposición al polen, ácaros, hongos, pelo de animal y veneno de himenópteros (abejas y avispas). Otras alergias susceptibles de ser tratadas con inmunoterapia son las alimentarias; las ocupacionales o la alergia al látex.

¿Cómo se aplica la vacuna de la alergia?

Una vez que se sospecha de la existencia de una o varias alergias, el alergólogo diseña un patrón de exposición gradual y creciente al alérgeno hasta lograr la dosis máxima. La exposición al alérgeno en cuestión puede hacerse por vía subcutánea (inyectada) o sublingual (debajo de la lengua).

En caso de que la vacuna de la alergia deba ser administrada por vía subcutánea, lo más recomendable es que esta se administre en un centro sanitario para poder hacer frente de manera rápida a las posibles reacciones adversas, ya que estas son más frecuentes y severas cuando se recurre a esta vía de administración. De esta forma, el paciente debe esperar en el recinto alrededor de media hora después haber recibido la inyección y debe abstenerse de hacer esfuerzos o movimientos bruscos en las horas siguientes.

Por el contrario, las vacunas sublinguales tienen un perfil más alto de seguridad, así que en estos casos son los propios pacientes los que inician y siguen la pauta en su domicilio. En este caso, hay que insistir al paciente en la necesidad de que siga el tratamiento tal y como le indica el especialista, ya que la falta de supervisión incrementa el riesgo de incumplimiento terapéutico.

Por regla general, en una primera fase, la dosis del alérgeno va incrementándose progresivamente. En la segunda, la dosis se mantiene estable y se administra en intervalos regulares durante un periodo de entre tres y cinco años como especie de recordatorio a criterio del alergólogo. En el caso de las alergias a pólenes, es frecuente la interrupción del tratamiento para reanudarlo en la siguiente temporada después del periodo de polinización.

Debido a diferentes factores, la incidencia de las alergias ha ido en aumento en los últimos años. Es recomendable acudir a un alergólogo que valore cada caso de manera individual, ya que es frecuente que los pacientes que debutan con una alergia reaccionen a más de un elemento, una circunstancia que condiciona el tratamiento.